Politólogos y economistas advierten que se avecina un “fin de ciclo” del Gobierno nacional y del modelo. Señalan que se inició la carrera con vistas a 2015 y en materia económica vaticinan más impulso al consumo, pero con inflación.
Con 5.912.141 de votos el oficialista FpV alcanzó un 26,31% de los sufragios. Un resultado muy por debajo de los 11.865.055 de votos (54%) obtenidos en las elecciones presidenciales y, al mismo tiempo, un reflejo cabal de la envergadura de los cambios políticos en marcha.
De hecho, el gobierno nacional perdió en las primarias del domingo casi la mitad de los votos obtenidos en las últimas elecciones nacionales.
Fue derrotado por amplio margen en los principales distritos electorales del país. En la estratégica provincia de Buenos Aires obtuvo apenas el 29,65 %, menos de la mitad del 62% logrado en 2011 por la candidatura presidencial.
En la Capital Federal, el FpV quedó tercero con un 18.9%, en Córdoba cuarto con apenas el 10,8%, en Santa Fe tercero con un 21.0 % y en Mendoza segundo con apenas 26,5. En distritos estratégicos como la provincia de Santa Cruz, la UCR casi lo duplicó con 44,1% a 26.5 %. En Chubut, el ex Gobernador Das Neves lo apabulló con un 46,6% a 28.4. El frente oficialista retrocedió incluso en distritos donde era impensable un traspié electoral. Tales, por ejemplo, los casos de Catamarca, San Juan, La Rioja y el hasta el momento inexplicable caso de Jujuy, donde la sombra de las irregularidades vuelve a empañar el escrutinio.
Muchos de los gobernadores más destacados de la camada actual, todos ellos presidenciables retrocedieron entre 20 y 30 puntos planteando dudas respecto de la continuidad de sus proyectos políticos futuros. Tales los casos de San Juan, Tucumán, Chaco, Misiones, Salta o Entre Ríos.
Si se excluye el caso extraordinario de Santiago del Estero donde Gerardo Zamora volvió a alcanzar el 70% obtenido en el año 2011, todos los distritos experimentaron una fuerte erosión en los apoyos electorales de que hasta ahora gozaba el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner. El gobierno nacional suministró además una nueva evidencia en contra de las explicaciones economicistas del comportamiento electoral. El FpV perdió las elecciones no solo en las provincias bendecidas en los últimos años por el “tirón” de la soja. Fue derrotado también en las provincias petroleras, todas ellas en situación de pleno empleo y con el mayor PBI per Cápita, como Chubut, Santa Cruz y Neuquén o las provincias mineras como Catamarca, La Rioja o San Juan, distritos todos beneficiados por una combinación de inversiones externas, regalías, subsidios y expectativas ciertas de desarrollo futuro.
Frente a la explicación de que el oficialismo conserva un 25% del electorado nacional ante una oposición fragmentada, habrá que reparar en el hecho de que un 75% del electorado nacional votó contra el oficialismo. Si bien el grado de fragmentación del voto opositor no amenaza todavía su papel de primera fuerza nacional, los datos de las Primarias certifican los peores escenarios predictivos, sugeridos desde ya por las primeras encuestas post electorales.
En la hipótesis de una posible segunda vuelta presidencial, el oficialismo sin candidato visible por ahora, dada la imposibilidad de postulación de la Presidenta- perdería hoy las elecciones en casi todas las hipótesis de competencia que pueden hoy por hoy llegar a plantearse.
Datos clave
La principal clave del resultado de las elecciones primarias está, sin duda, en la fuerte reacción pública frente a algunos de los aspectos centrales de la política nacional, incentivada a su vez por las dificultades crecientes del gobierno para sobrellevar la cadena de escándalos políticos de los últimos meses. Siete de cada diez argentinos cuestionan la política económica y juzgan que el gobierno ha perdido el control de la economía y de las áreas más importantes de la gestión gubernamental inflación, seguridad ciudadana y el resto de las áreas sociales-.
El conflicto con la justicia, la crisis energética, la inseguridad ciudadana y el descontrol del proceso inflacionario han redundado en severos costos políticos, capitalizados en el plano electoral por sus adversarios.
La frustración del proyecto re-reeleccionario obligó a muchos referentes del primer kirchnerismo a acelerar su ruptura con el gobierno. En la medida en que el proceso sucesorio ha quedado abierto, figuras como el ex Jefe de Gabinete Sergio Massa se vieron forzados a la ruptura. El gobierno, a su vez, no supo, no pudo o no quiso retener a Massa y a una veintena de nuevas figuras de la política local hasta no hace mucho integrantes de la elite política del 2011.
La sucesión del ciclo Kirchner ha quedado abierta y los resultados del 11 de agosto muestran un mosaico de orientaciones y realineamientos que afectara cualquier posibilidad de auto reproducción del movimiento en el poder desde hace ya diez años. Con más de 3 millones de votos obtenidos todos en el distrito Buenos Aires- el Frente Renovador, liderado por Sergio Massa e integrado por muchas de las figuras centrales del primer gobierno Kirchner ha quedado así situado como segunda fuerza política argentina, desplazando al FAP y a la UCR.
Las elecciones primarias representan una imagen anticipada aunque no irreversible del proceso que culminará el próximo 27 de octubre.
A diferencia de lo que ocurrió con la primera experiencia del nuevo régimen electoral en el año 2011, los resultados actuales distan de ser definitivos. Cabe sin embargo esperar que los realineamientos en marcha se profundicen y que en los próximos dos meses de campaña se produzcan nuevas sorpresas, del tipo de las ocurridas el 11 de agosto en casi todas las provincias argentinas. El espacio hasta no hace mucho hegemónico del peronismo ha comenzado a fragmentarse, de un modo probablemente irreversible.
Experimenta una mutación profunda, impulsada por nuevos liderazgos, estilos y estrategias competitivas. La fase final y definitiva de la campaña ha comenzado y sus resultados finales distan todavía mucho de haber cristalizado. Un nuevo cuadro de actores avanza hacia el primer plano de la competencia política, en el contexto de una agenda política nacional también nueva. La política tiende así a acelerar vertiginosamente sus ritmos y tiempos de evolución. En algo más de un mes, el paisaje político se ha modificado de un modo sustancial y nadie puede prever a ciencia cierta su fisonomía definitiva hacia el futuro.



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