Se agrava la protesta social en Brasil por la suba del transporte

Se agrava la protesta social en Brasil por la suba del transporte
La protagonizan jóvenes y profesionales. Están hartos del pésimo servicio. Y el gobierno sólo atina a reprimir.

Maria Bernardete de Carvalho, una profesora jubilada, se ha transformado en una testigo ambulante de la feroz represión policial ejercida, el jueves último, contra miles de jóvenes que protestaban en San Pablo contra un aumento del transporte público. La mujer mostró a la prensa el lugar dónde impactó una bala de goma: es una herida redonda, justo en el medio de su mejilla. La docente volvía de misa en la iglesia de San Francisco cuando el proyectil disparado por la Tropa de Choque de la Policía Militar paulista alcanzó su “objetivo”.

“Después de eso, tuve encima que someterme a una revisación policial” relató. Y luego se interrogó: “¿Van a continuar queriendo resolver todo en base a la represión?”. El “todo esto” de la profesora se refiere a la creciente movilización juvenil contra un aumento de tarifa que saca de las penumbras uno de los grandes problemas de ciudades sudamericanas como San Pablo y Buenos Aires: las penosas condiciones de los medios de transporte, que convierten cada viaje en una odisea con final incierto.

Son universitarios, secundarios, posgraduados, profesores, trabajadores de todas las categorías. Y vienen de la zona norte, del este y del sur de la capital paulista. Entre ellos hay chicos de la “nueva clase media” brasileña. Vienen, como Caio Miranda, de las favelas del entorno capitalino. El muchacho, de 18 años, vive en Jardim Angela, donde defender la vida es una exigencia cotidiana. Otros chicos que el jueves estuvieron en la marcha nacieron en las clases medias altas. Es el caso de Caio Martins, el otro líder del movimiento Pase Libre que vive en el tradicional barrio de Lapa. La diversidad de orígenes de los manifestantes se disuelve en la acción, donde los une la misma reivindicación: una política de transporte público que de cuenta de las necesidades ciudadanas.

Es lo que revela una encuesta realizada el viernes por la consultora Datafolha. Muestra la evaluación crítica que hacen los paulistanos respecto de los tres medios principales de transporte: tren, ómnibus y subterráneo. Para 55% de los encuestados, el servicio es malo o pésimo. En ese universo, la franja juvenil entre 25 y 34 años es la más crítica: 64% de los entrevistados considera al servicio como francamente “indecente”. En un comunicado del Partido de los Trabajadores (PT), al que pertenece el intendente paulistano Fernando Haddad, la agrupación reconoció la deprimente situación de la red de transporte de la ciudad. Y admitió la legitimidad de las reivindicaciones levantadas por el Movimiento Pase Libre. Sin embargo, Haddad, un profesor universitario con un doctorado en ciencias sociales y una larga tradición como líder de luchas estudiantiles, esta vez coincidió con el gobernador Geraldo Alckmin, que pertenece al sector más derechista del Partido Socialdemócrata de Brasil (el PSDB fundado por el ex presidente Fernando Henrique Cardoso).

Ambos políticos defendieron la represión policial. El razonamiento, a pesar de las distancias ideológicas que median entre gobernador y alcalde, es el mismo: hay que frenar las manifestaciones de masas juveniles que tanto ellos como sus respectivas agrupaciones políticas no entienden ni controlan. De Alckmin, un hombre que nunca ocultó sus inclinaciones derechistas, no sorprende que haya colocado la resolución del conflicto en las manos policiales. Es más llamativa la postura de Haddad, un hombre que surgió de las filas del PT y que llegó al ejecutivo municipal gracias al padrinazgo de Lula da Silva. Su único comentario respecto de la represión fue: “La policía sigue un protocolo. Cuando este es obedecido, las cosas andan bien. Pero ayer (por el jueves) esos protocolos no fueron cumplidos”. El gobierno de Dilma Rousseff parece compartir esa opinión. Hubo “excesos”, diagnosticó el ministro de Justicia José Martins Cardozo. “Pero el gobierno federal no puede intervenir, ya que es competencia estadual (provincial)”. No debe extrañar que en la movilización de ayer en el estadio de Brasilia se repitieran las escenas de ferocidad policial, que disparó balas de goma y gases lacrimógenos. Lejos de desestimular a los jóvenes, la represión no hace más que aumentar la adhesión a las protestas.

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