El anhelo del ferrocarril y los grandes proyectos que necesita la provincia

 El anhelo del ferrocarril y los grandes proyectos que necesita la provincia
Jujuy parece encaminarse hacia la posibilidad de gestionar, en el mediano plazo, la construcción, por concesión, de la línea ferroviaria Abra Pampa - Calama, a través de Jama.
Esta aventura, que se inició con un proyecto audaz que presentó Guillermo Snopek en el Congreso de la Nación en el año 1995 meses antes de ser gobernador, fue reimpulsado por el titular del Ejecutivo, Walter Barrionuevo, hace unos años, y en este tiempo tuvo diferentes adhesiones que hacen más viable su ejecución.

La más importante se obtuvo recientemente en la Reunión de Intendentes Chilenos y Gobernadores Argentinos de la Frontera Común que se llevó a cabo en Santiago de Chile, donde se acordó dar cumplimiento a la Ley 24.582/95, que establece la necesidad de construcción de ese tendido ferroviario.

Esta decisión infiere, al mismo tiempo, tres consecuencias inmediatas. En primer lugar, un fuerte respaldo institucional a una iniciativa que, por esa cosas de la vida política, había quedado en el baúl de los recuerdos. La cuestión es que mientras ese tema permanecía en el ocaso, otras provincias, como Salta, avanzaron en nuevas formas de conectividad fronteriza que la posicionaron de manera distinta ante la nuestra. Por eso es que vale remarcar que en poco tiempo se pudo recuperar el terreno perdido y lo que antes parecía una idea añeja, hoy vuelve a ocupar un lugar central en la agenda binacional. Si hasta los embajadores del ambos países y el ministro de Planificación Federal, Julio De Vido, vieron con buenos ojos esta iniciativa.

En segundo lugar, se confirmó la idea de que con el Paso de Jama exclusivamente no alcanza. El crecimiento del mercado internacional y la complejidad del comercio exterior precisan de herramientas complementarias que faciliten las oportunidades de desarrollo y despegue. Así, por los costos, el ferrocarril se sostiene como una alternativa rentable en el largo plazo. Es más, ya habría inversores españoles interesados en llevar adelante la obra y no porque quieran transportar la carga de Jujuy (acotada en términos generales), sino porque a través de ese canal pueden acceder a la producción, mayúscula, del sur de Brasil y Bolivia. Así las cosas, el futuro de Jujuy parece estar más ligado al desarrollo de la región surandina que al puerto de Buenos Aires, históricamente hostil con este punto del país. Pregunta ineludible: ¿Seremos capaces de mantener este razonamiento regional en los próximos años, ante la dura mentalidad centralista que marcó la historia argentina, especialmente en el interior?

En tercer lugar y quizás el punto más importante, tiene que ver con el tipo de proyectos que necesita Jujuy para ilusionarse con un futuro más inclusivo. En los últimos años, se habló, con insistencia, de llegar a ser autosuficientes económicamente. Un anhelo que, más allá de las palabras, necesita de medidas específicas para concretarse.

En este punto, vale el siguiente planteo: Si el propósito que todos los candidatos seguramente expresarán en la campaña será vivir en un Jujuy que no dependa tanto del Estado, ¿de qué manera piensan llevarlo adelante? Una cosa son las expresiones de deseo, los juegos artificiales, y otras las iniciativas concretas. Ya no alcanza con pequeños actos de entrega de subsidios, computadoras o financiamiento a emprendimientos sectoriales. Esas son acciones de vida efímera y coyuntural. No hacen al nudo central de la cuestión y las grandes decisiones que demanda Jujuy para generar una gran expectativa colectiva. Vale aclarar que son necesarias, desde luego, porque un ciudadano o ciudadana es siempre el beneficiado, pero el tema de fondo es cómo lograr sustentabilidad y proyectos globales inclusivos. Cualquier acción fuera de esa premisa, queda encajonada en la categoría de “pequeñez”, muy similar a algunas formas de hacer política que se vivieron en el siglo pasado. Hoy los tiempos y las demandas son otras y más exigentes.

Los grandes dirigentes y políticos de la historia no accedieron a formar parte de la memoria colectiva solo por hacer pequeñas cosas que cualquier mortal podría realizar ocupando lugares de decisión. Por el contrario, los grandes dirigentes lograron adquirir su condición de imprescindibles, porque fueron capaces de romper moldes, hacer posible lo imposible, cambiar de mentalidad y actitud, y hacer creer a una sociedad que todos los cambios son producto de la convicción y el trabajo.

En este nuevo tiempo del país y Jujuy, la mayor ilusión de la sociedad que esos dirigentes recojan el desafío de cambiar de paradigma, cruzar la frontera de lo posible y levantar, aún más, la varillas de las cosas que esta provincia necesita para consolidarse como tal. No estamos hablando de mensajes grandilocuentes vacíos de contenido, sino de convencerse de que Jujuy precisa de actitudes realmente transformistas para hacer potable aquello que es medular en la política: la búsqueda del bien común.

No ser así, solo quedará en la mesa de balance, el cumplimiento efectivo de algunas pautas de gobierno, ensombreciendo los grandes planes y proyectos, por lo general condenados reposar en una vieja caja de archivo.

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