El rector de la UNQ, a través de esta columna de opinión, expresó su total respaldo al Gobernador bonaerense en su candidatura a Presidente de la Nación. "Que el enojo no nos nuble la razón", sugirió el doctor Mario Lozano de cara al balotaje
Queridos integrantes de la comunidad universitaria, queridos vecinos de Quilmes.Estos son días cruciales para definir nuestro futuro más cercano. Por primera vez, asistimos a debates presidenciales y en pocos días elegiremos presidente de la Nación en segunda vuelta.
Me interesa resaltar que, más allá del resultado de las elecciones, el proceso electoral en marcha se inscribe en el período democrático más largo de la historia de nuestro país y ha transcurrido en un marco notable de tolerancia y paz. Siento la responsabilidad como rector de una universidad pública, de participar con humildad y firmeza en este debate, aportando mis puntos de vista. Puntos de vista que no considero verdades reveladas, sino que intentan aportar razones a una toma de decisión coyuntural y trascendente, y que no aspiran a ser representativos de la totalidad de los integrantes de nuestra Universidad.
La UNQ es una institución compleja y diversa y, como tal, conviven en nuestra casa de estudios distintas miradas y posturas políticas, cada una reconocible y respetable. Hay momentos, como el actual, en que el enojo prima sobre nuestras decisiones y quienes tenemos alguna responsabilidad pública debemos contribuir a iniciar un diálogo sereno, respetuoso y comprensivo. No creo que sea saludable para nuestra sociedad que la mayoría tome una decisión trascendente desde la bronca.
Sobre todo cuando nuestro pueblo hizo que ese enojo se expresara en un castigo al partido de gobierno que, como consecuencia, tiene menos diputados, intendentes y gobernadores, lo que no es un dato menor. Haber sido parte del gobierno de la Universidad Nacional de Quilmes me ha permitido ser testigo directo de los cambios que operaron en esta ya larga década en educación superior.
La gratuidad ha sido un instrumento de inclusión de los jóvenes pertenecientes a los sectores medios, y sobre esa base, las becas han sido el instrumento para el acceso a los jóvenes pertenecientes a los sectores humildes. Y este debería ser uno de los desafíos que se vienen: la igualdad de oportunidades para terminar de asegurar que todos los que deseen cursar estudios universitarios provenientes de los hogares de menores ingresos puedan acceder a la universidad.Nuestra Universidad ha crecido como nunca en estos 10 años. Nuestro presupuesto pasó de 20 millones en el 2004 a más de 500 millones de pesos en la actualidad. Esto nos permitió construir y equipar más aulas, laboratorios, un centro de producción audiovisual, incorporar más docentes, investigadores, personal, duplicar las carreras de grado y multiplicar por 10 las carreras de posgrado.
Generamos una escuela secundaria técnica y la secundaria de adultos y estamos lanzando nuestra radio y el canal de TV digital.Todos los días veo a nuestros estudiantes esforzarse para concretar sus estudios y para participar de los cientos de actividades que la vida universitaria ofrece, muchas de ellas actividades solidarias, democráticas, formadoras de mejores ciudadanos.
La gran mayoría, siete de cada diez, son el primer integrante de su familia que pudo acceder a la Universidad. Muchos de ellos se han graduado y se han convertido en miles de nuevos científicos y de trabajadores del comercio y la industria aportando al desarrollo del sistema de producción y servicios en Argentina, una actividad esencial para garantizar el crecimiento y la generación de nuevas fuentes de trabajo. En pocos momentos de la historia Argentina, les hemos podido dar estas oportunidades a los que menos tienen.
Estoy orgulloso de nuestros estudiantes y graduados. Cuando uno de nuestros investigadores nos deslumbra con el desarrollo de una vacuna contra el cáncer de pulmón, única en el mundo, veo a su lado a decenas de estos graduados que engalanan nuestra Universidad. Ver ese orgullo reflejado también en la cara de padres, amigos y familiares en las ceremonias de entrega de títulos es uno de los mejores momentos que ocurren en la UNQ. Todo esto forma parte de lo que llamamos inclusión. Y este proceso de inclusión educativa lo venimos llevando adelante con los mejores parámetros de calidad. Los que siempre nos han caracterizado. Los argentinos tenemos un sistema de educación superior que nos enorgullece. Sabemos que en las peores épocas, cuando nuestros graduados debían migrar al exterior, ellos tenían éxito en cualquiera de los países donde se instalaban, debido a la excelente formación recibida en nuestras Universidades.
Ahora que los científicos y graduados están volviendo, ellos pueden aportar su conocimiento para garantizar y mejorar la calidad de este sistema.Todos estos logros se consiguieron gracias al inestimable apoyo de la ciudadanía y el aporte del estado y ya son parte de la historia de la UNQ, una historia que sé que los quilmeños conocen y valoran, en gran parte por la difusión que tienen nuestros logros en la prensa local, escrita y audiovisual, a la que siempre agradecemos.
Por eso no quiero que el enojo nos tape la alegría por lo que hicimos juntos, como sociedad, como pueblo. Que la rabia no ciegue el entendimiento de que necesitamos consolidar algunos caminos, porque es muy fácil desarmar en poco tiempo lo que cuesta décadas construir. Ninguna declaración de campaña puede igualarse al conocimiento de la historia.
Esta Universidad es un inmenso igualador de oportunidades. Estoy seguro de que nuestros hijos y nietos van a agradecer que sigamos por este camino. Un camino de inclusión con calidad que nos permita completar lo que falta. Un camino que requiere necesariamente de una importante inversión estatal y del apoyo constante de nuestro pueblo.Ahora tenemos que decidir entre dos candidatos y también entre dos modelos. Uno de los candidatos cree que estudiar en la universidad es un derecho de cada habitante de este país. El otro, cree que es un bien, una mercancía que tiene un costo. Uno de los modelos cree que el mercado es el regulador principal de las relaciones sociales y el otro otorga un rol central al Estado.En estos años, debido a mis funciones tuve la oportunidad de reunirme en varias oportunidades con Daniel Scioli. Una de esas veces fue cuando visitó la feria anual de la Unión Industrial de Quilmes que se realizaba en el predio de la UNQ.
Con él conversamos sobre la importancia del aporte que la ciencia y la tecnología podían hacer a la producción industrial y nos sugirió avanzar en un instrumento que aúne a los industriales, los investigadores universitarios y al estado para generar nuevas alternativas de producción genuina en el distrito. A partir de ello, diseñamos nuestra agencia de desarrollo. Un logro que ya se hizo realidad y del que participan la propia Unión Industrial, la Universidad y la Municipalidad de Quilmes.
Hace poco tiempo, los rectores de las Universidades Públicas hicimos una propuesta acerca de cómo mejorar la educación superior de cara a estas elecciones. Esta propuesta fue aprobada por unanimidad por todos los rectores del sistema, algunos de ellos de extracción peronista, otros radicales, o socialistas o independientes, demostrando que los argentinos podemos ponernos de acuerdo en políticas que consideramos centrales.
Daniel Scioli fue el único candidato que se comprometió a ponerlas en práctica en caso llegar a la presidencia. Sé que no hay, ni busco, dirigentes omnipotentes y sin contradicciones. Sin embargo, creo que las historias de la vida pública y privada, personal y colectiva, política y social de Daniel Scioli hablan por sí solas de que podrá asumir estos compromisos que garanticen la igualdad de oportunidades para nosotros y para nuestros hijos. Por todo ello, les pido nuevamente que el enojo no nuble la razón. Por todo esto, yo voto a Scioli.
Doctor Mario Lozano
Rector de la Universidad Nacional de Quilmes

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