El escritor colombiano y el líder de la revolución cubana mantuvieron una prolongada relación afectiva que comenzó a través de la política y se continuó a lo largo de décadas.
"La nuestra es una amistad intelectual, cuando estamos juntos hablamos de literatura", dijo Gabo en 1981 -un año antes de recibir el Premio Nobel- para explicar cómo eran sus encuentros. Sus viajes a Cuba para ver a Fidel eran moneda corriente.
Gabo fue además mediador entre Fidel y Bill Clinton. Y ofició el mismo papel entre el gobierno colombiano y el Ejército de Liberación Nacional en Cuba a comienzos de la década del 2000.
En los tiempos en los que García Márquez se dedicaba a las crónicas periodísticas viajó a Cuba para ver cómo era la isla luego de la revolución que terminó con el gobierno dictatorial de Fulgencio Batista en 1959. Fue en el marco de la "Operación Verdad".
Su simpatía por las ideas de izquierda le fueron dando volumen a una relación que fue incondicional. En Bogotá, actuó como corresponsal de la agencia de noticias cubana Prensa Latina, la cual era dirigida por el argentino Jorge Masetti, quien luego intentaría sin éxito implantar las células guerrilleras en el norte del país.
A mediados de la década del setenta, Gabo escribió "Operación Carlota: Cuba en Angola", donde ponderaba la actuación de Cuba en la guerra contra el colonialismo portugués en el país africano. Ese fue un antes y un después: allí el escritor y el líder político estrecharon vínculos. Esa amistad le valió la crítica de Mario Vargas Llosa, quien lo tildó de "lacayo" de Castro.
"Comunión de los Santos", así definió Gabo al régimen cubano. "Su más rara virtud de político es esa facultad de vislumbrar la evolución de un hecho hasta sus consecuencias remotas... pero esa facultad no la ejerce por iluminación, sino como resultado de un raciocinio arduo y tenaz", así hablaba de Fidel.


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