Violencia urbana: Una discusión por un semáforo en rojo terminó a los tiros

En la madrugada, una disputa entre dos encargados y un automovilista que pasó en rojo en Recoleta derivó en golpes. El del auto les disparó a los otros y escapó. Uno fue herido por la espalda y está grave.

Un semáforo en rojo. Un auto que lo cruza, roza a dos hombres. Y la furia: ayer, en plena madrugada, dos porteros fueron baleados por el conductor que casi los atropella y que después de discutir por eso sacó un arma, disparó y huyó. Uno de los heridos, de 28 años, está grave: y resiste en terapia intensiva, con el pulmón perforado. El otro herido es su tío, tiene 50 años y se recupera en una clínica privada después de dos balazos: uno en el hombro izquierdo y otro en la pierna derecha.

Todo ocurrió pasada la una de la mañana, cuando Catalino Rojas y su sobrino, Javier Villalva, volvían de cenar. Caminaban por Junín y cuando cruzaron Peña casi los tocó el auto, un Peugeot que venía rápido por Peña y se desencadenó la pelea. Hubo al menos seis disparos. El ruido movilizó a los vecinos que salieron a la calle y se encontraron sorprendidos con los heridos por la reacción del automovilista que, hasta anoche, todavía era buscado por la Policía de la Comisaría 19°.

Pasado el mediodía, Catalino le contó lo ocurrido a Clarín. Internado en el Fernández –antes de ser trasladado–, lamentaba, sobre todo, lo inesperado y el grave estado en el que quedó su sobrino. “Habíamos ido a jugar al fútbol, como todos los martes. Después fuimos a comer algo y veníamos caminando por Junín, hacia nuestras casas. Javier vive cerca, así que salimos juntos. Cuando cruzamos Peña se apareció este auto. Casi nos atropella así que le gritamos. Bajó y mostró el arma: ahí me salió lo que pude hacer, pegarle. Traté de controlarlo así. Pero fue inevitable: no lo golpeé fuerte como para frenarlo y disparó. No escuché nada, solo sentí el dolor en el hombro y en la pierna. Tampoco vi cuando le disparó a mi sobrino, me di cuenta cuando lo vi ensangrentado”, relató.

Y siguió: “El tipo se escapó. Y yo caminé como pude hasta casa, abrí la puerta y llegué a avisarle a mi mujer. ‘Ayudame, me estoy muriendo’, le rogué. Después perdí la fuerza”. Catalino es conocido en el barrio como Nino, vino de Formosa en 1983 y hace menos de diez años que es portero del edificio de Junín al 1300. Ayer no quería fotos. Dijo que sentía miedo, por él y por su familia. Los dos balazos entraron y salieron de su cuerpo. Y no tocaron ningún hueso, contó, aliviado. Pero está quebrado: su sobrino, también encargado, está grave, con una bala en un pulmón, internado en la Clínica Ciudad del Suterh, en Caballito.

“El tipo estaba loco. Pasó en rojo, no discutió con ellos y sacó un arma. Fue un segundo, y todos dicen que sabía disparar: tiró en el hombro, en la pierna, y al más joven en la espalda. Después huyó, se escapó corriendo. Y los dos quedaron esperando a los gritos, pidiendo ayuda”, contó José, vecino de los heridos. Héctor Godoy, amigo, y portero del edificio de la esquina donde fue el tiroteo también escuchó los tiros. “Hasta que vino la mujer de Nino y nos avisó. La ambulancia tardó: la primera llegó a los 25 minutos y la segunda a los 45. Y la Policía tampoco se apuró, uno vino caminando de la otra esquina”, se quejó.

El ataque de furia del conductor tiene antecedentes en la Ciudad. Solo el año pasado hubo cuatro casos que sorprendieron por su brutalidad. A fines de marzo, un taxista no superó la ansiedad y atropelló a una caravana de ciclistas que estaba pasando por Figueroa Alcorta y Sarmiento, pleno Palermo. Hubo tres heridos y el conductor huyó. Y a mediados de abril la pelea por un contenedor de basura terminó con un muerto. Fue en Mataderos, cuando un hombre de 30 años le dio una paliza a otro de 60 porque no se ponían de acuerdo en dónde dejar el tacho. Quedó tan herido que falleció en la calle antes de ser atendido y el agresor quedó detenido. Y hubo más: en julio, un hombre discutió con el chofer de un colectivo de la línea 37 porque se negó a subirlo fuera de la parada, le rompió un vidrio y el conductor lo atropelló y lo mató. En octubre la víctima fue un auto: una médica llegó a su cochera, la vio ocupada y le pegó siete tiros. Ya tenía otra causa por disparos.

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