“Yo no soy un asesino, no tiré a matar, fue una desgracia”, declaró el imputado, Oscar Ichoust

Agencia Santa Rosa – ‘Nunca pensé que podía hacerle daño a alguien. Yo saqué la mano por la ventana y tiré sin apuntar’, se defendió Oscar Ichoust, imputado por el crimen del adolescente Cristian Azcona, ocurrido en un confuso hecho a fines de 2009
Ayer se realizó la primera audiencia del juicio oral y público, en un ambiente cargado de tensión y donde el tribunal debió contener con la policía a la madre del menor, quien en un momento de la declaración del homicida reaccionó indignada y al grito de ‘asesino’ le reprochó airadamente por haberle ‘partido el corazón de un disparo’ a su hijo.

Finalmente ayer y luego de varias postergaciones, comenzó a desarrollarse el proceso oral contra Oscar Ichoust, de 62 años, quien está imputado por el delito de homicidio simple, al haber dado muerte de un certero disparó al corazón al menor de 13 años Cristian Azcona, cuando éste estaba en un mural de su vivienda, ubicada en la calle Telén y Unanue, en el Barrio Villa Parque de esta ciudad.

El ambiente fue tenso durante toda la jornada, inclusive el tribunal debió disponer de una custodia a la madre del menor, María Lucero, ya que en un momento de la declaración del imputado se indignó por el modo en que se estaba refiriendo a la muerte de su hijo. La mujer, enojada, le gritó ‘asesino’ en varias oportunidades e intentó acercarse al hombre, por lo que debió ser contenida no sólo por su abogado, Nicolás Romano, sino por dos efectivos que había en la sala. En el sector del público la situación no era más relajada, y también la policía debió retirar a un hermano de la víctima, quien salió de la sala gritándole a Ichoust que ‘el que las hace las paga’.

‘No soy un asesino’

El 28 de noviembre de 2009, Sonia Tarquini escuchó ruidos en el techo de su habitación y se asomó a la ventana, donde alcanzó a distinguir dos siluetas. ‘Aterrada’ llamó a su esposo, Oscar Ichoust, que dormía a su lado. El hombre se levantó, fue a una cajonera, tomó una pistola calibre 22, se acercó a la ventana, sacó el brazo y disparó ‘al aire’. Esta es la versión del imputado. Ese disparo supuestamente efectuado al aire, dio de lleno en el corazón del menor Cristian Azcona, quien estaba sobre el dintel del portón del garaje.

Ichoust aceptó prestar declaración y ratificó esta versión. Dijo que se trató de ‘un hecho lamentable para las dos familias’ e intentó suavizar su crítica posición remarcando que ‘me tocó a mí como le podría haber tocado a cualquier otro’.

En su versión de los hechos, dijo que aproximadamente a las 3 y media de la madrugada su mujer lo despertó porque había escuchado ruidos en el techo y que ‘sobresaltado -porque era la segunda noche consecutiva que extraños merodeaban en su vivienda-, en milésimas de segundos y sin pensar en nada fui a un chifonier, agarré el arma (Tala calibre 22), me acerqué a la ventana, saqué la mano y tiré sin apuntar, al aire. No pensé que podía hacerle daño a alguien’, expresó.

‘Yo saqué la mano (por la ventana) y tiré, sin mirar. Si hubiera querido matar a alguien hago 5 o 6 disparos al techo, que es de chapa y es donde se sentían los ruidos’, dijo, e insistió una y otra vez que ‘mi intención no era matar a nadie, los que me conocen lo saben y cómo será así que una vez por esquivar a un perro me choqué un auto’, deslizó en su defensa.

Aseguró que después de realizar el disparo se reunió en la sala con sus hijos y su mujer, pensando que no había pasado nada, pero a los pocos minutos escuchó movimientos y gritos que venían de la vereda (adonde había caído el chico baleado). En ese momento una de sus hijas se asomó por el portón y vio que el herido era Cristian Azcona, a quien conocía del barrio.

Contó que la gente quería entrar a su casa ‘para matarnos a palos o no sé qué’, por eso nadie salió hasta que llegó la policía. Dijo que él mismo había llamado a la ambulancia, pensando que el chico podía estar herido.

También declaró que en un primer momento decidió con su esposa que ella se hiciera cargo de haber hecho el disparo, para poder quedarse él en la casa con sus hijos y ‘protegerlos’.

