Por: Hernán de GoñiLos empresarios miran con más preocupación el mediano plazo que el corto. Aunque un recambio presidencial suele ser un factor de incertidumbre per sé, perciben que en los próximos meses la estrategia económica oficial no sufrirá cambios. Y con la perspectiva de la reelección de Cristina Kirchner cada vez más cercana, ven que el actual escenario puede afirmarse en el tiempo mucho más de lo que desearían.
Al Poder Ejecutivo no le molesta la inflación, porque si bien desarticula los costos del sector privado, hay otras herramientas apuntadas para sostener el consumo, pilar del modelo K. Para empezar, sabe que los gremios siempre se las arreglan para sostener el poder de compra del salario. Lo único que les pide es seguir una pauta racional, porque adherir o no a ella puede ser clave para la pulseada por los fondos para obras sociales.
Aunque el Gobierno cree que asegurar un mercado interno creciente es condición suficiente para que haya inversión privada, muchas empresas ven en sus balances que facturar mucho no es sinónimo de rentabilidad. Hoy el consumo crece por el impulso del crédito a tasas negativas, sobre todo en aquellos bienes durables que reemplazan al ahorro en pesos. Pero las compañías no se animan a proyectar mucho sobre la base de un escenario como este. La vida en cuotas no es para siempre.

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