El Complejo Ambiental de la Costa del Sol, gestionado por Urbaser, ha recuperado unos 600 kilos de vapeadores desde marzo de 2026, según la Mancomunidad. Estos dispositivos deben separarse y gestionarse de forma específica, aunque en muchas ocasiones se depositen en un contenedor convencional.
El uso y consumo de vapeadores, vapers o cigarrillos electrónicos se ha disparado en los últimos años, especialmente entre los más jóvenes, como recoge la encuesta EDADES 2024. Según sus datos, un 19 % de la población entre 15 y 64 años ha consumido o probado cigarrillos electrónicos, concentrándose la mayor prevalencia en jóvenes de 15 a 24 años. Pero ¿qué sucede cuando dejan de ser útiles o se gastan? La mayoría de sus usuarios los tratan como un residuo sólido urbano más, cuando están dentro del grupo de Residuos de Aparatos Eléctricos y Electrónicos (RAEE). Por ello, cuando quieren desecharse, debería hacerse en un punto limpio o un punto de recogida de residuos de este tipo.
Estos dispositivos contienen componentes que suponen un riesgo directo para el medio ambiente si no se gestionan correctamente, en especial, por la presencia de baterías de litio, metales y plásticos. El caso que refleja este impacto es el del Complejo Ambiental de la Costa del Sol, gestionado por Urbaser, que ha recuperado unos 600 kg de vapeadores desde marzo de 2026. Esto supone alrededor de 100 kilos de vapeadores al mes.
¿Dónde debe depositar un ciudadano un vapeador usado?
Uno de los principales errores es tirar el vaper a la basura doméstica o a los contenedores convencionales (como el gris o el amarillo). Las baterías de litio de estos aparatos representan un grave riesgo de incendio tanto en los camiones de recogida como en las plantas de tratamiento, además del impacto químico que puede tener en el proceso de reciclaje si acaban en un vertedero.
Para evitar estos riesgos, las pautas de reciclaje varían según el tipo de dispositivo:
Vapeadores desechables: deben llevarse a un punto limpio, a contenedores específicos para aparatos electrónicos o a tiendas de vapeo y estancos que dispongan de contenedores de recogida habilitados por los fabricantes.
Vapeadores recargables: se recomienda desmontar el dispositivo y separar sus componentes. La batería debe ir siempre a un contenedor específico de pilas o litio, mientras que el cartucho y el resto de los elementos deben depositarse en sus correspondientes puntos de recogida de electrónica.¿Qué ocurre cuando un vapeador llega a la planta de tratamiento?
A pesar de las recomendaciones, la realidad en las plantas de residuos es que la mayoría de los vapers y cigarrillos electrónicos llegan mezclados con la basura común (Residuos Sólidos Urbanos). Isabel Macías, gerente del Complejo Ambiental Costa del Sol, explica la dimensión del problema: “Nos encontramos ante una nueva generación de residuos cuya presencia crece cada mes”. Para la gerente, el problema reside en que los vapers “parecen inofensivos, pero su composición los convierte en un residuo peligroso”.
Además, Macías destaca que “el Complejo Ambiental Costa del Sol está haciendo un esfuerzo importante para integrar la recuperación de estos dispositivos”. Esto se debe a que los vapeadores y cigarrillos electrónicos requieren una manipulación manual y un tratamiento específico, pero es imprescindible para garantizar que no acaben dañando el entorno.
El proceso de separación del resto de residuos
Debido a su pequeño tamaño y morfología, los vapeadores que entran por la línea de resto siguen un recorrido particular dentro de la planta:
Entrada a la masa orgánica: al no ser separados en origen, acaban mayoritariamente junto con la materia orgánica que pasa a la fase de fermentación y, posteriormente, a la planta de afino.
Separación por inducción: en la planta de afino, se utiliza un separador de inducción diseñado para capturar metales no férricos.
Clasificación manual: una vez extraído el bloque de metales no férricos, el equipo de Urbaser realiza un triaje manual para separar específicamente los vapers, al igual que se hace con baterías de litio de móviles, pilas o cápsulas de café.
El reto de la gestión de los vapers o vapeadores
Una vez recuperados, los vapeadores se gestionan como RAEE a través de los Sistemas Colectivos de Responsabilidad Ampliada del Productor (SCRAP). Pero al tratarse de un producto relativamente nuevo con gran diversidad de fabricantes e importaciones, muchos dispositivos no están adheridos a un SCRAP. Esto dificulta y ralentiza su retirada e integración en la cadena de reciclaje.
A pesar de estas trabas logísticas, recuperar estos dispositivos es fundamental para la economía circular. Permite extraer y reutilizar metales valiosos como el aluminio o el cobalto, evita incendios en las instalaciones y previene que los tóxicos contaminen los suelos y costas.
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