La actriz es la protagonista del primer capítulo de Amores de historia. Junto a Gonzalo Heredia, lleva adelante una trama delicada que recupera los sucesos de la Carpa Blanca.
Mariano D' Andrea.
Todo comenzó con un llamado de los productores a mi casa. Yo en ese momento estaba sin representante... No, esperá. No fue así", se retracta, divertida, Soledad Silveyra. Y sigue contando la historia: "Yo estuve mucho tiempo sin representante, pero ahora sí tengo. Y fue él quien me llamó y me dijo: 'Te conseguí el primer trabajo'. Ya ves que soy despistada, pero al final, me acuerdo de todo…".
La actriz se puso en la piel de una docente que ayuna en la Carpa Blanca y termina enamorándose de un ex alumno, en el primer capítulo de Amores de historia, el ciclo de unitarios que recrea los encuentros de gente común, ambientados en distintos momentos clave del país.
Soledad Silveyra es así, como todos la imaginamos: fresca, iluminada, sincera. Remata sus frases con una sonrisa franca y levanta levemente las cejas cuando sabe que lo que está diciendo es serio. Como una nena. Como esa muchachita de 12 años que pisó por primera vez un canal de televisión a mediados de los sesenta porque necesitaba trabajar. Ahora, con varias décadas sobre los escenarios, con los laureles de la fama y el reconocimiento del público, se la sigue viendo frágil como las primeras heroínas que le tocó transitar. Pero, a la vez, clara y segura, como las que vinieron después.
Para componer este, el último personaje al que le dio vida, tuvo que echar mano a esas dos características que, a simple vista, parecen opuestas. En el primer capítulo de la serie de unitarios que puede verse el domingo a las 22 por Canal 9, ella es Marta, una maestra que ayuna en la Carpa Blanca como protesta ante el atropello que supone la Ley Federal de Educación ideada durante la gestión de Carlos Menem, contra la escuela pública. Una mujer con ideales claros y capaz de ponerle el cuerpo a su lucha, pero que también se permite experimentar la ternura cuando reaparece un ex alumno, ya adulto, y comienza con él una estrecha relación. Frágil y fuerte. Firme y risueña. Como ella.
–Empecemos de nuevo…
–Dale…
–Bueno… Mi representante me contó la propuesta y me pareció muy buena. Yo había terminado Condicionados hacía dos meses, así que estaba disponible. Y, además, no había actuado en ninguna de las ficciones del INCAA y tenía muchas ganas de hacerlo.
–¿Y cómo fue la experiencia?
–Me encantó. Fue un placer enorme volver a trabajar con Martín Desalvo, un director muy joven pero con un recorrido interesantísimo, con el que hicimos el especial de la Fundación Huésped el año pasado. Y, sin dudas, la mayor sorpresa para mí fue el "nene" (Gonzalo Heredia), que realmente es un sol. Cuando una tiene el privilegio de trabajar con personas con las que se siente cómoda, todo es más sencillo. Esa fue una gran ventaja, porque la historia que nos tocó transitar es bastante difícil, compleja. Y el contexto en el que está ubicada, tampoco era fácil de abarcar. Pero, por suerte, tanto Martín como Gonzalo hicieron que el proceso de filmación fuera totalmente placentero y, según me dijeron los que vieron el capítulo terminado, quedó muy bien.
–¿Por qué la historia en un principio te pareció compleja?
–Al principio, tuve bastantes prejuicios y mucho temor. Lo primero que pensé fue: ¿cómo una maestra va a enamorarse de un pibe que, además, es su ex alumno? Y encima, en el contexto de la Carpa Blanca, que fue todo un símbolo de resistencia.
–¿Cómo venciste esos prejuicios?
–Me di cuenta de que la historia era más simple de lo que parecía. Que los protagonistas son ante todo humanos. Ellos no se enamoran de un momento para el otro. La relación va fluyendo, se van encontrando, se van conociendo. Y además, aunque le tuve y le guardo un gran respeto, la Carpa Blanca no es un ambiente que me sea totalmente desconocido…
–Vos estuviste ahí...
