El titular de Infraestructura casi ni pasa por su despacho. Afirman que montó una oficina paralela en su domicilio y esa es su base de operaciones; tiene pésima relación con sus subsecretarios.
Primero se ausentaba por algunas horas, pero siempre pasaba al menos un rato por su despacho. Luego casi sólo aparecía por la tarde y daba alguna que otra orden. Pero desde hace un par de meses que directamente trabaja desde su casa y solo pisa Casa de Gobierno para hablar con el gobernador sustituto o en caso de que haya algún acto importante.
Así son hoy los días del ministro de Infraestructura Marcos Verbeek, quien se dividen en dos planos: de lunes a viernes en su domicilio de Resistencia, mientras que los fines de semana se instala en Presidencia Roque Sáenz Peña, donde busca orientar una campaña que lo ubique como candidato a intendente en 2015.
El funcionario, que es uno de los hombres fuertes del vicegobernador a cargo del Ejecutivo Juan Carlos Bacileff Ivanoff, habría montado una oficina paralela en su casa y desde allí opera tanto la cartera de Obra Pública como sus aspiraciones político-electorales.
En el segundo piso de Casa de Gobierno aseguran que casi no tiene relación con sus tres subsecretarios y que con la mayoría de los presidentes de empresas estatales de servicios públicos tampoco hay buena onda.
Si bien por estas horas Verbeek «disfruta» de cierta estabilidad política tras haberse definitivamente metido en el bolsillo a Bacileff Ivanoff y luego de haber conseguido que le abriesen las puertas de la Jefatura de Gabinete de Ministros en la Casa Rosada, las complicaciones intraministerio y el poco vuelo de su candidatura municipal lo suelen sacar de eje repetidamente.
Además de la nula relación con los subsecretarios a su cargo, sobre todo con Jorge Franco, hombre cercano a Jorge Capitanich, el saenzpeñense está enfrentado con algunos ministros de peso, lo que le cierra puertas en varios sentidos, incluso en cuestiones de asesoramiento básico. En sus últimas apariciones públicas lejos de Sáenz Peña, el ministro de Infraestructura se mostró cercano a Chiyo e intentó hacer frente a las severas complicaciones que presentó Secheep para suministrar energía eléctrica al área metropolitana durante los calores de la semana pasada.
En esa misión, volvió a hacer agua -como le ocurría cuando era presidente de la empresa- y aseguró que los problemas del servicio se fundan en la creciente demanda que se genera en los asentamientos, donde sus habitantes están «colgados», no pagan la tarifa y como la infraestructura energética en esas zonas es deficiente cualquier perturbación allí hace que los cortes se extiendan a todo el sistema.
También participó de la apertura de sobres de la ruta 9 (la que se financiaría supuestamente con fondos de la venta del avión oficial) y dio alguna que otra vuelta por Gobierno para mostrarse ante la prensa. Sin embargo, a su despacho casi que no recurrió más que por las tardes un par de horas para reuniones puntuales.
«Sin» subsecretarios
Verbeek prácticamente no tiene diálogo con ninguno de sus tres subsecretarios a cargo. Con Franco existe una distancia sideral que los enfrenta en todo sentido: político, estratégico, organizacional y operativo.
Pero tampoco con Juan Manuel Derka (Inversión Pública) habla y con Marcos López (Energía) el contacto es lo justo y necesario. En tanto que con César Cotichelli, su sucesor en Secheep, han existido cortocircuitos desde el inicio de su trabajo al frente de la distribuidora eléctrica e incluso hay quienes hablan de una intención de «dinamitar» esa gestión.




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