El peronismo también ensaya la unidad contra Vidal, pero la pelea está abierta

El peronismo también ensaya la unidad contra Vidal, pero la pelea está abierta

El kirchnerismo y los bloques PJ cuestionan con dureza el proyecto de Presupuesto bonaerense. Hay negociaciones abiertas. Y el massismo tiene peso propio en este juego. Los tiempos son cortos para resolver la votación. En cambio, menos apuro hay para definir el calendario electoral

María Eugenia Vidal no puede saber aún en qué espejo de los recientes movimientos del peronismo podrá mirarse. Se trata de su pelea por el Presupuesto provincial. ¿Podrá reproducir la imagen del acuerdo con los gobernadores peronistas que permitió aprobar el Presupuesto nacional, con no pocas concesiones? ¿O el peronismo adoptará el perfil de flexible unidad, para cargarle una derrota, como ocurrió con los diputados nacionales a la hora de arrebatarle una butaca al oficialismo en el Consejo de la Magistratura? Por ahora, aguanta la embestida y negocia.

El punto central en el registro de diferencias tiene que ver con el origen mismo de esta historia de ajuste. La transferencia de servicios y otras podas tienen relación directa con la negociación del Gobierno nacional y los jefes provinciales del PJ para la sanción del Presupuesto. Esas tratativas derivaron en mayores recortes bonaerenses, entre otros reclamos atendidos por Mauricio Macri. No fue sólo una cuestión de finanzas: desde el peronismo apuntaron además a condicionar o esmerilar a la gobernadora, considerada un capital político vital del oficialismo.

Desde el principio, en La Plata advirtieron los costos que se iban perfilando para la gestión. Hubo conversaciones tempranas con algunos de los intendentes del PJ más permeables al diálogo y también con la franja que responde a Sergio Massa. Poco o nada de eso influyó en los gobernadores y en los legisladores nacionales agrupados en el peronismo federal. Las limitaciones de esa operación eran apuntadas de antemano por los funcionarios más cercanos a Vidal.

Ocurrió lo previsible y ahora se está viendo la segunda entrega. La desarticulación orgánica del peronismo expone nuevamente un fenómeno doble. Por un lado, los gobernadores no asumieron una jefatura nacional frente a una estructura partidaria que es de hecho formal, razón por la cual no se hacen cargo de una negociación global con el oficialismo. Y por el otro, consecuencia del punto anterior, los jefes locales bonaerenses se mueven como si la situación provincial –y las tratativas con Vidal- estuviera desenganchada por completo del cuadro nacional.

A ese estado de cosas se suma un elemento potente: Cristina Fernández de Kirchner. La provincia es el territorio donde tiene mayor peso. También, el ámbito donde trabajan con mayor dedicación efectiva sus operadores de mayor confianza: su hijo Máximo, Andrés Larroque, Eduardo "Wado" de Pedro. Un renglón destacado de ese trabajo está apuntado a los intendentes, que con mucho o escaso entusiasmo, según el caso, analizan que la ex presidente tiene en sus distritos una base electoral sólida e ineludible para sus planes individuales de reelección.

La última expresión de ese entramado expuso a unos veinticinco intendentes peronistas de distinto perfil junto a los legisladores provinciales del kirchnerismo y de quienes se presentan en las dos cámaras como "renovación" del PJ. Los representantes directos de la ex presidente también tienen trato con Massa –no lo dejaron de ensayar en los momentos de mayor tensión y de más fuerte diferenciación-, pero en ese caso y más allá de coincidencias sobre el tema presupuestario, hay una competencia mayor. Massa no puede quedar como último vagón de un armado liderado por el kirchnerismo provincial. Mantiene su juego propio, con las vertientes del PJ y también con la gobernadora.

Vidal comenzó a dar esta batalla después de cerrar en parte el frente interno con el Gobierno nacional. Sus funcionarios y los de Macri discutieron durante semanas los reclamos sobre el real efecto del ajuste nacional sobre las cuentas y los planes bonaerenses para el año que viene. Hubo incluso roces públicos y los consiguientes gestos posteriores de apaciguamiento, que incluyeron fotos de los dos "equipos" y citas menos difundidas del Presidente y la gobernadora.

La última expresión de malestar giró alrededor del deterioro actual y el proyectado para el Fondo del Conurbano, de unos 20.000 millones de pesos. Se acordó que en buena medida eso sería compensado con el financiamiento nacional de obras en la provincia. No sería lo único, en la perspectiva de la competencia electoral, que de hecho ya arrancó.

El problema mayor para Vidal, pensado en las ecuaciones legislativas, no sería el Presupuesto en general sino el visto bueno al artículo del endeudamiento, que roza los 70.000 millones. En este último rubro, necesita los dos tercios de los votos. Es un objetivo que no representaría problemas en el Senado provincial, donde le alcanzaría con sumar un par de apoyos, pero asoma mucho más complicado en Diputados.

El kirchnerismo motoriza el rechazo, que otros intendentes traducen en realidad como una posición de fuerza para avanzar en los ítems más sensibles para sus finanzas, en primer lugar transporte, energía eléctrica y obras. En La Plata dicen que "se conversa", aunque sin chances para imaginar ganadores plenos. "Como están las cosas, el tema es perder lo menos posible", dice un funcionario de primera línea. Tal vez por esa razón, el proyecto original fue con números de máxima en materia de transferencias a los municipios. Habría margen para negociar.

¿Es sólida la confluencia peronista para enfrentar el presupuesto de Vidal? Si se mira el juego de los intendentes, está claro que ninguno conduce al otro: no hay liderazgos aceptados. La última cita difundida fue compartida por Verónica Magario, que aspira a ser la candidata de CFK, y Martín Insaurralde, que transita caminos con idas y vueltas pero busca afirmar un perfil propio. Otra posición expone el superkirchnerista Jorge Ferraresi, diferente al muy flexible Gustavo Menéndez. Todos expresan distritos de peso (La Matanza, Lomas, Avellaneda y Merlo, en ese orden de menciones), pero ninguno impone criterios al resto.

Fuera de ese conjunto, quedan sectores menores, algunos de tradición peronista. Y por afuera, el massismo, de mayor peso en Diputados que en el Senado. Sus votos podrían ser decisivos. Los intendentes del peronismo están atentos a lo que hagan los legisladores del Frente Renovador y, en rigor, a lo que pueda ser negociado. Massa busca ser una referencia también en el terreno práctico, en competencia con la ex presidente, que da vía libre a los contactos de sus delegados con el ex candidato, pero no desconoce los planes para desarmar su apoyo territorial.

Massa ha insistido con un proyecto para que las elecciones de intendentes puedan ser desenganchadas de la pelea por la gobernación. Los jefes comunales jugarían su suerte sin necesidad de paraguas provincial ni nacional. Es decir, no necesitarían de la ex presidente, en el caso de los peronistas. No es a juicio de la gobernación la prioridad de estos días, tampoco un tema descartado antes de tiempo.

Cerca de Vidal no desconsideran la negociación con el massismo, pero intentarían antes reunir masa crítica con legisladores del PJ y de algunos grupos de menor peso. Si logran allanar el camino, buscarían llegar al recinto a fines de mes o en la primera semana de diciembre.

Otros son los tiempos para resolver planes electorales. Por eso, planteos como los de Massa hoy no tendrían respuesta pública. Menos, una definición sobre el adelantamiento de la elección de gobernador o, al revés, la afirmación de comicios en simultáneo con la disputa presidencial. Es un tema abierto, no saldado siquiera en el paño de las especulaciones. Quizás fines de febrero sea el momento de mostrar esa baraja.

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