Asesino a los 12: el crimen de un chico a manos de su compañero de escuela

Asesino a los 12: el crimen de un chico a manos de su compañero de escuela
Su confesión horrorizó a toda la sociedad. Dijo que no tuvo otra opción porque "estaba cansado". Pasaron casi seis años y continúa bajo asistencia psiquiátrica.
El próximo 27 de septiembre se cumplirán seis años del asesinato de Agustín Esteche, un jovencito de 13 años cuyo crimen, sin precedentes, sacudió a la localidad de Ituzaingó porque el responsable fue su compañero de escuela, otro chico de apenas 12. En un primer momento, el niño inventó la historia de un intento de robo, pero luego se quebró y horrorizó a todos al revelar que planeaba todo desde hacía meses porque "estaba cansado de las cargadas" que le hacía la víctima.

El hecho continúa siendo un tema sensible en ese lugar distante a más de 200 kilómetros de la Capital. Hasta hoy, nadie logró entender cómo es que un pequeño calificado de "alumno ejemplar", pudo haber sido capaz de cometer un crimen de esa magnitud y luego actuar con total frialdad hasta que lo descubrieron.

Para los especialistas sin embargo, una serie de factores entre los que sobresalían el acoso escolar y la falta de contención, derivaron en esta tragedia donde no hubo una, sino dos víctimas: el chico fallecido y el precoz criminal que continúa recibiendo asistencia psiquiátrica.

Los protagonistas de este lamentable caso que fue seguido de cerca por medios de todo el país, cursaban el séptimo año, segunda división, del EGB 3 en la escuela Juan Bautista Alberdi. Se habían conocido recién entonces, ya que Agustín era repitente, mientras que su victimario venía del sexto grado donde había sido abanderado.

Los profesores y directivos de la escuela tenían muy buenos conceptos de ambos y en especial del segundo, que por su promedio de 9.15 y su conducta "intachable", figuraba en el cuadro de honor.

Según los testimonios de algunos compañeros y docentes, entre los dos había muy poca relación, a pesar de que estaban en el mismo curso. Sin embargo, las propias palabras de Eugenio ante los peritos psiquiátricos contradicen estas versiones. El chico dijo que era el blanco permanente de las burlas de su compañero y que fue por eso que decidió asesinarlo. "Tenía que matarlo, me tenía cansado...", habría confesado. Incluso una tía de Agustín llegó a reconocer que era "bastante travieso, aunque no era para que se llegue a ese extremo".

SANGRE FRÍA

Eugenio preparó todo para deshacerse de su "problema". Semanas antes del crimen, había cavado un pozo en su patio y consiguió una bolsa grande para cubrir el cuerpo. Finalmente su oportunidad llegó con un trabajo práctico de Tecnología. Y simulando limar asperezas en su relación, le propuso a Agustín juntarse para terminarlo.

Todo ocurrió entre las 17 y las 17.20 de ese fatídico jueves 27. La joven víctima golpeó en la casa céntrica y el chico lo recibió y lo hizo pasar. Estaba sólo como de costumbre, y ambos fueron hasta el cuarto donde estaba la computadora. Esteche quedó jugando porque su compañero le dijo que iba a buscar los apuntes. Fue lo último que oyó.

A los pocos segundos, la víctima recibió un puntazo mortal en el cuello. El ataque fue a traición y el arma, un cuchillo de 18 centímetros de hoja que los policías encontraron después sobre un frezzer.

La lesión fue mortal, Agustín intentó correr y pedir ayuda pero cayó fulminado cerca de la entrada de la casa. El regadero de sangre no estaba previsto en el "plan" y por eso Eugenio cambió de estrategia. Salió corriendo, cruzó la calle y buscó a sus abuelos para contarles que un "hombre encapuchado había ingresado por el patio y mató a su compañero".

Fueron las mismas palabras que repitió esa tarde a los policías que llegaron. Sin embargo poco duró la mentira. Los rastros de sangre, el cuchillo, la bolsa y el pozo en el patio, generaron serias dudas en los investigadores, que volvieron a preguntarle una y otra vez al chico, cómo había ocurrido el crimen.

Eugenio comenzó a dudar y a contradecirse a tal punto que lejos de todo lo esperado, hizo la aterradora confesión que causó el estupor generalizado. Incluso las autoridades que intervinieron en el caso, se vieron sorprendidas frente al asesinato, cuyo responsable era absolutamente inimputable.

En la pequeña ciudad lo denominaron "monstruo" y todos coincidían en que lo querían lo más lejos posible. A los pocos días la jueza de Menores de Corrientes, Rosa de San Lorenzo, ordenó su traslado a la Capital para someterlo a una serie de estudios. De ahí, la familia se mudó a Buenos Aires, donde Eugenio continúa hasta hoy bajo asistencia psiquiátrica.

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