Zaiat: “El control de divisas evita una crisis que afectaría a los sectores más vulnerables”

Zaiat: “El control de divisas evita una crisis que afectaría a los sectores más vulnerables”
Desde 1987, año en que ingresó a la redacción de Página/12, el economista y periodista Alfredo Zaiat viene aportando una nueva visión de la economía que abrió, junto a otros profesionales de ese campo, un paréntesis en la concepción clásica y conservadora de esa ciencia social.
El propio Horacio Verbitsky señaló, en una oportunidad, lo novedoso de su perspectiva: “Me aporta cosas, enfoques, información, críticas. Me ayuda a pensar la realidad del país”.

Zaiat lanzó recientemente Economía a contramano, un libro que apunta, según él, a “entrar en los debates políticos, económicos y sociales que hoy cruzan a la sociedad”. “Es una publicación de economía política, no es de marketing ni de ´cómo entender la economía en tres pasos´”, la definió.

En la actualidad, Zaiat es jefe de la sección económica del diario y dirige el suplemento económico Cash. Sin embargo, se detuvo unos minutos en su trabajo para recibir a Agencia Tercera Sección y expresar algunas opiniones sobre el ciclo económico y político que vive Argentina y para comentar algunas opiniones sobre el libro de su autoría y las idas y venidas del periodismo económico.

¿Por qué eligió ese título para el libro? ¿Es un cambio de enfoque?

Es una interpelación al saber económico tradicional, dominante durante décadas en Argentina, y que hoy sigue siendo importante y hegemónico, pero empieza a ser cuestionado. Entonces, el libro es a contramano de ese saber que se enseña desde la facultad, se desarrolla en los medios de comunicación y es sostenido por gran parte de las fuerzas políticas.

¿Cree que el periodismo económico continúa muy fuertemente ligado a las corporaciones o se comenzó a revertir?

Está empezando a haber una apertura. Se abrió una brecha en eso de que el periodismo económico sea el vocero de las corporaciones o de siempre dar una visión empresaria y se empezaron a debatir las raíces estructurales de las situaciones económicas.

Ese cambio, ¿lo nota hace mucho?

Hace bastante. El ciclo político del kirchnerismo empezó a abrir este debate económico con la reestructuración de la deuda y la interpelación al poder financiero vinculado con el Fondo Monetario Internacional (FMI). De esa manera se fue ensanchando ese cuestionamiento a los saberes tradicionales.

En una entrevista dijo que antes consultabas fuentes que, luego de mucho trabajo, te diste cuenta que eran lobistas, ¿Cuál es la clave para que se caiga ese velo?

Yo creo que tiene que ver con un proceso de maduración intelectual y de análisis de la situación económica argentina. No hay un hecho puntual. Tiene que ver con la propia dinámica política que se fue dando en el país donde se pudo ver de una manera más transparente como estos economistas de la city, los gurúes y ciertos funcionarios vinculados con los grupos económicos defendían esos intereses de los poderes económicos. La crisis de 2001 fue una bisagra en ese proceso.

Uno tiene que tener una mirada crítica y vocación de tratar de entender. Si los análisis van cargados de fundamentalismos, odios, cerrazón no hay forma de hacerlos.

En los últimos años, la economía ha experimentado una mayor difusión mediática que la ha hecho más cercana a algunos sectores para los que era inaccesible, ¿Ha perjudicado o mejorado el labor del economista?

Ha mejorado un poquito. Página/12, desde su nacimiento, siempre interpeló al poder económico. Fue una de las particularidades de este diario.

Esto se ha abierto a partir de un proceso nacional y regional, no es por un hecho divino y natural. Tiene que ver con un proceso político de cuestionamiento al modelo neoliberal.

ECONÓMICAMENTE INCORRECTO. La economía argentina ha intentado, en estos diez años, recuperarse de la devastadora década de los 90 que encontró su trágico desenlace en la crisis de 2001. En esta nueva etapa, el mayor desafío es la recuperación de la industria nacional para, después de mucho trabajo, alcanzar ese take off que le permita al país dar un salto cualitativo y competir igualitariamente en el mercado internacional.

A lo largo de su historia, Argentina se ha caracterizado por una economía de Stop and Go (avance y retroceso) en la cual la industrialización crecía a paso acelerado pero se frenaba por el faltante de divisas provenientes del sector agropecuario.

¿Cómo hacer para lograr una efectiva industrialización y sostenerla en el tiempo?

Para evitar la crisis por el estrangulamiento externo, se dispuso el nuevo régimen de control y administración de divisas, a lo que se le sumó la política de administración del comercio exterior que es más estricta sobre las importaciones. El proceso de industrialización es imprescindible para tratar de eliminar ese estrangulamiento externo. Para eso, se necesita un proceso deliberado e intenso de sustitución de importaciones para que la balanza comercial industrial deje de ser profundamente deficitaria. Entonces, de esa forma, se tiene menor requerimiento de divisas y a la vez no se depende tanto del sector agropecuario que se ha convertido, históricamente, en un poder político y económico de veto sobre las políticas económicas porque son los dueños de las divisas.

Otro obstáculo que ha tenido el país para desarrollar políticas de Estado en materia económica es la profunda inestabilidad política, ¿Cree que la continuidad del modelo kirchnerista por un período de 10 años ayudó a marcar un rumbo en este sentido?

