La peatonal exhibió ayer un gran número de puestos improvisados, pese a los controles municipales. En varias zonas había hasta 50 vendedores por cuadra.
Hasta ayer, los puesteros se resistían a irse de la peatonal bajo el argumento de que no les asignaron otro lugar que les resulte tan redituable como el área central para trabajar.
Martín Luque, subsecretario de Convivencia y Seguridad Ciudadana, afirmó a este diario que desde que asumieron vienen haciendo propuestas a los vendedores para crear una feria franca. “Ninguna fue aceptada”, sostuvo.
“Lo que hacen es ilegal y nuestra obligación es impedirlo. No queremos dejarlos afuera del sistema, pero necesitamos que también pongan voluntad”.
En el Parque Las Heras, lugar dispuesto por el Municipio para que se instalen en forma temporaria, en la semana no hubo más de 10 vendedores, quienes contaron que comercializan muy poco, que estuvieron sin baños entre lunes y miércoles y que, al caer el sol, el lugar es inseguro por la iluminación deficiente.
“Vinimos acá con la esperanza de que la Municipalidad nos de un permiso definitivo y un lugar adecuado para vender”, explicó ayer Nancy Artázar, una cordobesa de 41 años que vende almohadones que ella misma confecciona. “Por acá no pasan peatones, los pocos que nos compran son personas que pasan en auto y paran”, contó.
Mientras, en el centro, cientos de vendedores se instalan a pesar de la presencia de inspectores y policías. Ayer, pasado el mediodía, había hasta cinco manteros por cuadra entre Duarte Quirós y avenida Colón. Y entre Colón y Humberto Primo, sobre todo en calle San Martín, se contaban de a 50 por cuadra. Además, están los carros azules que fueron otorgados a personas con discapacidad, pero que en algunos casos, según funcionarios municipales, son explotados en forma ilegal por terceros.
Durante toda la semana, en distintos momentos, hubo forcejeos entre los vendedores e inspectores y policías. Sin embargo, hasta la tarde de la víspera, desde la Municipalidad sostuvieron que no iban a utilizar la fuerza para desalojarlos ni iban a quitarles la mercadería que tienen para la venta.
Los escarpines de Flor
Tejedora. Hasta 2007, Flor Aguirre fue empleada doméstica, pero debió abandonar por problemas de salud. Se dedicó, entonces, a tejer escarpines. Hasta abril los vendía a comercios, pero como le pagaban poco, decidió hacerlo en la peatonal. “Cuestan 20 pesos.
En el centro, vendía hasta 20 por día. Ahora, hace una semana que estoy en el Parque (Las Heras) y no vendí ni uno”, aseguró.

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