‘Yo no soy un asesino. No tiré a matar, por eso digo que es una tragedia para mi familia y la de Cristian, pero bueno ahora ya está’, dijo y ese comentario provocó la indignación de la madre de la víctima, quien airadamente le reprochó: ‘qué fácil es decir ya está, asesino, si le partiste el corazón a mi hijo’.

Luego del incidente, Ichoust afirmó que al arma la tenía desde hacía unos tres meses y que le había sido entregada por su madre, como herencia tras la muerte de su padre. ‘Estaba cargada y guardada en un lugar que sólo yo sabía. Nunca pensé en usarla contra nadie’, indicó.

Argumentó que los robos en su casa ‘eran constantes’, y para justificar su versión, insistió en que no se asomó por la ventana, sino que sólo sacó la mano por una rendija. Además afirmó que sin lentes de contacto ‘no veo nada’ y que el tiro fue al aire, para ‘darles un escarmiento. Para asustarlos y que no vuelvan más’.

‘Que se salve, que se salve’

También ayer declaró Sonia Tarquini, concubina de Ichoust, y quien esa trágica noche de noviembre de 2009 fue la que escuchó los ruidos en el techo de su habitación y avisó a su marido de que había ‘dos siluetas en cuatro patas’ arriba de la media sombra. Dijo que estaba ‘aterrada’ por la presencia de los extraños y que después de despertar a su marido ‘me quedé sentada inmóvil en la cama. No vi qué movimientos hizo, sí escuché el cajón de la cajonera y el estruendo del disparo’.

La mujer, que se quebró al recordar que el cuerpo sin vida era de Cristian, a quien conocía del barrio y que incluso había asistido al cumpleaños de su hija, dijo que ella acordó con su marido hacerse cargo de la autoría del hecho para que Ichoust se quedara protegiendo a sus hijos. ‘Me adjudiqué el disparo para que los chicos se quedaran con su padre’, declaró y dijo que cuando era trasladada por un patrullero a la Seccional lo único que decía era ‘que se salve, que se salve’.

‘El recuerdo de lo que pasó lo voy a llevar hasta mi muerte, porque Cristian murió’, dijo apesadumbrada la testigo, quien en otro tramo aseguró que no le constaba que entre el muchacho y una de sus hijas existiera alguna relación amorosa, como dieron a entender otras personas que declararon en la causa.

Otro testigo importante y de quien se esperaba más, fue Diego Rivero, el joven que la noche del hecho había acompañado a Azcona hasta la casa de Ichoust. Contrariamente a lo que había declarado en la etapa de instrucción, dijo en esta oportunidad que nunca supo por qué la víctima fue a ese domicilio y que él no trepó al techo de la vivienda, sino que se quedó sentado en el cordón de la vereda.

Declaró que tras el disparo, Azcona ‘se cayó (de arriba del portón), se levantó y volvió a caer. Me dijo que no daba más. Después salió el señor (por Ichoust) y me dijo que lo dejara ahí porque si no me iba a pegar un tiro a mí también. Tenía el arma en la mano’.

Rivero en la instrucción había dado otra versión, pero ayer aseguró que ‘lo que digo ahora es la verdad, en la otra declaración me pusieron nervioso’.

Miopía y astigmatismo

Luego fue el turno de los peritos. El más importante para la defensa fue el de la oftalmóloga Nora Rosales, quien aseguró que Ichoust, por su alta miopía y astigmatismo, no puede distinguir a la distancia más que ‘bultos’, falta de visión que se agrava con la oscuridad. Para graficar esto, indicó que a los dedos de una mano sólo los distingue a una distancia de 50 centímetros. Consultada por el abogado Mario Aguerrido, defensor del imputado, la profesional aseguró que en la oscuridad y a través de una media sombra (como la que había en el patio de la vivienda y que se interponía entre él y el chico baleado) era muy difícil que distinguiera un bulto o movimiento.

También declaró el médico forense Juan Carlos Toulouse, quien brindó detalles de la herida y la trayectoria del disparo. Dijo que el proyectil entró en forma oblicua a la altura del quinto espacio intercostal y desgarró el corazón. Aseguró que Azcona murió por ese disparo y no por la caída de cabeza posterior.

Otros testigos que aportaron poco al debate fueron el policía Daniel Noguera y Edgardo Reinhart, y un amigo de la víctima, Alejandro Alvarez. La segunda audiencia está prevista para la jornada de hoy, a partir de las 9.

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