Esa estructura económica es la que genera esa inestabilidad política. Las fuertes devaluaciones y este tema del Stop and Go, ¿Qué es lo que generaba? Crisis políticas, económicas y sociales. Por eso lo notable de este período político es que lucha por romper con esa tradición de las crisis cíclicas que sufre Argentina, cuyo disparador es la devaluación. Por eso, los sectores más conservadores alientan permanentemente a que eso suceda. Lo que aspiran es, además de lograr rentas extraordinarias y ganancias patrimoniales, a generar una crisis política.

Si en 2015 hay un recambio de gobierno, ¿Cree que esto afectaría la política económica?

Depende de la correlación de fuerzas sociales y de la densidad de espacios políticos que se construyan en función de la defensa de los intereses de las mayorías. Eso pone límite a cualquier estrategia de restauración conservadora. Sólo una dictadura a sangre y fuego pudo abortar un proyecto que estaba, con algunas dificultades, intentando sustituir importaciones. Sólo un gobierno de facto pudo quebrar la organización social y popular en relación a la defensa de los intereses de los trabajadores y del salario. Entonces, como hoy no hay condiciones ni locales ni internacionales para una dictadura de semejante gravedad y brutalidad, los que aspiran a una restauración conservadora se van a enfrentar con un entramado político y social muchísimo más complejo que le va a poner restricciones.

En los 90 los precios se mantenían congelados pero los salarios también, ¿Cree que es un problema más relacionado al costumbrismo el crecer con inflación?

Hay rasgos estructurales de la economía argentina que explican los aumentos de precios. En el libro detallo cinco factores: la puja distributiva, la devaluación, la suba de los precios internacionales, la estructura productiva desequilibrada y los mercados oligopólicos. Obviamente, una economía que crece como la argentina en el período 2003-2012, a una tasa muy alta, genera tensiones inflacionarias inherentes a esta estructura productiva que yo mencionaba.

En esta etapa que mencionaste, ¿Los sueldos crecieron más que los precios?

En este período, los sueldos formales, sí. Los aumentos de precios son un problema pero, hay que decirlo, la inflación entró dentro de la legítima disputa política. La exacerbación sobre el tema de la inflación favorece a las fuerzas opositoras y el discurso de que está controlado el aumento de precios favorece al oficialismo en esa búsqueda de generar hegemonía en la generación de expectativas sociales.

El mayor control sobre el intercambio de divisas que ha dispuesto el Gobierno Nacional ha generado el enojo de algunos sectores de clase media, ¿Cuál es el beneficio de una medida de esas características?

Evita una crisis política, económica y social que afectaría a los sectores más vulnerables, especialmente a los trabajadores, jubilados y la clase media.

¿Qué cree que hay detrás de ese descontento?

Es una minoría intensa e influyente. De enero a octubre de 2011 apenas el 12% de la población mayor de 18 años compró desde un dólar en el mercado oficial de cambio. Pensar que todos los argentinos quieren comprar dólares porque a todos los argentinos les sobra plata es una contradicción. Por otro lado, existe la gran molestia de los sectores que desarrollan su actividad en la economía informal, cuyos excedentes, que no están registrados, se canalizaban hacia el dólar porque no lo podían poner en plazos fijos, viviendas, bonos o acciones porque esas son actividades registradas. Entonces, como estaban en negro, compraban dólares ilegales. Hasta este nuevo método de control y administración de divisas, la brecha entre el dólar oficial y el marginal era de cinco o diez centavos. Ahora, es de casi el 50 por ciento. Entonces, su capacidad de ahorro ilegal ha disminuido. Por eso esa queja tan violenta.

Los subsidios y ayudas sociales han sido efectivas herramientas que el Gobierno Nacional implementó para salir de la crisis de 2001 airosamente pero los mismos se han prolongado en el tiempo, ¿Cree que en este tiempo se ha logrado generar trabajo genuino o se sigue apostando a los subsidios como forma de contención social?

Se ha generado trabajo genuino. El crecimiento del empleo en la Argentina es indudable. Y se ha creado trabajo de calidad. Ahora, se necesita crear más empleo de calidad y avanzar sobre ese núcleo importante de trabajadores informales. Este es uno de los grandes desafíos en el mercado laboral.

Las ayudas sociales han tenido un salto cualitativo para transformarse en derechos. Ya no es simplemente una ayuda social porque la persona está en un estado de indigencia extrema o no le alcanza para comer. La Asignación Universal por Hijo (AUH) es un derecho social de un ingreso mínimo para toda la población. Eso es totalmente diferente a como quieren presentarlo los sectores conservadores que dicen que es una asistencia o beneficencia.

Uno de los debates que se plantean a futuro es el establecimiento de una Ley de Coparticipación que le aporte mayor federalismo al país, ¿Qué forma debería tener esa nueva legislación?

Es un gran debate general que debe darse a nivel nacional. El tema es que se necesitan 24 distritos que se pongan de acuerdo; entonces, ya pasa a ser un debate político. Y me parece que esa discusión no se va a dar por ahora. Hoy no hay una vocación política de todas las jurisdicciones para debatir seriamente un sistema federal de distribución de recursos. Al mismo tiempo, hay un tema paralelo que son los sistemas tributarios provinciales que son profundamente regresivos. Entonces, para discutir la coparticipación también hay que debatir el sistema tributario nacional, eliminar exenciones impositivas totalmente injustas y que violan la equidad tributaria, lo del impuestos a las ganancias, entre otras cosas. Hoy no creo que el poder político nacional ni provincial, ni oficialismo ni oposición, tenga un nivel de maduración y profundidad para avanzar sobre ese aspecto.

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