Estudios encargados por la comuna señalan que el líquido de red, a pesar de las malas condiciones de sabor, aroma y color, es apto para el consumo. * El secretario de Salud descartó, además, que la situación tenga incidencia en los cuadros de gastroenteritis que se vienen sucediendo en las últimas semanas.
La aseveración fue realizada por el secretario de Salud, Diego Palomo, quien afirmó que a pesar de "no ser una incumbencia del municipio", el Departamento de Bromatología y Protección de la Salud analiza de manera periódica distintas muestras del líquido de red --muchas de ellas aportadas por los propios vecinos--, cuyos resultados son remitidos luego a las autoridades de ABSA y del Organismo de Control del Agua de Buenos Aires (OCABA).
El recurso que se analiza es definido en principio por las características que aparecen a simple vista, por caso ser "muy turbio, de color gris oscuro", "muy turbio con sedimento negro" o "de marcada turbidez".
Bromatología realizó análisis físico-químicos y bacteriológicos en diferentes muestras tomadas de red, señalando que a partir del pasado 27 de mayo se constató in situ olor a geosmina, proveniente de la existencia de algas. También verificó la composición de otras 107 muestras captadas en tanques y cisternas.
Los estudios incluyeron la consideración de la presencia de componentes como trihalometanos y plaguicidas organoclorados y de microsystinas, estos últimos tercerizados con laboratorios privados y con la empresa Aguas Cordobesas.
"En todos los casos los valores obtenidos se ubican dentro de los parámetros que plantean las normativas. Por eso podemos asegurar que el agua es apta para consumo, según las exigencias del Código Alimentario Argentino, a pesar del mal aspecto que presenta", remarcó Palomo.
Agregó que el agua de red "es normal" desde el punto de vista bacteriológico --"sus cambios son de tipo físico, más que nada sabor y olor", explicó-- por lo cual no tiene incidencia alguna en los cuadros de gastroenteritis que vienen ocurriendo en las últimas semanas.
"No se registró además ningún aumento dentro de la media habitual en ese tipo de situaciones", dijo.
A partir del resurgimiento de las mencionadas características en el agua de red, muchos bahienses volvieron a visitar con frecuencia los distintos surgentes de la ciudad, en especial el ubicado en el Parque de Mayo. Asimismo, se incrementó de manera notable el consumo de agua envasada.
Los inconvenientes con la prestación de ABSA motivaron a la Oficina Municipal de Información al Consumidor (OMIC) a realizar distintas presentaciones exigiendo que se mejore el servicio, así como reclamando descuentos en las tarifas, hasta el momento sin éxito.
Este lunes, el presidente de la empresa, Guillermo Scarcella, admitió que el servicio no mejorará estructuralmente al menos hasta 2014 o 2015.
Ya actúa el fiscal federal
El fiscal general de la Justicia Federal, Alejandro Cantaro, resolvió librar un oficio a la empresa ABSA para que informe si el agua que se consume en la ciudad cumple con las condiciones de potabilidad establecidas en el Código Alimentario Argentino.
También, en el marco de una presentación judicial realizada por el bloque de concejales de Integración Ciudadana, pidió que la prestataria haga llegar copia de los últimos análisis de calidad que se hayan efectuado al respecto y explique las causas que motivan el fuerte olor y gusto que se percibe actualmente en el agua de red, y las medidas que se han adoptado o adoptarán para dar solución al problema.
Además, libró oficio a Aguas Cordobesas SA para que informe si a pedido de ABSA esa empresa ha realizado análisis de cianobacterias del dique Paso de las Piedras y, en caso afirmativo, periodicidad, resultado de geosmina y otras toxinas.
Afirman que el dique tiene la vida útil agotada
La calidad del agua del dique Paso de las Piedras no tiene solución definitiva porque "está agotada la vida útil del lago", según expresó el ingeniero y profesor de la cátedra Ingeniería Sanitaria de la Universidad Tecnológica Nacional, Horacio Campaña.
Ante la presencia de mal olor y mal gusto en el agua suministrada por ABSA en Bahía Blanca, a partir de la presencia de algas en el dique, se le pidió al profesional una opinión sobre cuál sería una solución.
"Son todas soluciones parciales para resolver un problema que no tiene arreglo definitivo porque está agotada la vida útil del lago", insistió, de manera contundente.
Al preguntarle a qué se refiere cuando habla de "vida útil del lago", resaltó que dicho espejo no es natural sino artificial, por lo que al construirse se cubrió vegetación y fauna que, con el paso del tiempo, resurge aportando nutrientes que derivan en una administración muy dificultosa en pos de conseguir estándares de calidad de agua aceptables.
"Se construye un dique para contener agua, lo que produce la inundación de una zona. Así, quedan árboles, vegetales y, a veces, animales inundados. Todo eso es materia orgánica que, con el tiempo, se va degradando", comentó Campaña.
