No protestaban porque la “banda de Arturo” los recibía permanentemente y siempre no solo lograban “la foto” en el despacho oficial. También conseguían “privilegiados nombramientos” para sus familias.
Chano no solo se dio el gusto de “ostentar dos cargos electivos” al mismo tiempo, y cuando perdió las elecciones en uno, el “vivillo” asumió en el otro. En síntesis nunca trabajó.
Además Romero, el eterno gremialista que nunca cumplió funciones de portero en la escuela donde está asignado, supo “acomodar a todo su árbol genealógico” dentro de la “seguridad de la plantilla del estado provincial”.
Hoy Chano y Zamudio –la dupla lamentable sin representatividad- “necesitan sentir nuevamente el calor del poder” para lograr los cometidos personales.
La “última lucha en el IPS” así lo demuestra, cuando ambos fueron “echados por los propios trabajadores del organismo”, ante la falta de seriedad, coherencia y transparencia que no tuvieron los “gremialistas” en el reclamo.
Mediante las “tardes de mates con Arturo”, el Chano logró colocar a su esposa y su nuera en el Instituto de Previsión Social.
Esos “amargos con el poder” también le dieron a Chano “la dulzura” de incorporar a su hijo y a su otra nuera en el Instituto de Obra Social de los correntinos.
La “tristeza” invadió sin embargo al Chano en la obra social, cuando se destapó que su primogénito “regenteaba” el club del IOSCOR, cobraba las cuotas aunque nunca existió, ni muchos otorgó una contraprestación. Algunos de sus “compañeros trabajadores” en la obra social todavía le buscan para que “devuelva la plata”.
El Chano y Zamudio están devaluados y los afiliados ya lo deslegitimaron desde hace tiempo. Ese frío calor que los eternos gremialista sienten que hoy los propios y verdaderos “laburantes” le propinan, pudo haber percibido el gobierno y por eso tal vez no encuentre en ellos la “interlocución” válida para llegar a los trabajadores.
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