Por Juan CerrutiLa Argentina cierra esta semana otro capítulo en la novela del default de la deuda que se inició hace casi nueve años. Pero aunque el Gobierno logró una adhesión superior al piso del 60% que se autoimpuso, la normalización de las relaciones financieras internacionales demandan pasos adicionales que tarde o temprano deberán ser encarados.
n Juicios pendientes: La aceptación alcanzada en el canje, mayor a la prevista inicialmente, siempre suma. Cada bonista que ingresa a la operación es un potencial demandante menos contra el país. Pero hay un núcleo duro, crítico, de alrededor de u$s 3.000 millones, constituido en su mayoría por fondos buitres, que seguirán al asedio de los bienes de la Argentina para embargarlos.
Es por eso que en el Ministerio de Economía estudian distintas vías legales para presionarlos a deponer su estrategia. La principal pasa por intentar que la Justicia de EE.UU. avale un mecanismo similar al de la Ley de Quiebras de los privados, que obligue a una suerte de Acuerdo Preventivo Extrajudicial (APE) y su homologación. Así, quienes no ingresaron el canje debería aceptar la decisión de la mayoría. En este contexto es clave para el Gobierno lograr en la operación una adhesión superior al 66%, dado que es porcentaje que se suele utilizar para considerar mayorías. De todas formas, la suerte de esta estrategia judicial es incierta, dado que no hay antecedentes a nivel internacional.
n Club de París: Es sin dudas otro de los pasos que vienen. Se trata de u$s 6.500 millones que aun están en default. Regularizar esta deuda permitiría activar una gran cantidad de créditos hacia el país que hoy están congelados. Se trata de los préstamos que de los bancos públicos de países como Alemania, Japón o Francia. Es crucial para un país cómo la Argentina, donde el crédito a largo plazo y baja tasa (en general utilizado para financiar grandes obras de infraestructura) es escaso. Por ejemplo, las últimas dos centrales termoeléctricas del país se construyeron con préstamos del Bank of Japan y el Eximbank de Alemania, entidades que hoy no pueden prestar por la cesación de pagos con el Club de París. Desde el Gobierno deslizaron semanas atrás que estudian un particular mecanismo para regularizar estas obligaciones. Un esquema por el cual la Argentina “canjearía” esta deuda por la posibilidad de realizar inversiones en el país en condiciones más ventajosas. Desde la óptica oficial, se trata de plan basado en la teoría del “win to win” donde ambas partes salen beneficiadas.
n Normalización del Indec: No es un paso estrictamente financiero, pero influye, y mucho. Hoy la tasa que le piden los mercados a la Argentina para tomar un bono incluye el “riesgo Indec”. Trasparentar la situación del instituto de estadísticas es una condición necesaria (aunque no suficiente) para volver el circuito internacional.
n Emisión de un bono: No existe una entidad en concreto que determine cuándo un país sale del default. Pero sí existen consensos de mercado. El corolario para una completa salida del default sería lograr colocar un bono en el exterior a una tasa razonable y sin cimbronazos judiciales (intentos de embargos). Sería el certificado de retorno al circuito financiero internacional. Hoy Argentina debería pagar entre 11,5% y 12,5%. La intención original era emitir sólo si se logra una tasa de un dígito. Pero una esperanza se abrió en los últimos 20 días, a partir de cierta mejora en el clima financiero internacional y una recuperación promedio del 11% en los títulos públicos argentinos.
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