Un día se levantaron y descubrieron que la política se había infiltrado en espacios que se consideraban al resguardo de toda puja. Hay en el gesto una suerte de hipocresía o ingenuidad. Según quien lo realice, es la primera o la segunda. La Liga de fútbol de la ciudad ahora tiene un dirigente que milita en las filas del kirchnerismo.
La elección venía con viento a favor para Solanilla, quien se había transformado en el hombre del radicalismo vernáculo para ocupar el lugar de Pérez Salerno, otro nombre que el lunghismo tomaba si no como propio, al menos, como aliado. Solanilla estaba respaldado por un hombre de Gimnasia, un club históricamente relacionado al radicalismo y a la familia Lunghi en particular.
Hasta cierto momento, Cifuentes había hecho lo propio tratando de juntar voluntades entre los integrantes del cónclave. Luego, mediaron un par de llamadas, sobre los últimos días, y Diego Bossio le imprimió golpe de timón y velocidad a un movimiento que terminó con el “Chino” como favorito.
Es cierto, “la política” definió la contienda. Lo extraño es que quienes han ocupado ese cargo gracias a ella y lo han ejercido en su función también se muestren asombrados y escandalizados. Según quien ofrezca y quien acepte es el veredicto.
En la histórica puja local entre radicalismo y peronismo los clubes no han sido neutrales. Se pone en juego esa misma dicotomía en los ámbitos internos de los clubes y luego se traslada en su quehacer, en sus vínculos y en sus beneficios. Hay clubes históricamente de uno y otro lado y, cada vez que se puede, se intenta dar “el golpe” en la elección de sus autoridades.
Desde que el lunghismo conduce el gobierno local, se había avanzado mucho en estos aspectos. Habían consolidado lugares y ganado otros a partir de apoyos financieros generales o especiales, según el caso. La construcción de un nuevo Estadio de Fútbol y la posibilidad de entregar el actual espacio a un proyecto inmobiliario había sido parte de esa relación cruzada por la política que hoy muchos han descubierto porque, simplemente, hay un peronista al frente.
Cabe alertar a estos indignados de que el fútbol no es el único ámbito cruzado por la Política. Lo son también las cámaras industriales y empresarias, las cooperadoras y hasta las escuelas y la universidad. Lo son las asociaciones y hasta las fundaciones y los espacios sociales. Lo son hasta los prostíbulos.
Pero sobre todo vale la pena advertirles a esos indignados que juega la política en todos esos espacios también cuando no hay un peronista que conduzca o que aspire a conducir.
La evidencia llega de la mano de la dicotomía. Mientras es uno el que llama, convence y promete, paga y recibe, la Política se asemeja a la gestión, pero cuando se plantea la diferencia es ahí donde la disputa del poder adquiere la fisonomía de eso que los puristas de la sociedad civil desprecian como práctica de segundo orden ético.
En estos últimos tiempos, lo que se hace evidente es la dicotomía. Hay un “otro” que da pelea y que aspira a los mismos espacios porque tiene otras ideas para las mismas cosas. Ese otro que se viene plantando al relato único del radicalismo local es Bossio y viene dando muestras de que no hay ámbitos de primera y de segunda para disputar.
En este caso, la titularidad de la Liga no es menor. La discusión por el proyecto del nuevo Estadio, su infraestructura y su funcionalidad, su destino social o económico, lo que no se pudo dar en el Concejo Deliberante -porque una mayoría automática bloqueó cualquier posibilidad de debate abierto- ahora se dará en otro ámbito, en el ámbito mestizo de la política y la sociedad civil.
El radicalismo denunciará la politización del tema, la misma que había cuando tenían dirigentes aliados, solo que ahora de distinto signo.
El prejuicio es notorio a veces. En muchas de las crónicas de lo sucedido en la elección se habló de que el triunfo de Cifuentes había sido posible gracias al “voto secreto”. De esa forma se tendía el manto de la duda, de la compra de votos. Sin embargo, quien pidió esa metodología fue un hombre de Gimnasia y Esgrima, un hombre del radicalismo, de Solanilla.
La política no le gana a nada al fútbol. La política está en todos lados y pocas veces ha sido distinto, salvo cuando la dinámica de la política es reemplaza por la fuerza de las armas y el pensamiento único. Nunca había estado fuera de la Liga de Fútbol, solo que ahora es visible porque hay dos enunciados.
Y no será la última vez que esto suceda porque en los últimos tiempos se viene dando una apertura del campo de batalla, con otros actores que tienen voluntad y poder, y un proyecto diferente, una expansión que enriquecerá la mirada sobre una misma cosa y que en medio dejará en evidencia fortalezas y debilidades de personas e instituciones que hacían de su anonimato una engañosa manipulación del poder.


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