Hace dos meses la relación entre el intendente y la gobernadora casi se quiebra. Ese fue el punto de inflexión y hoy, sin los flashes de las cámaras, los equipos de ambos trabajan de manera más fluida.
"La ventaja que tiene Carlos es que María Eugenia lo quiere, le tiene aprecio”, confesó un hombre que supo ser del riñón de Arroyo cuando la relación entre el jefe comunal y la gobernadora María Eugenia Vidalpintaba compleja. Esa premisa no protegió al intendente y aquel idilio que pudo existir en un momento se hizo pedazos; solo quedaron broncas y reproches.
El punto máximo de tensión se dio a principios de abril, cuando el jefe comunal viajó hasta La Plata para participar de una jornada con más de 60 intendentes, en la que la gobernadora anunció fondos para los municipios. Después de aquella foto multitudinaria, Vidal se llevó a Arroyo a su oficina y junto con el ministro de Gobierno Federico Salvai, tuvieron una tensa charla durante casi una hora.
En esos días, la gobernadora escuchaba susurros al oído que le recomendaban “soltarle la mano” al intendente de Mar del Plata, queatravesaba su peor momento político y cada vez salpicaba con más fuerza a los gobiernos provincial y nacional. Otros, más prudentes, le sugerían que no lo hiciera, que la caída de un jefe comunal de un municipio tan importante como General Pueyrredon traería consecuencias inevitables que era preferible no atravesar.
Aquella tarde en la Gobernación Vidal le planteó al jefe comunal que no podía seguir gobernando de esa manera y le reclamó que aceptara los ofrecimientos de ayuda que bajaban de la Provincia y la Nación.
Hoy, esa relación tirante que se vivió apenas dos meses atrás, ya mutó a un vínculo más cordial. Una muestra clara es que la gobernadora comenzó a venir más frecuentemente a Mar del Plata, como lo hizo este miércoles para participar de un encuentro de evangelistas.
En el gobierno provincial ven que Arroyo cambió algunas maneras que trababan las posibilidades de gestionar de mejor forma la ciudad. Y, por sobre todo, salió del atosigamiento que en un momento vivió con un sinfín de problemas delante de la nariz: paro de recolectores, de municipales, acampe de cooperativas, marcha de organizaciones sociales y salidas escandalosas de funcionarios.
“Lo vemos mejor, sin el desborde que se lo veía tiempo atrás”, confió una fuente provincial a este medio, tras charlar este miércoles con Arroyo.
El cambio no solo fue del jefe comunal. Su gabinete, que mutó de varios nombres desde el 10 de diciembre hasta hoy, también cambió la actitud. Ya lograron la suficiente solidez y el entendimiento de lo que implica una gestión para no depender cien por ciento de lo que Arroyo diga.
“La decisión final es del intendente, pero ahora ya se saben los caminos y los mecanismos para poder avanzar con determinados proyectos”, se atajan en el entorno de Arroyo. ¿Cuáles son esos mecanismos? Son simples: en esta gestión provincial y nacional esperan que los municipiosvayan a golpear la puerta con proyectos resueltos.
“Si vos vas a La Plata a decir que tenés problemas con las cooperativas, lo más probable es que te vuelvas sin ninguna respuesta, porque problemas tienen los 135 intendentes. Pero si vas a La Plata y decís que tenés problemas con las cooperativas y llevás un proyecto para solucionarlo hay muchas más chances de que se resuelva”, graficó una fuente bonaerense.
Si bien este miércoles no hubo foto entre Arroyo y Vidal (la conferencia de prensa fue en el Hotel Provincial de Aldrey Iglesias y eso podría haber sido un factor decisivo) lo cierto es que la relación entre ambos mandatarios mejoró sensiblemente puertas adentro, algo que en otros tiempos se ocultaba con fotos sonrientes. Hoy, la soga que estuvo a punto de cortarse por el nivel de tensión comienza a ceder y le da más aire al jefe comunal.



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