El senador por Mendoza estuvo ayer de campaña en Villa Carlos Paz. Dice que le gustaría competir por la primera magistratura con Cristina Fernández.
Por la mañana, el precandidato llegó puntual a la conferencia convocada en el hotel Los Sauces y se sentó al lado del intendente, Carlos Felpeto, y del presidente del Comité Provincia, Anselmo Bruno. En la mesa también estuvieron el legislador Miguel Nicolás y el intendente de Río Tercero, Luis Brouwer de Koning.
–¿Cómo tomó la decisión de meterse en la interna entre Cobos y Alfonsín?
–Mi partido está en un proceso de transformación muy fuerte. Tiene que tener varias opciones y ser capaz de ensanchar su base electoral. Tiene que salir a captar un electorado que es muy importante y también tiene que ver con que después de la muerte de Néstor Kirchner las cosas han cambiado. Antes de la muerte de Kirchner se hablaba de tres tercios en el electorado y ahora se está quedando rezagado el Peronismo Federal. Entonces yo veo dos grandes modelos que van a competir: el del Gobierno, que ya conocemos y que es un modelo de poder mucho más que un modelo de país. Y por el otro lado, lo que estamos construyendo nosotros. La cosa va a ser así y el radicalismo será el eje de una convocatoria que comprende a varios espacios. Hay dos terceras partes del electorado que están esperando una propuesta y la construcción de una nueva mayoría para un gobierno nuevo, distinto, transformador y que se haga cargo de las cosas buenas del pasado. No soy de los políticos fundacionales que creen que la historia empieza cuando uno llega. Hay que hacerse cargo de las cosas buenas que deja este gobierno, pero también hay muchas cosas negativas. Asumí la responsabilidad de la candidatura porque me parece que hay necesidad de que alguien hable de las cosas de las que estoy hablando yo: de la seguridad ciudadana y del orden democrático. No hay que tenerle miedo al orden democrático, al orden del estado de derecho generado por una sociedad democrática a partir de leyes para establecer relaciones de tranquilidad y de paz social. Un gobierno debe encargarse de aplicar y asegurar esa ley. Quiero hablar de volver al estímulo del esfuerzo, al tiempo del mérito.
–¿Cuáles son los desafíos de Argentina en 2011?
–Lo más desafiante es que en paralelo a los problemas tiene oportunidades que son mucho mayores que los problemas. Yo quiero ser presidente para poder resolver esos problemas, pero fundamentalmente para aprovechar esas enormes oportunidades. Y veo a la Argentina maniatada, presa de una conflictividad permanente, de una situación política, institucional y social llena de atajos, de contradicciones, de temores, de desconfianza. Y el gran debate es si somos capaces de desatarnos esos nudos, de dejar atrás todos esos temores y pegar ese salto cualitativo que nos permita aprovechar las oportunidades. Cuando uno mira alrededor, los países vecinos han aprovechado las oportunidades y no les va mal. Tienen el mismo o más crecimiento que nosotros, no tienen inflación, pueden superar la brecha de desigualdad social mucho más fácil que nosotros, se proyectan al mundo con nuevos mercados. Hablo de países como Brasil, Chile y Uruguay, y creo que Argentina tiene ese enorme cometido.
–¿Lo más preocupante?
–El tema de la inflación, porque ataca a los sectores más desprotegidos, del que recibe un programa social del Gobierno y éste no tiene una cláusula de ajuste. Hemos articulado en nuestro programa uno de los puntos centrales que pretendo instalar y es sobre cuál es la herramienta para superar esa brecha de desigualdad. En el Gobierno han apostado al asistencialismo. Creo que algunos programas son valiosos pero no son para siempre. Sirven para el mientras tanto. La Argentina está ante un problema cuando uno ve los índices de pobreza y desigualdad, índices que no hemos podido revertir. La herramienta que está olvidada y que es la que hay que poner sobre la mesa es la educación, la única vía para superar la brecha de desigualdad.
–¿Con quién le gustaría competir en las generales si llega a ganar la interna?
–Con Cristina. Porque tengo una asignatura pendiente de cuando ella era senadora y era referente en temas institucionales del bloque del oficialismo y yo lo era en el bloque de la oposición. Y tuvimos debates memorables por los superpoderes, por el Consejo de la Magistratura… Y cuando ocurría esto dije que el eje central de debate, la advertencia que hacíamos al oficialismo, era que todas esas reformas no iban a ser inocuas en el sistema institucional argentino. Decíamos que esa baja de calidad institucional iba a repercutir negativamente en la imagen del país y en la economía, generando desconfianza. Yo quisiera dar este debate ahora, cuatro o cinco años más tarde, porque no nos equivocamos.





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