Villa Crespo suma ofertas y crece como polo gastronómico

En los dos últimos años, a la par del boom de los outlets de ropa, abrieron restaurantes y cafés y ya hay Más de 130 propuestas. ¿Los clientes? Vecinos, turistas y porteños que eligen el barrio como salida.
Hasta no hace mucho, Villa Crespo era tierra de talleres mecánicos, depósitos y casas bajas. A mediados de la década pasada, aparecieron los outlets de ropa . Pero había pocas propuestas gastronómicas. Eso está cambiando: en los últimos tiempos la zona floreció con más de 130 cafés, bares y restaurantes, que conforman un polo dedicado a la buena cocina .

Antes, la oferta de restaurantes de Villa Crespo se conglomeraba en los alrededores de la avenida Estado de Israel, en la frontera con Almagro , donde persisten clásicos como Luigi, Garbis o Alé Alé. Un poco más lejos, en Thames y Jufré, Sarkis siempre atrajo con su comida armenia. Ahora, el mapa gourmet del barrio alcanzó la zona de los outlets, en las inmediaciones de Aguirre y Gurruchaga.

“Hace diez años, acá no había nada. Después abrieron los locales de ropa, pero no había lugares para comer. Por eso con mis dos socios nos instalamos en la zona. Ofrecemos cocina vegetariana sencilla, saludable y casera, con influencia ítalo-española, incluyendo risottos, pastas y pizzas. Como vienen a almorzar los chicos que trabajan en los locales, tenemos un menú a buen precio . También recibimos turistas que vienen a hacer compras. Incluso, hay operadores que arman paquetes de compras que incluyen el almuerzo en un restaurante de la zona”, cuenta María del Carmen Vera, de Almacén Purista, un café que abrió en mayo de 2011 en Ramírez de Velasco al 700.

Así, muchos locales que nacieron para recibir negocios de ropa, fueron readaptados para gastronomía. Uno de los recién llegados es Mazzo Coffee & Deli, que abrió en octubre en la remodelada esquina de Gurruchaga y Ramírez de Velasco. Ofrece ensaladas, sandwiches, picadas, tapeos y pastelería. “Elegimos Villa Crespo porque en otras zonas, como Palermo, ya hay muchas opciones. Acá todavía hacen falta lugares para comer . Y me gusta que sigue siendo bien barrio. Entre nuestros clientes hay mucha gente que vive acá”, cuenta la dueña, Sheila Zetone.

La tradición judía del barrio está presente en La Crespo, en Thames al 600. Son muchos los que llegan a este pequeño local para probar su sandwich de hot pastrami, al estilo neoyorkino, con pastrón caliente, pepinillos agridulces y cebollas caramelizadas.

Uno de los pioneros en la zona de outlets fue Salgado Alimentos, que está desde hace seis años en una antigua fábrica de pastas, en Ramírez de Velasco y Aráoz. “Soy de Villa Crespo, pero no es por eso que abrí acá. Siempre pensé que mi producto iba a tener éxito más allá del lugar donde lo ofreciera”, asegura Esteban Salgado. Su especialidad son las pastas rellenas: ravioles de batata y almendras, de morcilla, naranja y almendras, sorrentinos negros de salmón y camarones... Al mando de la caja de su salón, que está repleto, Salgado no cree que Villa Crespo sea un polo gastronómico: “Hay mucha confusión. Lo que abrieron son cafeterías y sandwicherías . Lo mío sí es un restaurante y recibo a gente de toda la Ciudad que viene especialmente”.

Del otro lado de avenida Corrientes, en Camargo al 200, el chef camerunés Maxime Tankouo apostó por un proyecto mucho menos afín al paladar argentino. Y le fue bien. En 2008, abrió el único restaurante de cocina africana de la Ciudad: El Buen Sabor. En sus platos, la carne es sólo un acompañamiento. Como el roti de papa, que viene con carne o pescado; el frito de porotos con carne o pollo, o la salsa de maní, hecha con pasta de maní frito, que sale con pescado, pollo o carne. “Busqué un barrio con perfil bajo, porque no sabía qué respuesta iba a tener la comida africana –explica Tankouo–. De Villa Crespo me gustó su tranquilidad y que no tenía muchos restaurantes. Después fue creciendo y apareció competencia. Eso me favoreció, porque ahora la gente ya sabe que el barrio es una zona gastronómica y lo elije como salida ”.

Al margen de los locales a la calle, al barrio también llegó una movida instalada no hace mucho en la Ciudad: los restaurantes a puertas cerradas . Como Paladar Buenos Aires, donde el chef Pablo Abramovsky y la sommelier Ivana Piñar ofrecen cocina de autor. Sólo le revelan su dirección a quienes hacen una reserva por teléfono o en www.paladarbuenosaires.com.ar. “Es que recibimos a la gente en nuestra casa –explica Ivana–. Empezamos abriéndola para alumnos de cocina. Mi marido les daba clases y después se quedaban a comer lo que habían preparado. Esas veladas salían tan bien, que nuestros amigos y familiares querían unirse. Entonces decidimos abrir la casa también para ofrecer nuestras mejores comidas y atender a la gente en forma más personal.

Villa Crespo es ideal para hacerlo, porque es un barrio donde todavía se vive y todos nos conocemos”.

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