Zapatero sigue cerca a Chávez

Zapatero sigue cerca a Chávez
Según el español, el líder bolivariano rechazó vínculos con ETA y las FARC y prometió arrestar extremistas "en cualquier lugar del mundo".
Madrid confía en que encontrará motivos para solicitar la extradición de alguno de los miembros de ETA que residen desde hace varios años en Venezuela. Para lograrlo, el presidente del gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, aseguró que su país intensificará las tareas de control y seguimiento del "reducido número" de miembros del grupo separatista vasco afincados en el país caribeño y de sus simpatizantes. El jefe del gobierno socialista, que este semestre ejerce la presidencia temporaria de la Unión Europea, pidió que las fuerzas de seguridad al mando de su par venezolano, Hugo Chávez, colaboren para materializar la "máxima determinación" española de encontrar a los etarras "en cualquier sitio o continente en el que estén". Como primer paso, en los próximos días llegará a Caracas el director general de la Policía y la Guardia Civil españolas, Francisco Javier Velázquez.

La declaración de Zapatero fue la continuación de la controversia que provocó la semana pasada el juez de la Audiencia Nacional, Eloy Velasco, al publicar un auto de procesamiento por presuntos vínculos entre ETA y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) con cooperación oficial de la república bolivariana. Uno de los indicios que señaló el magistrado es que el Estado venezolano ayudó al etarra Arturo Cubillas a instalarse en el país y a conseguir trabajo en dependencias públicas. Desde 2007, Cubillas es jefe de seguridad del Instituto Nacional de Tierras, dependiente del Ministerio de Agricultura y Tierras.

Al conocer las investigaciones del juez, Zapatero aseguró el lunes pasado que pediría "explicaciones" a Venezuela, una advertencia que Chávez consideró como un paso previo a la crisis de la relación bilateral. "No tengo nada que explicar a nadie", respondió el presidente bolivariano. Agregó que si bien hay etarras viviendo en su país, ello se debe a un acuerdo verbal anterior a su gobierno entre el presidente socialdemócrata venezolano Carlos Andrés Pérez y el socialista español Felipe González.

Ambos gobiernos emitieron una declaración conjunta el sábado en el que bajaron la tensión al incidente. En el documento, Venezuela expresó "claramente" su condena al terrorismo y su rechazo "sin paliativos" a ETA, mientras España aseguró que pedirá "información" y no "explicaciones" a su contraparte sobre los separatistas vascos y sus actividades en el país. A la controversia entre los gobiernos se sumó la oposición española. El líder del Partido Popular (PP), Mariano Rajoy, exigió a Zapatero que informe al Parlamento al respecto y calificó de "lamentable y humillante" el desempeño del canciller español Miguel Ángel Moratinos en un caso de "soberanía nacional". El canciller Nicolás Maduro le respondió ayer al denunciar que el juez Velasco es parte de la "mafia" del ex presidente de España por el PP, José María Aznar.

Pese a ello, Zapatero reiteró ayer que encuentra en el gobierno venezolano la voluntad de cooperar y se limitó a esperar que la vigilancia de los etarras produzca "circunstancias" que hagan "factible" la solicitud de extradición. El español insistió en conocer la versión oficial de Caracas sobre la "hipótesis de colaboración" entre ETA y "personas al servicio de las fuerzas de Venezuela", puesto que esa información "está en sus manos".

El Mono Jojoy perdió a su enfermera

Casi dos décadas de guerra de guerrillas terminaron para la enfermera que atendió durante cuatro años al Mono Jojoy, el jefe militar de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). Según fuentes militares colombianas, la mujer, identificada únicamente con el alias de Tania, entregó las armas voluntariamente en un cuartel del ejército en Villavicencio, la capital del departamento central del Meta.

Tania se vinculó a la guerrilla cuando tenía tan sólo 14 años, en 1993. Siendo guerrillera se capacitó en enfermería y bacteriología e instruyó a otros insurgentes, lo que la ganó la confianza del Mono Jojoy.

Según las primeras declaraciones de la mujer, el jefe guerrillero, cuyo verdadero nombre es Víctor Julio Suárez Rojas, sufre de diabetes crónica.

La enfermera relató también que se entregó porque "era sometida a innumerables vejámenes físicos y morales, tras la persecución de las autoridades a esa estructura guerrillera".

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