Por segundo día consecutivo Irlanda del Norte registró ayer los peores incidentes de violencia en más de una década, que llevaron al primer ministro, Peter Robinson, a ofrecerse para mediar directamente a fin de resolver el siempre latente conflicto entre grupos católicos y protestantes. Los choques comenzaron el martes, cuando unos 400 militantes de ambos sectores coincidieron en las calles de Short Strand, un enclave católico insertado como una cuña en esa zona mayoritariamente protestante del este de Belfast, la capital.
En la noche del martes un fotógrafo inglés había sido herido de bala al quedar en medio de los incidentes. Las autoridades confirmaron que se abrió una investigación para determinar si el reportero fue blanco de un intento de asesinato.
El PSNI reiteró que detrás de los hechos de violencia de estos días, en los que “participaron muy pocas personas”, estaría el grupo paramilitar protestante Fuerza Voluntaria del Ulster. De todas maneras, el servicio no aportó ninguna prueba de ello. Los incidentes de esta semana son los peores en Belfast desde la firma de los acuerdos de paz suscriptos por las partes en abril de 1998.
Alistair Finlay, asistente del comisionado policial, opinó que “la Fuerza Voluntaria del Ulster orquestó la violencia para generar nuevas tensiones sectarias” en la capital norirlandesa. El Sinn Fein, antiguo brazo político del ahora desarmado Ejército Republicano Irlandés (IRA), acusó a los protestantes de haber iniciado los ataques, mientras que el Partido Unionista del Ulster (UUP) aseguró que, previamente, grupos católicos habían asaltado casas de Short Strand.
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