La interna petrolera por el gas que sobra

La interna petrolera por el gas que sobra

A la competencia es mejor proclamarla que afrontarla. Ese es el lema implícito en la interna petrolera desatada por el aumento en la producción del gas, que obliga a las productoras a la desafiante maniobra de buscar compradores intentando, al mismo tiempo, que el precio no derrape. La gran incógnita es qué beneficio reportará esa puja a los consumidores.

Nadie se atrevería a discutir el nuevo paradigma de la política energética local, dominada por la fascinación Vaca Muerta. Argentina es uno de los cuatro países del mundo que explotan hidrocarburos no convencionales, tiene la segunda reserva en magnitud del planeta y condiciones económicas adecuadas para explotarla, incluyendo una subvención estatal.

La producción de este tipo de gas atrapado en la roca madre creció un 248% en los últimos doce meses y eso reforzó la disponibilidad del producto. Como natural contrapartida el país necesita importar menos GLP y otros carburantes líquidos y así modera el drenaje de dólares. Pulgar hacia arriba.

Pero las noticias asociadas a la incipiente abundancia en estaciones intermedias no son todas buenas ni para todos, en particular mientras no se superen los cuellos de botella generados por la falta de infraestructura que permita sacar de la Patagonia el gas que empieza a sobrar en la primavera y licuarlo con miras a la exportación.

Mirá tambiénEconomistas y políticos exprimen sus datos y solo hablan de pisos y techos

Las productoras están viendo de consorciarse para construir un gasoducto que permita sacar el producto desde el Sur al Norte y plantas de licuefacción para poder comprimir el producto y despacharlo por barcos al exterior. Mientras esas iniciativas germinales maduran, el Gobierno habilitó los paliativos de exportar gas a Chile y Brasil y suspender la compra desde Bolivia, un contrato que tuvo siempre comportamiento errático.

Aun así, el problema del sobrante de gas no está resuelto y empezaron los codazos para colocarlo y lo que ocurrió el fin de semana del abortado River-Boca es ejemplo de esta batalla.

Hubo una baja general del consumo -común en épocas en las que no hace ni mucho frío ni mucho calor- acentuada porque Profértil, gran demandante, suspendió circunstancialmente su compra. La administradora del mercado mayorista eléctrico, Cammesa, que licitó todo el gas que compraría a las usinas durante el último trimestre del año, necesitó menos y eligió sólo a los productores que le habían propuesto un precio más bajo. Resultado: YPF tuvo que suspender producción y Tecpetrol pudo colocar la suya.

El episodio alimentó la inquina que ya existe contra la petrolera de Techint, que en sólo un año pasó de no inyectar ni una mólecula desde Fortín de Piedra a aportar más de 16 millones de metros cúbicos / día, el 12% de la producción total país. Una irrupción perturbadora, que obliga a pelear con más ahínco por un hueco en el mercado.

Escudadas en el off the record, las rivales despotrican contra la empresa de los Rocca a la que consideran una privilegiada, porque ese gas de Vaca Muerta tiene el amparo de un subsidio: a los proyectos aprobados el Estado les garantiza la diferencia entre el valor promedio del gas del mercado y u$s 7,5 del MBTU, precio de referencia que irá declinando hasta el 2021. Para la compañía del holding implica casi u$s 700 millones en un año, aliento sin el cual ese dinámico desarrollo que hoy cosecha aplausos posiblemente no hubiese tenido lugar.

Por haber actuado rápido, la firma lidera la nómina de beneficiadas por ese estímulo. Quizás por eso sus rivales mascullan la bronca reprochando a Energía permitir que ese gas "subvencionado" compita como si no lo estuviera. Lo paradójico es que esas voces roncas pertenecen a firmas con proyectos también amparados por la misma subvención, sólo que con menos nivel de producción actual.

Hay otras peleas incipientes. YPF tuvo que deglutirse el gas sobrante de aquel fin de semana del clásico futbolero que no fue, mientras otras firmas pudieron colocar el suyo por cotizarlo unos centavos menos. Justo. ¿Pero hasta cuándo la líder del mercado se resignará a eso sin aprovechar otras ventanas que le deja el mercado?...

La compañía que lidera Miguel Gutiérrez bien puede comenzar a vender su sobrante a clientes de sus rivales a un precio más competitivo. Las compradoras de gas privadas suelen suscribir contratos que no las obligan por el 100% del volumen demandado. Eso deja espacio para que, llegado el momento, puedan decidir tomar una parte del gas de otro proveedor más barato: ahí es donde los desairados de un negocio pueden reivindicarse con otro.

El resultado de todos estos zarandeos de mercado debería ser gas mucho más barato para todos. Porque ese es el supuesto valor fundamental de la competencia, según plantean las empresas que denostan la intervención del Estado en la fijación de los precios. Salvo que sirva para mantenerlos artificialmente altos o ayuden de algún modo a consolidar su renta.

Esto ocurría cuando Cammesa compraba con dinero público el gas para las centrales térmicas a u$s 5,2 el MBTU, 25% arriba del precio conseguido en una compulsa de precios para este trimestre. O cuando Energía instrumentó el barril criollo, que sirvió para remunerar el petróleo local muy por encima del internacional. Etcétera. ¿Pulgar hacia abajo?...

Coment� la nota