En la barriada de Las Colinas la mayoría de los habitantes no tiene servicio de agua de red. Tienen que esperar entre diez y quince días para que el camión cisterna los abastezca.
"Todos los días me levanto bien temprano para despertar a mis hijos. Mientras mis chicos se levantan agarro un balde y camino a la entrada de mi hogar en busca de agua. Acá la tenemos afuera de la casa, en tachos, porque así es más fácil cargarlos cuando viene el aguatero. De ahí, saco un poco para hacerle el desayuno a mis hijos, para que se higienicen y se laven los dientes. Si alguno quiere bañarse tengo que calentarle agüita en la pava eléctrica. Es feo vivir sin agua. Uno tiene que acostumbrarse y cambiar sus rutinas", expresó Claudia Illanes, una vecina de barrio Las Colinas.
Es difícil imaginarse la vida sin agua. Pero Claudia lo tiene que hacer día a día desde hace cinco años, cuando decidió irse a vivir a uno de los barrios más afectados por al falta de agua. "Es triste vivir así, sobre todo por la impotencia que me genera no poder tener agua. Nosotros acá sabemos lo que es estar sin agua y que el aguatero no venga. Yo sé todo lo que se sufre, y sobre todo los días de calor como ahora".
Claudia actualmente esta desempleada y vive con sus dos hijos. El mayor tiene 20 años y el menor 16. "Cuando no viene el aguatero no tenemos agua para bañarnos ni para beber. Así que esos días tengo que deambular por cuadras para pedirle a mis vecinos".
La imagen se repite en todas las calles del barrio. Todas de ripio, casas precarias de bloques de cemento o madera, un alambrado improvisado que divide una casa de la otra y en la entrada de cada hogar tachos metálicos o plásticos que cumplen la función de contener el agua que les deja el camión cisterna de Aguas del Norte. Algunos vecinos, los que pudieron juntar unos pesos, tienen en sus frentes tanques de agua de 800 litros. Pero la situación es la misma.
Claudia le cuenta a El Tribuno que el aguatero, como ellos le dicen al camión cisterna, va al barrio cada diez o quince días, aunque aclara que es común que se demore más tiempo. Después de que se van sus hijos, el más grande a trabajar y el menor a la escuela, Claudia empieza con las actividades de la casa. "Hoy tengo los tachos vacíos así que no puedo lavar. El lavarropas me usa mucha agua, así que se me está amontonando la ropa. Recién vengo de la casa de mi amiga. Fui a pedirle agua para cocinarle a mis hijos", aclaró con una sonrisa apesadumbrada. Parece que tantas carencias y tantas dificultades, la cansaron.
Un problema sin solución
En barrio La Colina viven aproximadamente 300 familias. La mayoría no tiene agua. Silvia Guerra, del centro vecinal, contó que desde el Gobierno provincial hace años que prometen las obras. "El ingeniero Zorpudes, de Obras Públicas, nos dijo que están buscando empresas que quieran realizar el trabajo, pero hasta ahora no pasó nada".
Los problemas con el suministro de agua se replica en muchos barrios de la ciudad salteña. San Silvestre, Mirasoles, Floresta, Las Colinas, Democracia, Divino Niño, El Carmen, Virgen del Rosario, son algunas de las barriadas que sufren desde hace años cortes en el servicio, baja presión, o directamente no tienen agua. Este servicio público es el más fundamental de todos y miles de salteños padecen todos los días un servicio ineficiente y que por ahora no tiene solución. El problema reside en las bajas inversiones que se hicieron en los últimos años, que se fueron quedando atrás de la expansión urbana que sufrió la ciudad. Los datos oficiales reflejan que a lo largo de seis años (2007-2012), sólo se invirtieron 272 millones de pesos en infraestructura de agua potable, unos $45 millones por año. El gobernador Juan Manuel Urtubey había prometido, en 2011, inversiones cercanas a los 100 millones de pesos por año. Un compromiso para que todos los hogares de Salta tengan acceso al agua potable. "Todos los días espero que se haga la realidad de tener agua en mi casa, ¿hasta cuándo tendré que seguir esperando", se preguntó Claudia, de barrio Las Colinas.

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