Carlos Soria tejió en vida una exitosa relación con el actual mandatario provincial.
Había nacido una sociedad que cambiaría los destinos de Río Negro. En la provincia, el radicalismo gobernaba desde 1983 sin interrupción. La dinastía partidaria arrancó con Osvaldo Álvarez Guerrero y siguió con Horacio Massaccesi, Pablo Verani y Miguel Saiz. El centenario partido parecía imbatible. Sin embargo, el deterioro general que se vivió en la segunda gestión de Saiz y el peso arrollador que tenía el respaldo de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, hicieron que la fórmula Soria-Weretilneck se impusiera con holgura en las elecciones de 2011.
La dupla encaró de inmediato una serie de medidas, algunas no exentas de polémica, como la prescindibilidad, en busca de normalizar lo antes posible la administración provincial.
Los veinte días de gobierno de Soria fueron de gran intensidad, con planteo de caminos y políticas que aspiraban a diseñar un presente y un futuro distintos y mejores para los habitantes de Río Negro.
La muerte del gobernador dejó a la escena política sin uno de sus protagonistas centrales. Fue un golpe para el peronismo y para el Frente para la Victoria. Sin embargo, la posta que tomó Weretilneck, en compañía ahora del vice Carlos Peralta, aspira a mantener metas y objetivos.




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