Durante tres meses, el museo del Kremlin acogió una exposición con un claro mensaje político: la muestra Mapa de Rusia, patrocinada por el poder, estaba destinada a mostrar que desde el siglo XVII este país ha sido el Estado más extenso del mundo.
Símbolo de la muestra, un remarcable mapa de 1872 que naturalmente no sólo incluye a Ucrania, sino también a todos los territorios de Asia Central, el Cáucaso y Extremo Oriente.
En momentos en que un incipiente y frágil cese del fuego se instala en el este de Ucrania, después de la anexión de facto de la península de Crimea, es legítimo preguntarse cuáles son las ambiciones geopolíticas de Vladimir Putin.
"Los términos adecuados que podrían resumir «la gran estrategia rusa» que conduce actualmente el líder del Kremlin, su objetivo político y sus declinaciones territoriales son «revisionismo» y «revanchismo»", dice Dimitri Trenin, especialista del Carnegie Endowment for International Peace.
Putin mismo lo reconoce: "El derrumbe del imperio soviético representa la mayor catástrofe geopolítica del siglo XX", repite desde hace años. Por esa razón está dispuesto a devolverle a su país las realidades geoestratégicas dignas de una gran potencia.
Hace poco menos de un cuarto de siglo que la Rusia soviética perdió la Guerra Fría. La URSS se dislocó dejando paso a repúblicas federativas; nacionalidades alógenas se constituyeron en Estados nacionales y Rusia recuperó las fronteras de la antigua Moscovia, conservando no obstante Siberia y el llamado Extremo Oriente ruso.
"Animado por una voluntad de revancha, Putin quiere «revisar» ese orden de cosas. Más precisamente desmontar para empujar fronteras y reconquistar territorios reivindicados, en lo que los dirigentes rusos llaman «el extranjero cercano» (el área postsoviética)", analiza Trenin.
En otras palabras, Putin y sus siloviki -esos "hombres de poder", formados como él en las oscuras filas del ex KGB- han decidido hacer de Rusia una potencia revisionista. Nadie ignora hasta qué punto semejante objetivo puede ser peligroso para la paz y el orden internacional.
Tras años de manipulación de conflictos llamados "congelados" en Moldavia y en el sur del Cáucaso, ese proyecto se materializó con la invasión militar rusa de Georgia en agosto de 2008 y la sucesiva anexión de facto de Abjasia y de Osetia del Sur. La ocupación militar de Crimea, cuya pertenencia a Ucrania es reconocida por la comunidad internacional, no hizo más que ratificarlo.
Para muchos especialistas, Crimea fue en realidad la primera etapa de un plan más vasto que sigue por las regiones orientales de Ucrania ubicadas sobre el Mar Negro.
"Habría que anticipar también una mayor presión sobre Georgia y Moldavia, dos países que decidieron firmar un acuerdo de asociación y libre comercio con la Unión Europea (UE). Y si la solidaridad geopolítica europea se fisura, después podría ser el turno de los Países Bálticos", dijo Trenin.
En el terreno táctico, Putin aprovecha las diferencias de posición de los Estados europeos y cultiva las relaciones bilaterales.
"A mediano plazo, apuesta por la pérdida de influencia de Estados Unidos en Europa. Para él, el crecimiento de China y los desafíos de la región Asia-Pacífico deberían absorber a Washington y provocar el debilitamiento de las instancias euro-atlánticas, la UE y la OTAN", afirma Yukon Huan, investigador asociado del Carnegie Moscow Center.
La "Gran Europa", evocada por la diplomacia rusa desde 2008, sería un retorno a las alianzas y contra-alianzas entre Estados europeos. En esa configuración, Rusia podría proyectar su poderío e instrumentalizar a uno contra otro.
El otro gran proyecto del líder del Kremlin es su Unión Euroasiática. Con frecuencia interpretada como un simple mercado común, con una finalidad económica y comercial, no es así como la ven Putin y sus siloviki. "La idea es la de una estructura perfectamente integrada, política y económicamente, centrada en Rusia y desde una lógica de poderío", advierte Irina Isakova en un trabajo sobre la geopolítica y geoestrategia rusa en el siglo XXI. "En el plano geográfico, la Unión Euroasiática cubriría «el extranjero cercano» y sería la expresión político-institucional de esa esfera de influencia que Rusia reivindica", prosigue.
Finalmente, ese "reunionismo" geopolítico busca dar forma a una suerte de nueva Unión Soviética, más flexible y eficaz que el modelo original. A nivel mundial, Putin intenta reconstituir una fuerza de oposición, para hacer de esa "Rusia-Eurasia" una tercera potencia, entre el polo americano-occidental y un incierto conjunto chino-asiático.
Todo ese proyecto de restauración es preocupante por numerosas razones. Pero sobre todo porque reposa en un solo hombre. "Occidente probablemente enfrenta hoy un peligro aun mayor que durante la guerra fría. Incluso durante la crisis de los misiles de Cuba en 1962, los líderes soviéticos estaban obligados a contar con la presión del Politburó y las enseñanzas de la Segunda Guerra Mundial", recuerda Isakova.
Ahora, como lo afirma el líder de los propagandistas rusos, Dimitri Kiselev, incluso la decisión de utilizar el arma nuclear "será tomada personalmente por Vladimir Putin, que tiene la total y absoluta confianza del pueblo ruso".
"No Putin, no Rusia", afirmó la semana pasada un miembro del equipo gubernamental. El problema es que para Vladimir Putin, el único buen vecino es el vecino débil. Y los vasallos son mucho mejores que los aliados..

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