La trastienda del arreglo entre la CC y PRO.
¿Qué artilugio fue el que le permitió esta vez a la CCdoblarse y no romperse? El acuerdo labrado con los hombres del PRO no está lejos de un toma y daca clásico, y allí fue el bueno de Pérez a sosegar a su tropa, escandalizada, pero, como se verá, bien disciplinada.
A cambio de darle al gobierno de la ciudad dos herramientas básicas para la administración (la Ley Tarifaria y la modificación del Código Fiscal), los cívicos obtuvieron la promesa de que una abogada de la Coalición ingresaría en la Magistratura; la magra ampliación en cien millones de pesos de los recursos destinados por el Presupuesto a la vivienda social (IVC); y la reducción en 0,25 puntos (sobre 4) de la alícuota aplicada al cobro de Ingresos Brutos.
Ayudaron con su voto los legisladores Mónica Lubertino y Raúl Fernández. Ahora bien: respecto de la errática conducta de los fundamentalistas de la decencia política, como son los cívicos de Lilita, cabe decir que, ante todo, no los une el amor sino el antikirchnerismo, esa es la causa eficiente.
El tratamiento general del Presupuesto pasó para el 21 de febrero y nada hace suponer que la chicana PRO de anticipar las elecciones a marzo (dada la ausencia de la ley administrativa fundamental) se cumpla. Ni que el aumento del 30 por ciento del ABL sobre 1,3 millones de viviendas, como quería el macrismo, llegue a buen puerto. Nadie en la oposición quiere quedar pegado a este nuevo tarifazo, sobre todo cuando es el eje central de una ampliación presupuestaria que en principio aparece como incongruente. "¿Para qué aumentar el ABL si el presupuesto 2010 está subejecutado?", se preguntan en la Legislatura. Y efectivamente, en áreas sensibles del gasto social (educación, salud y asistencia) los recursos destinados por ley el año pasado restan aplicarse en un 40 por ciento promedio. Otro ejemplo más de que la tan endiosada capacidad de gestión del PRO es apenas un mito autoprodigado.



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