La revuelta que conmovió a Gran Bretaña y al mundo parecía ayer haber sido domada. Pero ante el temor generalizado de que en cualquier momento pueda haber un rebrote de violencia, el primer ministro británico, el conservador David Cameron, en un intento de reforzar su autoridad, redobló la apuesta.
Asimismo, anunció que le dará más poderes a la policía y a otras fuerzas de seguridad.
El endurecimiento de Cameron, criticadísimo por su ausencia en los primeros días de las protestas, que lo obligó a suspender sus vacaciones en Italia, quedó expuesto durante un debate parlamentario que duró más de siete horas, convocado de urgencia para tratar en una sesión extraordinaria el "incendio" de Londres.
La revuelta, que ya ha dejado cuatro muertos, comenzó el sábado pasado tras la muerte de Mark Duggan, un hombre de color de 29 años baleado por la policía en Tottenham, y luego se extendió a los suburbios más conflictivos de la capital y a Birmingham, Manchester y Nottingham, entre otras ciudades, conmocionando a todo el país.
Una vez más, Cameron condenó con fuerza los episodios de saqueos, vandalismo y destrucción de los últimos días, que, por su dimensión sin precedente, tachó de "inaceptables".
Además, dijo que fueron actos de "criminalidad pura y simple", sin excusas, y negó en todo momento que tuvieran que ver con causas políticas. Lamentó la muerte de tres personas inocentes en Birmingham, atropelladas salvajemente mientras defendían sus propiedades hace dos noches, y reiteró que el gobierno hará "lo que sea" para restaurar la ley y el orden en el país.
Al recordar que ya autorizó el uso de cañones hidrantes y balas de goma, dijo que si fuera necesario estaría dispuesto a recurrir al ejército, tal como reclaman muchos londinenses, que siguen pensando que la policía debería haber tenido una respuesta más dura.
"Es mi responsabilidad asegurar que cualquier contingencia será analizada, incluso si hay tareas que el ejército podría realizar para liberar a más policías para el frente de batalla", indicó. Por otra parte, no descartó que si vuelven a estallar los disturbios pueda bloquear las redes sociales, tal como hizo el ex presidente egipcio Hosni Mubarak al principio de la revolución de la plaza Tahrir, cuando cortó Internet, en vano.
"El libre flujo de información puede ser usado para bien. Pero también puede ser usado para mal. Y cuando hay gente que usa las redes sociales para la violencia, nosotros necesitamos detenerlos", dijo. Al respecto, reveló que el gobierno está trabajando con la policía, los servicios de inteligencia y las empresas para analizar una eventual interrupción de este tipo de comunicación y servicios si hay pruebas de que, a través de ellos, se están planeando "violencia, desorden y criminalidad".
De hecho, entre las 1500 personas ya arrestadas en controvertidas redadas de la policía, muchas fueron acusadas de haber instigado a la violencia a través de Twitter, Facebook o mensajes por BlackBerry. Entre ellos está Alexander Mc Quarrie, un chico de 16 años de Ibrox, Glasgow, que al parecer creó en Facebook un grupo llamado "Empecemos desórdenes en Glasgow".
Cameron, que garantizó que los 16.000 agentes desplegados en las calles de esta capital desde el martes permanecerán en actividad también durante el fin de semana, admitió que al principio las autoridades subestimaron la revuelta. Reconoció que hubo poca policía en las calles y que también hubo errores de táctica.
Dijo que de ahora en más la policía, ya autorizada a utilizar balas de goma y cañones hidrantes, tendrá nuevos poderes, como por ejemplo remover "en cualquier circunstancia" las capuchas o máscaras que suelen llevar los jóvenes, algo que hasta ahora sólo podían hacer en áreas específicas y en tiempos limitados. Cameron también aludió a nuevas tácticas de dispersión de multitudes y a la posibilidad de recurrir al toque de queda.
Pero el primer ministro no dio marcha atrás respecto de los recortes previstos en el presupuesto policial para equilibrar las finanzas públicas, algo que enfureció a Boris Johnson, el alcalde de Londres, conservador como él.
Tal como había reclamado la oposición liderada por el laborista Ed Miliband, el premier anunció que habrá indemnizaciones para las víctimas del caos. Se estima que hubo daños del orden de los 200 millones de libras (324 millones de dólares) por casas o negocios destruidos en incendios y saqueos. Además, se creó un fondo de 10 millones de libras (16 millones de dólares), al que se sumarán otros 20, destinados a pequeños propietarios y comerciantes.
Cameron también habló pensando en la comunidad internacional, cuando falta menos de un año para los Juegos Olímpicos de Londres, como indica un reloj que marca los días y las horas para su inauguración en la emblemática Trafalgar Square. "Tenemos que mostrar al mundo, que quedó muy conmocionado, que los responsables de los desórdenes no representan en absoluto a nuestro país", dijo.
"Cuando falta un año para los Juegos debemos mostrarle al mundo que somos un país que construye, no que destruye; debemos mostrar que no bajamos los brazos, sino que somos un país que sigue adelante, que mira hacia adelante y no hacia atrás."
Como hizo anteayer, Cameron concluyó reconociendo la existencia de una "sociedad quebrada" en su país. "Hay un problema inmenso en nuestra sociedad, con chicos que crecen sin saber la diferencia entre lo bueno y lo malo. Es un problema que debe enfrentarse con urgencia, con acciones relacionadas con la disciplina en las escuelas, con las familias, con la lucha en contra de las bandas callejeras y con un sistema judicial eficiente", dijo.
"Esto no tiene que ver con la pobreza, sino con la cultura, una cultura que alaba la violencia, muestra falta de respeto por la autoridad y habla siempre de derechos, pero no de responsabilidades."

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