Por Juan Manuel Asís
Alperovich tiró una definición política que ni siquiera Cristina se animó a sugerir: “el partido tiene que ir a una interna”. Por más que haya más de un candidato a sucederlos -en la presidencia y en la gobernación-, promover esta idea es lo mismo que decir que no se tiene el poder del dedo.
No cabe imaginar a la jefa de Estado admitiendo que ya no tiene poder político sobre el peronismo y que es incapaz de designar un heredero al trono kirchnerista. Esas “debilidades” no se admiten en público. Como sugiere un legislador del Frente para la Victoria, la manifestación del mandatario tucumano es lógica y correcta en términos partidarios; se ajusta a una visión “legalista” de cómo debe surgir el candidato del PJ en 2015. Sin embargo, es lo mismo que decir que no se tiene el poder para elegirlo, cuando todos los alperovichistas, en cuanta oportunidad tienen, poco menos que gritan que todos los votos del oficialismo son de Alperovich. Por lo tanto, en términos tribuneros, al postulante del FpV lo “bendecirá” él, o en otras palabras: el que encabece la boleta del peronismo el año que viene será quien él quiera; por más que quede “correcto” sugerir que el nombre saldrá de una interna.
Menos aún cuando bajo sus narices pulula el “internismo” y hay peleas subterráneas. Los “compañeros” andan a los codazos, enviándose mensajes directos e indirectos para acomodarse lo mejor posible a la sombra de quien tiene la última palabra, aunque haya hablado de interna. Una interna, se sabe, es una trampa para los que no tienen la estructura del Estado apuntalando la organización partidaria. Y el gobernador maneja el Estado a su antojo. Ergo, el PJ. Por lo tanto, sugerir que el PJ tiene que ir a comicios es poco menos que una ingenuidad o creer que hay inocentes que caerán en el ardid de participar. Sabedor de que puede soñar con contar con que el dedo del jefe lo señale, rápidamente se anotó para esa futura interna el ministro de Salud Pública, Juan Manzur. No aparece como el mejor candidato para asegurarle a Alperovich la gobernación, por eso algunos del entorno salieron a hablar de la senadora Beatriz Rojkés como la “candidata natural” del sector, apuntando -casi sin vergüenza- que tiene un valor agregado: lleva el apellido Alperovich.
Manzur debe anhelar que la primera dama integre la fórmula. Eso le garantizaría la tracción del “apellido” y, por ende, la bendición del gobernador. Si este binomio se conforma, los primeros que saldrán a aplaudir, más allá de los alperovichistas de paladar negro, serán los radicales, para quienes tanto la parlamentaria como el vicegobernador de licencia no ofrecen la mejor imagen para un buen sector del electorado, especialmente el capitalino. Por ahora, Rojkés parece que observa, camina la provincia y otea el horizonte. La señal que le dio su marido, diciendo que el PJ tiene que ir a una interna, no es la mejor, ya que ella quedó incluida en el ninguneo que implica la frase.
¿Y Jaldo? El ministro del Interior atraviesa los peores días de su gestión ya que, siendo uno de los anotados en la grilla de largada para suceder al mandatario, está recibiendo mandobles de distintos lados. Y empezó a ver traidores a la vuelta. Peronista al fin. Los compañeros no se andan con chiquitas cuando se trata de discutir nuevos espacios de poder; y en 2015 hay renovación total de bancas y de cargos ejecutivos en la provincia. Guerra a todo o nada, pero por ahora subterránea. Se habla mucho en los pasillos, los rumores van y vienen, y para todos los gustos: que hay legisladores manzuristas, que los hay jaldistas, que los hay de Ruiz Olivares, que unos y otros cruzan adhesiones y repulsas, que Manzur está detrás de las presiones contra Jaldo, que todos buscan ser “el” elegido de Alperovich.
El gobernador puede decir lo que quiera, aunque sea políticamente incorrecto, pero lo que no puede permitir es que el internismo le estalle bajo sus pies, porque dañará lo que él más defiende siempre: la gestión.



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