Llegó al Senado como principal referente del PJ local. Pero se cortó solo en dos leyes clave para el kirchnerismo: matrimonio gay y glaciares. Tiene roces con el jaquismo por su silenciosa aspiración a la gobernación. Hasta ahora, los números le dan la razón: es el justicialista mejor posicionado en todas las encuestas.
Adolfo Bermejo debutó rechazando el proyecto opositor de coparticipar el impuesto al cheque a favor de las provincias, pero dio luego dos fuertes señales a la Casa Rosada de que no sería un soldado más. Votó en contra de la ley de matrimonio igualitario y también se opuso al proyecto impulsado por los gobernadores mineros y por el Ejecutivo nacional que fijaba límites más laxos a la explotación de minerales al pie de la cordillera.
Los movimientos de Bermejo conjugan sus convicciones personales -como en el caso del casamiento homosexual- con los avatares de la política.
Como mendocino se opuso a la promoción industrial y rechazó con un proyecto de resolución -firmado con sus pares del radicalismo Ernesto Sanz y Laura Montero- el decreto presidencial que prorrogó el sistema en San Juan y San Luis. También se mostró equidistante posteriormente de las negociaciones que llevó adelante el gobierno de Celso Jaque para incorporar siete departamentos de Mendoza en el régimen de beneficios fiscales.
Bermejo está hoy en boca de sus pares de bloque, especialmente de los sanjuaninos. Es que todos contaban con que apoyaría al gobernador José Luis Gioja -que le pidió explícitamente su voto- para impedir que saliera la ley más restrictiva a la minería, cuando se sancionaron los presupuestos mínimos para proteger los glaciares.
Aunque aclaró que no quiere confrontar con nadie en público, el maipucino está tranquilo ya que su voto fue en consonancia con los de dos hombres clave del Frente para la Victoria, el rionegrino Miguel Pichetto y el bonaerense José Pampuro.
Llovieron sobre él fuertes presiones. La Casa Rosada le dio la orden de que votara a favor de la unión entre gays en julio y se animó a cortarse solo. Debió apagar sus dos celulares, el miércoles, mientras desde su banca esperaba en sigilo que llegara el momento de hacer público su voto en la ley de glaciares.
Así, sorprendió a todos cuando se ubicó en la vereda de enfrente de Gioja y también de la posición -un poco más ambigua- del Gobierno provincial sobre la ley de glaciares.
En el kirchnerismo de paladar negro miran con atención sus movimientos. El mendocino está trabajando horas de más para asesorarse lo más posible sobre el proyecto de la oposición para dar el 82% móvil a todos los jubilados y actualizar sus haberes según los fallos de la Corte Suprema. La estrategia de Bermejo será la misma: no adelantar su posición hasta que llegue el momento de la votación.
Las encuestas que encargan semanalmente los políticos mendocinos ubican a Bermejo como el peronista mejor posicionado para pelear por la gobernación el año entrante. Quizás en este hecho se puedan entender sus votos contrarios a los designios de Olivos en temas sensibles para la opinión pública como el casamiento gay y los glaciares.
Uno de los sondeos marcó una rápida escalada de su imagen positiva luego de que se cerró a votar en contra de sus convicciones en el primero de estos temas.
Todos en el peronismo mendocino están convencidos de que hay que atar su suerte a la del Gobierno nacional, aunque el éxito está lejos de ser garantizado. Sin la venía de Néstor Kirchner, Bermejo no podrá aspirar a más.
Milita desde 1982 en el peronismo, fue concejal, funcionario municipal, nuevamente concejal y luego intendente por una década. Su referente político es Juan Carlos “Chueco” Mazzón, viejo líder de los azules, el sector con más poderío dentro del esquema interno del PJ local.
Tiene buena relación con Jaque, a quien defendió incluso en los momentos más delicados de la gestión provincial. Pero últimamente no se han comunicado tanto. Es que el peronismo mendocino entró en una etapa de muchos movimientos internos y desde el despacho mismo del Gobernador se alimenta la creación de una nueva línea a fin de confrontar con los azules en una interna.
El jaquismo, que se nutrió en sus primeros años de los soldados de Mazzón, comenzó a priorizar hace rato a los intendentes de Las Heras, Rubén Miranda, y de Guaymallén, Alejandro Abraham, dos jefes comunales destinados a pelearle a Bermejo -hay que sumar a ellos el ministro de Desarrollo Humano Carlos Ciurca- la candidatura del peronismo.
Pero los azules conservan cuatro intendencias y aspiran a sumar como aliado al otro gran actor que tiene el PJ provincial, el ex intendente de San Rafael Omar Félix, otro presumible candidato a gobernador.
Félix tiene una historia de muchos desencuentros con el Gobierno provincial que quiere avanzar fuerte sobre su terruño: San Rafael.
En este escenario se mueve el cauteloso y moderado Bermejo, haciendo malabarismo entre su rol de senador por Mendoza, gestor innato de los asuntos municipales ante la Nación y aspirante natural a la gobernación del sector más fuerte del PJ. Por estos días elige el silencio y no confrontar con Gioja ni con los funcionarios provinciales que están dispuestos a provocarlo.








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