Vuelve la tensión con protestas en Yemen y feroz represión en Siria

Mientras la coalición internacional que intervino en Libia vacila sobre la estrategia militar para combatir a Muamar Kadafi, decenas de miles de manifestantes salieron ayer a las calles de Siria y Yemen para protestar contra los gobiernos de Bashar Al Assad y Abdullah Saleh respectivamente.
En la convulsionada ciudad siria de Deraá, las fuerzas de seguridad respondieron una vez más con una feroz represión que dejó al menos veinte muertos, según testigos de la oposición.

El gobierno de Al Assad había prometido levantar el estado de emergencia que rige desde 1963, liberar a a los presos de las recientes protestas e implementar un paquete de reformas económicas que incluye suba de salarios públicos. Pero los anuncios no conformaron a los detractores del régimen que dirige el país hace cuarenta años. Miles de personas volvieron a marchar hacia Deraá, escenario de las principales manifestaciones en los últimos días.

Un militante denunció que “diecisiete manifestantes murieron por disparos contra una concentración que se dirigía hacia Deraá. Fueron blanco de disparos en Sanamein”, 40 kilómetros al norte del bastión opositor. Según la misma fuente, los uniformados también abrieron fuego contra un grupo de manifestantes, cerca de la casa de un gobernador destituido, que arrancaron un retrato de Al Assad e intentaron derribar una estatua de su padre. “Hubo víctimas.”

En el mismo sentido, otro manifestante dijo a la cadena árabe Al Jazeera que la Policía “disparó al azar y hay más de veinte mártires”. Los opositores marcharon al grito de “Dios, Siria, libertad y nada más” y se cruzaron con partidarios del régimen, que les respondían: “Con nuestra sangre y nuestra alma, nos sacrificaremos por Bashar”.

En un comunicado difundido a través de Facebook, la opositora Unión de la Juventud Siria llamó a “los miembros del régimen a dimitir” y a formar “un gobierno de transición que integre a todos los componentes del pueblo”. El partido de gobierno, sin embargo, consideró que “una nube pasajera pasó, pero Siria demostró su voluntad de superar la crisis”.

Ante la creciente violencia política, desde Washington la Casa Blanca “condenó con fuerza” la represión ejercida contra “ciudadanos comprometidos en manifestaciones pacíficas”. En tanto, el secretario general de Naciones Unidas, Ban Ki-moon, dialogó ayer con el presidente sirio, Bashar al Assad, y le pidió una “investigación transparente” sobre la “violencia en la ciudad de Daraa”.

En Yemen, mientras tanto, el anuncio del presidente Saleh acerca de que sólo traspasará el poder a “manos seguras” encendió la ira de sus enemigos, entre los que se cuentan varios ex altos mandos del Ejército. Miles de yemeníes se congregaron en Sanaa para exigir la renuncia inmediata del mandatario. En paralelo, Saleh organizó una importante exhibición de fuerza cerca del palacio presidencial. “Nos mantendremos firmes y les haremos frente con todo el poder que tenemos”, arengó a sus fieles.

El jefe de la coalición opositora yemení, Yassin Noman, rechazó la oferta de renuncia para fin de año de Saleh y la calificó de “palabras vacías”. Insistió en que no habrá “ni diálogo ni iniciativas para este régimen muerto”. Al cierre de esta edición, el riesgo de choque entre ambos bandos era cada vez mayor. El Ejército realizaba disparos al aire para dispersar a los manifestantes, que seguían a la espera de novedades en la plaza central. Es que el mundo árabe sigue en alerta máxima

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