La ciudad, que recibirá 10 mil millones de dólares para realizar los Juegos Olímpicos, no obtuvo este año fondos para contener desastres naturales. Paradojas del Brasil "potencia".
La polémica por las inversiones adquirió una gravedad inesperada cuando la organización no gubernamental Cuentas Abiertas denunció que durante este año el Estado carioca no recibió dinero alguno para ejecutar obras con el fin de evitar tragedias de este tipo. Además, la Orden de Abogados de Brasil (OAB) solicitó al Ministerio Público Federal abrir una investigación sobre el desequilibrio del fondo de gobierno para prevención de desastres que, según el Tribunal de Cuentas Federal, dejó a Río de Janeiro con recursos de 0,9% en los últimos dos años contra el 64,6% que recibió Bahía, que no tiene antecedentes de lluvias o inundaciones trágicas.
Ophir Cavalcante, presidente de la OAB, aseveró que pretende que la Justicia establezca si hubo responsabilidad de ministros o de otros funcionarios en el envío de recursos. Las partidas presupuestarias del Programa de Prevención y Preparación de Desastres eran administradas por el Ministerio de Integración, a cargo de Geddel Vieira, que abandonó la cartera la semana pasada para presentarse como candidato oficialista en las elecciones del estado de Bahía, el más beneficiado en el reparto de fondos.
El informe del Tribunal de Cuentas que encendió la polémica irritó a Lula, que consideró que la oposición está utilizando la tragedia para criticar al gobierno en plena campaña electoral. "No es posible que en función de una desgracia que se abatió sobre Río de Janeiro alguien emita una liviandad de ésas", expresó el presidente esta semana, defendiéndose de los cuestionamientos.
En notable contradicción con la imagen de un Brasil poderoso, golpeando las puertas del Primer Mundo y anfitrión de los Juegos Olímpicos, las inundaciones revelaron el costado más débil de Río de Janeiro: mil favelas en la ciudad y su periferia y 14 mil personas evacuadas y desalojadas de sus precarias viviendas tras las inundaciones. Incluso el Cristo Redentor, emblema de la localidad, no escapó a la furia de los vecinos damnificados, que destruyeron el tren del Pan de Azúcar, en protesta por la muerte de tres personas tras un derrumbe luego de las intensas lluvias.
"Es más fácil prevenir que remediar. Si hubiese un planeamiento presupuestario, se hubieran evitado muchas lágrimas y mucho dolor", aseguró José Oswaldo Filho, profesor de Geología de la Universidad de Brasilia. Según las autoridades, que advirtieron a la población sobre el peligro de epidemias por la gran cantidad de cuerpos sepultados, la tragedia se agravó por los deslaves de barro en los cerros, que adquirieron grandes proporciones por la construcción de viviendas irregulares en terrenos no aptos para la edificación

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