Petróleo y combustibles: ¿realmente hay motivos para festejar?

Petróleo y combustibles: ¿realmente hay motivos para festejar?

La Secretaría de Energía publicó datos que crean una falsa imagen de autosuficiencia y oculta la recesión y desregulación por la que atraviesa la industria del downstream.

La Secretaría de Energía publicó un informe días atrás en el que reveló que la producción de crudo acumula 16 meses de crecimiento interanual ininterrumpido; el no convencional, que tuvo un aumento del 47%, ya representa un 18% de la producción total; y que hace 14 meses que la Argentina no debe recurrir a las importaciones de petróleo. La información así presentada se propone crear una falsa imagen de autosuficiencia, mientras que oculta la recesión y desregulación por la que atraviesa la industria del downstream, todo lo cual conduce al interminable incremento de los precios de los combustibles. 

En primer lugar, hay que mencionar que la producción de petróleo al mes de mayo, si bien creció 4,1%, se ubicó 5,2% por debajo de los niveles de 2015, mismo período. Cabe recordar, en este sentido, que en 2018 la producción cerró 8% debajo de la de 2015. Es decir, el balance en materia petrolera de la gestión de Cambiemos es lamentable, más allá de la recuperación en lo que va de este año. En segundo lugar, al vincular la mayor producción con la caída de las importaciones la Secretaría de Energía busca crear la falsa idea de un objetivo de autosuficiencia supuestamente logrado por la supuestamente también exitosa política hidrocarburífera de esta administración. Nada más alejado de la realidad. 

¿Por qué? Algunos detalles censurados: al mes de junio de este año (primer semestre) la refinación de petróleo -o sea, el crudo procesado por nuestras refinarías- cumple su cuarto año consecutivo de caída. En otras palabras, desde que Mauricio Macri asumió, el procesamiento de crudo ha venido cayendo sin pausa. Respecto de 2015, es un 13% menos. Pero los malos datos para la refinación de petróleo no culminan allí. Si se contextualizan históricamente los volúmenes procesados en lo que va de 2019, hay que remontarse al 2000 para encontrar cantidades parecidas. 

Expresado de otra forma: el parque de refinación procesa los menores volúmenes de crudo desde el 2000. Y con un agravante: si calculamos en el mix de refinación (petróleo importado y petróleo argentino) la utilización de crudo nacional, esto es, el extraído en el país, vemos que en 2019 las cantidades son prácticamente similares a las de 1997. Un retroceso de más de dos décadas. Con semejante nivel de retroceso en el procesamiento de petróleo por parte del parque de refinación, consecuencia de la brutal recesión, la destrucción del mercado interno y el incremento exponencial de los precios de los combustibles, así como también resultado de las importaciones récord de combustibles (69% superiores a las de 2015 en este semestre), lógicamente las importaciones de petróleo tiendan a reducirse y hasta desaparecer. 

No obstante, siquiera puede festejar sobre esto la administración actual. Sucede que las importaciones de crudo, que en 2017 aumentaron 36% interanualmente, cayeron 65% en 2018. En 2019, no se registran a junio. Ahora bien, entre 2016 y 2018 se importó un 26% más de petróleo que entre 2013 y 2015. Y todavía más grave: entre 2016 y 2018 se importó 11% más que durante los dos gobiernos de Cristina Fernández de Kirchner. En suma, la información provista por la Secretaría de Energía es engañosa y oculta números alarmantes. El balance en la producción de petróleo de la administración Macri es pésimo, ya que cerrará su cuarto y último años con niveles inferiores a los de 2015. 

Esto, a pesar de precios internacionales más altos, reapertura de las exportaciones de crudo liviano, flexibilización laboral de los trabajadores petroleros, libre giro de utilidades y liquidación de divisas por exportaciones en el extranjero y precios de los combustibles dolarizados y por las nubes. Por otra parte, la interrupción de las importaciones de crudo obedece a un retroceso de casi dos décadas en los niveles de procesamiento, en paralelo a importaciones de combustibles récord. El balance para ambos indicadores es igualmente lamentable: en sus primeros tres años de gestión, Cambiemos que prometió autosuficiencia petrolera, importó más petróleo que durante los ocho años inmediatos anteriores (en un marco recesivo y de estancamiento primero y caída de la demanda después). 

En materia de combustibles, basta recordar que en 2018 se registraron las mayores importaciones de nafta y gasoil desde 1994. Asimismo, y en lo que va de 2019, no paran de crecer, ubicándose 69% por encima de las de 2015. Si se cruzan estos hallazgos con el peso de los combustibles extranjeros en la venta de nafta y gasoil por parte del mercado interno, encontramos el mayor porcentaje (13,3%) desde la asunción de Macri, y el segundo más alto desde 2010.

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