Durante la apertura del cónclave, el jefe de Estado comenzó a despedirse y advirtió a sus sucesores sobre la necesidad de depurar la adminstración y hacer otras reformas
El congreso concluirá el próximo 14 y supone el comienzo de la despedida de Hu del poder, ya que durante este cónclave cederá el título de secretario general del partido al vicepresidente del país, Xi Xinping, quien también lo sucederá el año próximo en la jefatura de Estado.
Por televisión y radio los ciudadanos de Beijing siguieron con atención la apertura del XVIII Congreso en el que se elegirá a los líderes del gigante asiático para la próxima década.
En sus palabras de despedida, Hu defendió su herencia política de los críticos que hablan de la falta de reformas políticas y económicas e incluso de una “década perdida” para China.
El país creció hasta convertirse en la segunda mayor economía del mundo y consiguió “nuevos éxitos históricos”, afirmó. China enfrenta “tanto posibilidades sin parangón para su desarrollo como riesgos y desafíos hasta ahora desconocidos”, agregó.
Además, volvió a repetir una de sus premisas: China no copiará el modelo político occidental. El partido “dará todo el espacio a la fortaleza del sistema político socialista” y aprenderá de los logros políticos y culturales de otras naciones, pero “nunca copiará el modelo del sistema político occidental”, aseguró Hu.
En su discurso, Hu hizo especial hincapié en la lucha contra la corrupción, el problema que, según las encuestas, los ciudadanos consideran como mayor amenaza contra la estabilidad social y que fue la cuestión de fondo en los escándalos que rodearon los preparativos del congreso este año.
El protagonista principal de esos escándalos fue el dirigente expulsado del partido en septiembre después de acusarlo de corrupción grave, entre otros cargos, Bo Xilai, cuya esposa fue declarada culpable del asesinato el año pasado del empresario británico, Neil Heywood.
Hu también enumeró los problemas que afronta el país, desde el desequilibrio económico entre las ciudades y el medio rural hasta cuestiones medioambientales.
Pese a un descenso en el ritmo de desarrollo de la economía china, el saliente jefe de Estado prometió a los chinos una duplicación de sus ingresos para el año 2020 e indicó que el rendimiento económico del país también se duplicará para esa fecha. Tras años de un crecimiento desmedido, el presidente afirmó ante los más de 2.200 delegados reunidos, que el desarrollo económico se debe hacer “más equilibrado, coordinado y sostenible”.
El congreso también decidirá la composición del Comité Central del PCCh (unos 200 miembros), que a su vez elegirá al Politburó (25 miembros) y el Comité Permanente del Politburó, actualmente integrado por nueve personas, que podrían pasar a ser siete.
El discurso de Hu fue seguido con fervor popular
Los ciudadanos de Pekín siguieron ayer con atención la apertura del encuentro que definirá a los líderes del gigante asiático para la próxima década.
Aunque el discurso inaugural coincidía con el inicio de la jornada laboral, muchos pekineses lo escucharon por radio.
“La última década de reforma y apertura ha sido muy buena. Yo nací en 1950 –un año después de la fundación del PCCh– y el cambio que he visto es impresionante”, explicaba un ingeniero informático, de apellido Xu, que vio la inauguración del congreso desde su oficina con sus compañeros de trabajo.
Xu secunda las palabras de Hu y considera que “a todo el mundo debería interesarle su discurso, porque todos esperamos que la vida sea mejor en el futuro”.
Los más motivados ante el discurso fueron los ciudadanos sin obligaciones laborales, principalmente los jubilados, que en algunos casos hasta se reunieron para escuchar y comentar el discurso del aún presidente del Partido Comunista y jefe de Estado chino.
Para los reformistas, se trata de una década perdida
Muchos de quienes habían esperado que el presidente chino, Hu Jintao, impulsara reformas políticas y económicas en el país quedaron decepcionados por sus diez años en el poder, especialmente durante su último gran discurso como líder del Partido Comunista durante la apertura hoy del XVIII congreso en Pekín.
“La transformación industrial y la modernización tenían que haberse hecho la década pasada, pero no se hicieron”, señala Zhang Ming, politólogo de la Universidad Popular de Pekín. “Y la reforma del sistema político ni siquiera ha comenzado”, dijo. “Más bien el país fue marcha atrás. Sólo hicieron algunos arreglos técnicos. El sistema legal también fue marcha atrás.”
Para He Weifang, profesor de derecho de la Universidad de Pekín, “el sistema político chino, la libertad, la ley y el orden no se han desarrollado mucho hacia la democracia en los últimos diez años. Creo que es una década de estancamiento”, señaló.
“Económicamente hubo avances, ya que China se convirtió en la segunda mayor economía [del mundo], pero los problemas estructurales siguen sin resolverse”, como los monopolios de algunas industrias estatales, opinó.
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