Esto significa que los nutrientes no son sólo los que provienen de las laderas, cuando la lluvia arrastra nitrógeno, fósforo o fertilizantes de los campos.
"Es un problema de nutrientes, nitrógeno y fósforo, que se van liberando en el lago, por un proceso de mineralización, de descomposición de la materia orgánica que está adentro", detalló el ingeniero.
En cuanto a los plazos de dicha vida útil, dijo que puede estimarse en unos 20 o 30 años. El embalse Paso de las Piedras comenzó a funcionar hace 40 años.
"No se puede pensar en el lago del dique como si fuera la fuente de agua para Bahía Blanca durante 50 años, es imposible. Es que técnicamente se tornará muy complicado, además de muy caro. En un proceso de gestión económica se dice que esto tiene una vida útil de tantos años y que debería reemplazarse por otra fuente. Esa fuente eran los pozos en Cabildo y la zona de las sierras, donde no se hicieron. Esto ya fue previsto en el plan de desarrollo de Bahía Blanca, hace muchísimo tiempo", recordó.
Campaña mencionó que puede ser un paliativo sombrear el lago en las orillas, con plantas acuáticas flotantes, para evitar la proliferación de algas en esas zonas de mayor producción, a partir de impedir el paso de la luz.
"Cuando se recibe el agua con las algas microscópicas, es muy difícil resolverlo en las plantas potabilizadoras. Por ello, debe actuarse antes, en el lago", concluyó el ingeniero.
Al caer la tarde
Entre la realidad y los fuegos de artificio
ADRIAN LUCIANI
aluciani@lanueva.com.ar
Las recientes declaraciones del intendente Gustavo Bevilacqua, aludiendo nuevamente a una posible municipalización del servicio de agua potable, no sólo deben enmarcarse dentro de la pobre actuación de ABSA sino también en la interna del justicialismo y en los posicionamientos políticos de cara a octubre próximo.
Las graves falencias en el abastecimiento vuelven a ser campo fértil para que el jefe comunal reafirme su distancia de la administración bonaerense, la misma que su padrino político Dámaso Larraburu se apuró en plantear una vez que Cristian Breitenstein dejó la intendencia para sumarse al gabinete de Daniel Scioli.
De todas maneras, no hay nada nuevo en cuanto a un eventual traspaso de la empresa de aguas a la órbita comunal, idea lanzada, hace ya más de 15 años, por el entonces intendente Jaime Linares.
El hoy senador nacional del FAP primero propuso la regionalización del servicio, mientras en la Provincia se analizaba la privatización de OSBA. Si bien el proceso terminó con la desafortunada concesión en favor de Azurix, la idea no fue sepultada y revivió a comienzos de la década pasada, cuando la Provincia se aprestaba a reestatizar el servicio. Allí Linares insistió con la municipalización.
La idea se sustentaba en la supuesta elevada rentabilidad del servicio y en el éxodo de recursos aportados por los bahienses hacia La Plata.
La iniciativa seguramente debe haber prendido en el imaginario colectivo de varios dirigentes locales, entre ellos Larraburu, quien viene levantando esa bandera cada vez que encuentra un marco propicio.
Sin embargo, varias cuestiones cambiaron desde entonces, las cuales hicieron que aquel sistema que sólo se ocupaba de recaudar pase a ser ahora un voraz consumidor de fondos públicos.
Por ejemplo, ninguna de las tres plantas de tratamiento de líquidos cloacales construidas en la ciudad (Ingeniero White, Saladero y Tercera Cuenta) funciona, lo que torna necesario un mayor presupuesto.
Incluso el dique, que 15 años atrás estaba lleno y posibilitaba el envío de agua por gravedad --sin costo de electricidad alguno--, ahora debe emplear poderosas bombas con el consiguiente gasto energético. Ni hablar de las fuentes alternativas, todas proyectadas para el empleo de bombas o del costoso proceso de potabilización en épocas de algas.
En los '90 Linares solo pedía que le construyeran un acueducto alternativo desde el dique, por entonces la única gran obra requerida por la ciudad en tiempos de bonanza hídrica.
En ese marco, ¿qué hubiese sido de un supuesto servicio municipal de agua y cloacas en la emergencia hídrica? ¿Hubiese sido capaz de afrontar las millonarias inversiones realizadas por la Provincia, a partir de 2008, para garantizar fuentes de abastecimiento alternativas?
Hasta ahora no existen estudios concretos capaces de garantizar la sustentabilidad económica de un servicio comunal de agua corriente y cloacas.
En definitiva, habrá que ver si se avanza en serio en tal sentido, con concejales, legisladores y profesionales capacitados en el tema o, simplemente, todo esto se trata de algún fuego de artificio político alejado de la real necesidad de los bahienses.





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