Los viejos caciques peronistas deberían ponerse en el lugar que la gente les dio

El hambre de poder primó por sobre el trabajo militante, ganó el parecer antes que el ser. La oposición peronista matancera perdió el rumbo y no supo plantear propuestas que seduzcan al electorado, llegó el momento en que deberán dejar de lado los deseos individuales y los supuestos renombres para poder trabajar en conjunto.
No entendieron a la gente, no leyeron al pueblo, viven un tiempo viejo del que nunca lograron salir. El voto de La Matanza les dijo que no, los ninguneó, les puso la realidad en las narices. Los otrora mayores referentes del peronismo tienen ahora un reloj que gira al revés, y está a punto de sacarlos de juego.

La dirigencia política opositora no sólo debe replantarse táctica y estrategia, sino que está obligada a entender un nuevo idioma. Ese que habla la gente en la barriada matancera, en territorios que los hoy candidatos a nada sólo pisan en épocas de elecciones.

Las primarias sacaron a flote varias verdades; entre ellas que los referentes de la política nacional llegaron a La Matanza para comprar espejitos de colores, que terminan reflejando imágenes en blanco y negro.

Haciendo un análisis global de la oposición peronista, vale decir que la soberbia y el vedetismo los dividió en más de diez listas. Todos querían ser el intendente, todos decían que destronaban a Fernando Espinoza, todos se embadurnaban de una supuesta militancia que, a fuerza de realidad, no apareció.

La Matanza es peronista y el que tiene alguna duda de tal afirmación es un necio. Pero ninguno de los reconocidos popes del PJ opositor es dueño de esa pequeña franja de votos peronistas que le dijo no al kirchnerismo.

La autocrítica no alcanza, deben discutir ideas y nombres. Cuántos votos tuvieron las fantasiosas estructuras partidarias de Juan Carlos Piriz, Abraham “Toto” Delgado, Héctor Cozzi, Julio Ledesma, Ariel Martínez, o el insípido gremialista Marcelo D’Angelo que no llegó a los 300 sufragios.

Todos juntos, no alcanzaron ni a la mitad de lo contado por el oficialismo. Y separados no alcanzan al precario Oscar Pettinato que les sigue ganando, cuando ya sería suficiente con nivelar a alguno de los más derrotados. Es más, en la cuna del peronismo, el desconocido candidato de Martín Sabbatella colocó a ese espacio como segunda fuerza política kirchnerista y también les ganó a todos en caudal de votos.

Pero que no se culpe a la militancia de tan bochornosos resultados y, menos aún, que no se diga nunca más que la gente se equivoca o que La Matanza, por ser pobre, tiene un voto no calificado. Y no mencionen el robo de boletas, porque ustedes lo conocen de la A a la Z.

Dejen de hacer de la política una PyMe y debatan ideas, proyectos, engrandezcan la dirigencia partidaria del distrito. O den la cara al gran estilo Elisa Carrió y pónganse en el lugar que el pueblo les dio, un lugar irrelevante.

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