El delfín de Uribe obtuvo la votación más alta en la historia electoral del país con un 68.79% de votos frente a los 27.80% del líder del Partido Verde, Antanas Mockus
Santos, quien como ministro de Defensa de Uribe logró los mayores éxitos militares contra las izquierdistas Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), y mantuvo una sólida política económica en su cargo de Ministro de Economía, venció al candidato del Partido Verde, Antanas Mockus, que no logró remontar lo votos de la primera vuelta.
Al cierre de esta edición y con el 98,36% de las mesas de votación escrutadas, el delfín uribista lograba un 69% de los votos frente a un 27,57% de Mockus. Así, Santos obtuvo la votación más alta en la historia electoral de Colombia, superando a la que consiguió Uribe cuando fue elegido y reelegido en el 2002 y el 2006 (53% y 62% respectivamente).
Casi 30 millones de personas estaban habilitadas para sufragar, pero finalmente la abstención superó el 60% por las lluvias en casi todo el país y el Campeonato Mundial de Fútbol que concentró la atención de millones de colombianos. Sin embargo, Santos logró la aplastante victoria, interpretada por analistas como un respaldo a la continuidad del gobierno de Uribe, pese a los escándalos de corrupción, de ejecuciones extrajudiciales que mancharon su gestión en los últimos meses.
En otro sentido, la jornada se desarrolló con algunos hechos de violencia –10 uniformados y seis guerrilleros murieron en emboscadas y combates en distintos puntos del país–. Pese a los incidentes registrados, estas elecciones son las más pacíficas que celebra Colombia en los últimos 30 años.
Desafíos
Santos asumirá el poder el próximo 7 de agosto con el desafío de reducir el desempleo de más del 12%, uno de los más altos de AméricalLatina, y combatir la pobreza en la que vive más de la mitad de la población.
“Trabajo, trabajo y más trabajo”, prometió Santos en la campaña en un país que también reclama cobertura del sistema de salud, educación, vivienda y obras de infraestructura. Aunque el tema de seguridad pasó a un segundo plano en la campaña ante las demandas sociales, el presidente electo tendrá que seguir luchando contra las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FARC), ya debilitada, pero aún con una fuerte presencia en zonas selváticas, claves para la producción y el tráfico de cocaína, su principal fuente de financiación.


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