Vocación de servicio: voluntarios ayudan a desamparados a trasladarse al refugio

Vocación de servicio: voluntarios ayudan a desamparados a trasladarse al refugio
Un total de 15 personas, en su mayoría jóvenes estudiantes universitarios realizan la noble labor de colaborar con las personas en situación de vulnerabilidad. Los escoltan hacia el refugio “Beato Juan Pablo II” donde pueden pasar la noche y tener un plato de comida caliente. Además instan a la comunidad a colaborar más.

Con la solidaridad y la entrega desde el corazón como impulsos que los motivan, un grupo de 15 voluntarios día a día durante todo el invierno llevan a cabo una tarea tan noble como necesaria; trasladan a personas en situación de calle hacia el refugio “Beato Juan Pablo II”, que funciona en la parroquia Nuestra Señora de Itatí.

Además de brindar contención y cariño hacia gente muchas veces relegada por la sociedad, los partícipes de esta actividad también realizaron un llamado a todos los correntinos para que sean parte de este tipo de acciones encomiables.

En busca de conocer la tarea que llevan a cabo los voluntarios, muchas veces anónimos, El Litoral dialogó con tres de ellas.

La charla que se desarrolló en la sede de Cáritas Arquidiocesana minutos antes de que llegará el colectivo que trasladaría a la gente sin techo, dejó en claro que este tipo de labores más que un trabajo es una vocación que nace en el interior de cada voluntario. Posteriormente este diario realizó junto a ellas el camino que diariamente transitan junto a las personas sin hogar.

La referente del área de Emergencia de Cáritas filial Corrientes, Patricia Monzón comentó que “esta actividad la estamos realizando hace siete años, se inició en la iglesia San Francisco, allí se trabajaba con la gente en situación de calle, en ese tiempo se trabaja con jóvenes y adultos, adictos y no adictos”, dijo y agregó que “después se realizó en el Teléfono del Niño, luego en el hogar de ancianos, en el Rincón de amigos, la carpa municipal y desde hace dos años colaboramos con el refugio”.

En total son 15 voluntarios que se distribuyen durante la noche y la mañana. Y no todos ellos son correntinos también hay colaboradoras de otras provincias como Entre Ríos y Santa Fe.

Las personas desamparadas son recogidas por un colectivo cedido por la Comuna a las 20 por la sede de Cáritas, al otro día a las 8 el mismo vehículo junto con un voluntario los buscan del centro de contención y los dejan nuevamente en la plaza Cabral. Cabe señalar que el recorrido también abarca la plaza Torrent y el Hospital Escuela ya que en el albergue también se brinda cobijo a personas que tengan familiares internados y no tengan donde pasar la noche.

“El objetivo es que cada persona tenga un techo, un lugar ameno donde dormir y una comida caliente”, indicó Claudia Vallejos otra de las voluntarias.

Con respecto a las historias que muchas veces pasan inadvertidas para el grueso de la población y que cada persona sin techo carga tras de si y en muchos casos definen su situación actual, Claudia comentó que “el que más habla es un ex combatiente de Malvinas oriundo de Yapeyú que está en Corrientes porque tiene problemas con su familia”. “Además muchos de los hombres tienen problemas con el alcohol, el hecho de que estén en la bebida hace que las familia no lo acepten”, señaló Norma Ramírez otra colaboradora.

Asimismo las voluntarias señalaron que la mayoría son hombres de entre 40 y 42 años, ninguno es mayor de 50. Actualmente son ocho las personas que son recogidas en las noches invernales.

Tras la ola polar el refugio se vio con sus capacidades colmadas y muchas veces sucede que personas no pueden ingresar, en este sen-tido Patricia comentó que “este año el refugio funciona para adultos pero con la llegada del frío aumentó el número de jóvenes y al no haber un lugar específico para ellos, muchas veces no pueden ingresar pese a que tenemos toda la voluntad del mundo”, expresó mientras que otra voluntaria afirmó que en esos casos se les retira la comida y se le entrega un plato caliente y abrigos.

También aprovecharon para pedir mayor colaboración a la población.

Finalmente, las tres mujeres reflexionaron acerca de su servicio. “Hacer esto es algo que nos gusta mucho por eso no nos parece difícil sí entendemos cuando un nuevo voluntario se asusta pero cuando uno le explica cómo es la vida de esas personas desamparadas muchos comienzan a querer más su trabajo", dijo Patricia. "Desde los nueve años ya trabajaba con la gente en una capilla", contó Claudia. “Lo que más me llena es cuando me dicen “gracias hasta mañana que Dios te bendiga", concluyó Norma.

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