Vinieron a poblar desde Italia a hacer Chaco. Pusieron la semilla de la civilización y con trabajo y sudor criaron a sus hijos y les dieron como enseñanza que la ética, la moral y el cumplimiento de las leyes en esta bendita argentina tenía que ser su norte.
Hoy no tienen otra defensa que apelar a NORTE para hacer saber su situación y al propio gobernador, hijo de inmigrantes también, para que solucione el problema.Pero este problema no es nuevo. Cuando asumió a los pocos días el gobierno Jorge Capitanich ocurrió lo mismo en la zona de La Rubita, y otros de aquellos pioneros, la familia Zampa, tuvieron que luchar contra esa delincuencia que se llama usurpación de la propiedad privada. Fontana, tierra de nadie El tema de la usurpación llegó a Fontana con la rápida y coordinada acción de un grupo de personas que dejó angustia en los propietarios y en la laboriosa comunidad. Ayer domingo, el panorama después de esta toma, se constituía en la presencia de una diez personas pero sí con “sus” parcelas “marcadas” con plásticos y palos. Pareciera que la usurpación, en contra de las leyes ya hubiera tenido éxito. Esto es lo que piensan los pobladores que hoy están angustiados y tienen su historia para contar. Hay muchas de ellas. Hoy elegimos solo una para exponer la situación y el deber que tienen las autoridades constituidas para quienes le piden defender sus derechos. Historia de trabajo Se trata de la familia Fortín. Se asentaron en Fontana desde 1889, cuando el sueño industrial siquiera aparecía, Pedro Fortín y un hijo mayor. Después en 1890 vino Mariana Dellamea, su esposa, con siete hijos, y entre ellos se encontraba don Luis Fortín, conocido por los chaqueños como el “Nono” Gringo. Algunos se dedicaron a la agricultura, la lechería y otros a la producción forestal y de ladrillos, entre otras actividades. Colaboraron desde su tierra fontanera con el empuje de esos tiempos. Fueron los que proveyeron de ladrillos para la construcción de la fábrica de tanino de La Verde. Casi 1500 ladrillos por carreta que transportaban por las tortuosas picadas donde había que hacer noche en el Fortín de Makallé (hoy solo hay algunos palos de ese testimonio histórico en esa localidad), para llegar al otro día a destino, descargar y hacer de vuelta el mismo recorrido. Quienes relatan este y otros sucesos son Emilio Pedro, Rosa Blanca, Esther Luisa, Argentina y Héctor Luis Fortín. Hoy tienen más de 80 años, y en lugar de gozar la paz de su edad están desamparados porque no saben qué hacer ante esta situación. “Esto de no respetar la ley no se vio nunca”, explican compungidos. Cuentan que son cinco los hermanos. “Hoy nos sentimos indignados por la usurpación de nuestro terreno que heredamos de tres hectáreas, e incluso le brindamos agua a la Municipalidad de Fontana para regar las calles y también hicieron una represa sin permiso, retirando el alambrado perimetral en su momento. Tenemos más de 80 años y queremos que respeten nuestra dignidad porque tenemos los impuestos pagados hasta el mes de diciembre de este año. Como nos enseñaron nuestros mayores”. Revelan, con papeles en la mano, que en su momento fue pagada la sucesión para subdividir y lotear estas tierras; pero el profesional actuante los engañó porque no realizó el trabajo. Explican con dolor que “con esta acción de vandalismo estamos tan desarmados como Gandhi, y no somos más de cinco personas de edad madura, pero tenemos fe en la justicia, en que esta usurpación no será convalidada por los distintos poderes del Estado, más aun si pretendemos honrar nuestro sistema democrático de gobierno. Dramático pedido a Capitanich “Pedimos al gobernador, como hijo de inmigrantes y pronto a iniciar una nueva etapa de gobierno, que dé una señal de que está con la ley y no convalida esta ni otras usurpaciones y vuelva a la normalidad de la ley”. Asimismo solicitaron a la Justicia que actúen con la rapidez necesaria, así como los usurpadores, para que esta situación, ahora que viene el tiempo de los recesos, no se prolongue en el tiempo. Hay otros vecinos con situaciones similares en Fontana, es decir con usurpaciones y también piden auxilio a la población y al gobierno. En Resistencia ya no existen, por este motivo terrenos pertenecientes al Estado provincial o municipal. ¿No será hora de crear una ley que refuerce lo que dice la Constitución. Es decir que prohíba legitimar el robo generado por una usurpación y de esta manera desalentar cualquier tipo de aventura de esta naturaleza? ¿O será que el Estado, con las expropiaciones, hizo de disparador para este tipo de excesos?”.

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