–Sí, claro. En ese momento estuve muy cerca de los maestros. Entonces, lo que hice fue revivir esos momentos. Me metí en Internet, busqué información, videos y sobre todo, imágenes. Yo tengo un método de trabajo que consiste en "fotografiar" mucho lo que voy a hacer. Si voy a hacer Condicionados, por ejemplo, me lleno de archivos fotográficos la memoria. Digamos que colecciono imágenes…
–Con Condicionados debe haber sido bastante divertida esa etapa…
–Sí (risas). Pero lo hago con todos mis trabajos. De hecho, a Martín, el director, lo volví loco. Un día llegué con los cartelitos, con la escarapela, con todos los detalles que había en la Carpa, que tenían las maestras, y con filmaciones de las personalidades que pasaron por ahí. Hacía muy poco que se había muerto el "Flaco" Spinetta y yo les insistía a los productores para que buscaran un plano maravilloso que yo había visto de él en Youtube, cantando en la Carpa… No sé si al final habrán usado esas imágenes. Sí sé que está León (Gieco), porque mi personaje hace referencia a su presencia.
–¿Por qué creés que los artistas se acercaron masivamente a la Carpa Blanca?
–Porque no podíamos permanecer al margen. Se estaba luchando por el derecho a la educación para todos. Sin embargo, nunca me voy a olvidar cuando salió la carta de María Elena Walsh pidiéndoles a los docentes que levantaran la medida y hablando sobre el país del jardín de infantes. Recuerdo que a todos nos dolió muchísimo, porque justamente venía de una mujer que queremos y respetamos tanto. De todos modos, por más que no haya estado de acuerdo con su postura y con su actitud, no voy a dejar de cantarle a mis nietas sus canciones, porque su obra es preciosa. Para mí, en su momento fue un aprendizaje: entendí que todos tenemos derecho a decir lo que pensamos. Incluso ahora, veo a los que están caceroleando en Nueva York ante la presencia de la presidenta y pienso lo mismo…
En la historia, Leandro, el personaje que interpreta Gonzalo Heredia, se acerca a la Carpa con una mirada crítica ante la medida que están llevando a cabo los docentes y, sobre todo, con una postura ideológica muy diferente, ligada estrechamente al neoliberalismo de los '90. Sin embargo, con el correr de los encuentros con aquella maestra que lo marcó, comienza a cambiar su manera de pensar y, tal vez, también su posición política.
–¿Creés que el amor puede hacer cambiar la visión que se tiene del mundo?
–Estoy convencida… Si hay algo que puede cambiar a una persona es el amor. Pero ahora que lo pienso, la verdad es que en los casos que conozco, siempre el cambio es para mal… (risas). Muchos parecen muy comprometidos, pero terminan preocupándose más por la plata que por los ideales. Pero por suerte, en esta historia ocurre al revés. «
romances de todas las épocas
Amores de historia intenta recrear los romances que entablaron argentinos comunes en distintos momentos clave del país. En total, son 12 capítulos (uno doble), algunos basados en casos reales y otros que fueron creados por los autores siempre tomando como marco la época en la que transcurren. Está producido por Tostaki y Oruga (El Pacto), y cuenta con la coordinación autoral de Marcelo Camaño (Montecristo, Vidas robadas). Además de Martín Desalvo (Las mantenidas sin sueño, Mujeres asesinas), Pablo Fischerman (Socias, Por ese palpitar) se ocupó de la dirección de varios capítulos.
A "Marta y Leandro", la historia que se emitirá el domingo, le sigue "Kumi y Ariel", protagonizada por Carolina Peleritti, Nacho Gadano y Martín Pavlovsky, y con el atentado a la AMIA como eje.
Para que la basta sucesión de hechos resultara más abarcable, se tomó a la década del '60 como punto de partida, mientras que la historia de amor más cercana en el tiempo transcurre en 2011.
Algunos de los momentos que se eligieron para ambientar las historias, además del gobierno menemista y el velatorio de Juan Domingo Perón, son la asunción de Raúl Alfonsín, la última dictadura militar, la crisis de 2001, el Cordobazo y la sanción de la ley de matrimonio igualitario.
Actores consagrados como Mercedes Morán, Hugo Arana, Valentina Bassi, Alejandra Flechner, Gerardo Chendo, Osmar Núñez, Luis Ziembrowski, Graciela Stefani, Jorge Suárez; y algunos de los jóvenes más prometedores (Sofía Eliot, Matías Marmorato, Talo Silveyra, Vicky Almeida, Inés Palombo, Rodrigo Noya, Ailín Salas, Marina Glezer, Moro Anghileri y Michel Noher), son algunos de los encargados de darle vida a los distintos enamorados en los sucesivos capítulos.
Con locaciones, vestuario y una ambientación diferente en cada episodio, esta nueva propuesta de Canal 9 intentará dejar su huella en un año en el que la ficción parece querer despertar, nuevamente, la atención del gran público.
