El verano "contaminado de bañistas" se llevó también la pudrición de los excedentes de la periferia de un "barrio pobre, disfrutado y ostentado" por otros más pudientes.
La “playita Arazaty” también se llevó otros momentos que la mayoría de los bañistas no advirtió y que la municipalidad una vez más –cuando el hecho no le conviene- prefirió callar, cubrir y no hacer nada para enmendar.
A lo largo de los 900 metros de la costanera Juan Pablo II, cualquier ciudadano y un bañista más aún, puede advertir los riesgos de las desembocaduras, que en cada salida arrastran las pudriciones sin tratar.
Litros y kilos de mugre que sin filtro eran volcados a la vera del río Paraná, justo entre los bañistas que “distraídos” no se percataron que la frescura del inmenso espejo de agua era compartida insalubremente.
Pasó el verano y con el disfrute de los atardeceres y la magia y el encanto del río, los bañistas “felices” se fueron un poco más contaminados que el año anterior.
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