Es un trabajador de 33 años. Tiene varios órganos dañados. Su novia, con quien hablaba por teléfono, escuchó los gritos cuando lo atacaban. Familiares y amigos piden Justicia.
Familiares y amigos de Enrique Omar Tajano, de 33 años, dialogaron ayer con época para pedir públicamente el esclarecimiento del caso con la consecuente detención de los malvivientes, quienes serían dos adolescentes de 16 y 17 años hasta el momento prófugos.
Este matutino sacó a la luz el caso varios días después de sucedido. En su edición del viernes 30 de agosto, basado en fuentes policiales, mencionó algunos pormenores e incurrió en el error involuntario de afirmar que el estado de salud de la víctima no revestía gravedad, cuando en realidad su vida pende de un hilo.
El asalto sufrido por Tajano tuvo como escenario a la esquina de Sargento Cabral y Gobernador Gallino, a poca distancia de su casa.
Alrededor de las 23:30 de aquel día, Enrique volvía desde el centro de la ciudad. Había terminado de trabajar en un instituto de gastronomía situado cerca de la peatonal Junín y Catamarca.
Mientras caminaba solo a su domicilio hablaba telefónicamente con su novia hasta de repente ser blanco del asalto cometido por al menos dos delincuentes que lo sorprendieron desde atrás.
La pareja de Tajano, sin saber qué sucedía, escuchó vía celular algunos gritos. Y segundos después nada más que silencio hasta transcurridos un par de minutos oír la voz de una mujer (luego se supo que era una policía) pidiéndole a Enrique que tratara de sostenerse una ropa sobre el abdomen para frenar la hemorragia.
Los asaltantes robaron una campera, dinero y un manojo de llaves. Mientras una mochila y el resto de los objetos que llevaba la víctima no pudieron sacárselos puesto que se habría resistido.
“Dormido”
Desde su ingreso al Hospital Escuela Tajano jamás volvió a hablar. Asistido por un respirador automático suman 17 los días que lleva dormido, bajo un pronóstico médico no muy alentador. Las puñaladas dañaron el hígado, intestino y la vena cava, lo cual produjo que perdiera 4 litros de sangre y llegara a ese establecimiento, literalmente hablando, vivo sólo por obra y gracia de Dios.
“Mi hijo está delicado. Necesitamos que esto no quede en la nada; la Policía tiene que detener a los delincuentes. Hay testigos que no quieren hablar por miedo. En el barrio saben quiénes fueron; son de ahí, vecinos”, dijo Julia, madre de Enrique.
¿Investigación?
Debido a una razón de jurisdicción en el caso intervino la comisaría Sexta, donde un adolescente de alias “Bagre” estuvo algunas horas demorado. No sería uno de los autores aunque formaría parte de la pandilla de los agresores.
Desde la fuerza de seguridad se excusan en que necesitan “la versión de la víctima”, sin tener en cuenta que no pudo volver a despertar y su vida corre serio peligro. Nadie indagó en el barrio y hasta sobrevuelan sospechas de que los presuntos responsables del asalto tendrían “parientes policías”.
Hay puntos que hacen pensar, a esta altura, en una ¿investigación? al menos deficiente. Mientras, los delincuentes siguen libres.
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