"quiero transitar otros lugares"
El hombre de la historia. La idea original era realizar una entrevista conjunta a Soledad Silveyra y Gonzalo Heredia, protagonistas del primer capítulo de Amores de historia. El lugar: el amplio PH de la productora Oruga, la noche que se llevó a cabo el cocktail de presentación del programa. Heredia iba a llegar un rato más tarde, pero con el correr de las horas, un llamado anunció que el joven actor no sería de la partida. Eloy, su pequeño hijo tenía unas líneas de fiebre. Y él, como buen papá, decidió quedarse en casa. Un día después, con Eloy repuesto, el galán de Malparida se presta a desandar su experiencia en esta nueva propuesta de Canal 9.
–Esta vez te tocó un personaje diferente, lejos de los héroes sin fisuras que venías representando.
–Sí, y eso fue lo que me pareció más interesante. La verdad es que en este momento quiero transitar otros lugares, contar historias con las que me pueda sentir realmente involucrado. Ese fue uno de los motivos por los que la propuesta me pareció muy interesante.
–¿Qué te pasó cuando leíste el libro? ¿Te inquietó que tuviera como marco la Carpa Blanca?
–No, porque la historia es breve, sencilla y concisa. Y eso, sumado a lo que te venía diciendo, que el personaje es muy distinto a lo que venía haciendo, hizo que lo sintiera como un desafío al que valía la pena encarar. Junto a Soledad y el director hicimos un trabajo previo y muy profundo con el libro; nos enfocamos en cada una de las escenas, y sobre todo en las dos que consideramos clave: el reencuentro entre la maestra y este ex alumno, y la escena del final, que es muy intensa. Siempre tuvimos muy en claro que más allá de que había un conflicto y una contradicción entre nuestros personajes, debíamos enfocarnos en contar esta historia de amor que los atraviesa.
–¿Cómo fue el primer encuentro con Soledad Silveyra?
–Cuando me dijeron que iba a ser ella la actriz que personificaba a la maestra, me alegré mucho. Nunca habíamos trabajado juntos, pero tenía las mejores referencias. Y la verdad, nos complementamos muy bien. No voy a decir algo que ya no se sepa, pero Soledad es una actriz muy, muy profesional y sumamente obsesiva con su trabajo. Y esas son cualidades que yo valoro muchísimo, porque estoy pasando por un momento en el que también estoy algo obsesionado con mi laburo. Por eso, siento que nos complementamos tan bien.
–Leandro, tu personaje, comienza pensando de una manera y, con el correr del tiempo, va cambiando su visión sobre determinadas situaciones.
–Fue algo que hablamos mucho durante la grabación. Yo no creo que mi personaje tenga una determinada idelología, tiene más bien un estilo de vida que tal vez lo lleve a asumir determinadas posturas. Él, en realidad, tiene una consultora y es muy bueno en lo que hace. En este caso, le tocó asesorar al gobierno, pero, por ejemplo, si lo hubieran contratado los maestros, él también hubiera aceptado el trabajo. Es como un abogado, él sólo hace su laburo; es un tipo con la mente muy fría. Yo no sé si estaba definido políticamente, creo que era más bien un tipo absolutamente pragmático.
–Pero sufre un cambio en su manera de ver las cosas…
–Sí. Pero porque empieza a tomar conciencia de lo que es creer en algo, tener un ideal. Empieza a acordarse de su infancia, de los valores que sus padres le han inculcado.… Y yo no creo que él haya perdido esos valores, sino que con el tiempo se ha dado cuenta de que en el mundo en el que le tocó vivir es más fácil manejarse con ciertos mecanismos. Y eso está buenísimo: retratar el momento en el que este hombre de 33 años, con dos hijos y una vida armada, de alguna manera se quiebra. Eso no quiere decir que hasta ese momento haya sido malo y ahora es bueno, pero sí creo que ahora es mucho más humano.
–Además de este primer capítulo, también participaste del que transcurre el día del fallecimiento de Perón. ¿Cómo fue esa participación?
–Chiquita. Es solamente una escena. En realidad, con el director de ese episodio, Pablo Fischerman, ya habíamos trabajado juntos en Socias y teníamos muchas ganas de repetir la experiencia. Mi personaje es un joven militante que aparece en la relojería en la que transcurre la historia, y tiene un pequeño diálogo con los personajes de Camilo Vitale y Moro Anghileri, que son los protagonistas. Fue una participación mínima, sólo para darnos el gusto.



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