El ambicioso proyecto minero está hoy paralizado, generando incertidumbre laboral y muchos sueños frustrados. Testimonios.
En aquellos años los caminos se abrían con el paso de las camionetas F 100 y la empresa YPF tenía, junto a otras subcontratistas, barrios enteros para sus obreros y un servicio semanal de avión para sus empleados. Los puestos de Pampa Palauco o Puesto Rojas, por mencionar sólo dos, fueron los que marcaron esos tiempos.
Hoy, aquella historia de inversiones millonarias iniciadas por la empresa anglo-australiano Río Tinto (hace una década) y que dio paso a lo que hoy se conoce como Vale parece, lamentablemente por ahora, repetirse.
"Corren otros tiempos pero las necesidades son las mismas", vuelve a reflexionar don Justo, ahora acompañado por su hijo Sergio, que desde hace unos meses "espera ser llamado nuevamente a la obra".
Y con razón se mete en la conversación: "La verdad es que si fue una ilusión venía acompañada de una buena plata" (se habla de quincenas de 7 a 8 mil pesos). Y era mi primer trabajo y me permitió, en poco tiempo, vender el Rastrojero y comprar una 4x4 del año 2005".
Ese tiempo de bonanza se podía palpar al caminar las calles de esta ciudad. En poco tiempo se multiplicaron las agencias de autos y aquellos que se dedican a "hacer números" aseguran que Malargüe tiene que ser el departamento que más creció en la venta de vehículos.
Y tratan de explicarlo: "Era gente que de un día para otro se encontró con mucha plata y optó por cambiar el auto o comprar el primero, tal vez pensando que esto no iba a terminar así".
El comercio, que cierra al mediodía y no abre hasta las 17, también se vio golpeado por este parate del emprendimiento minero de potasio. "Ya la gente no sale a comer y como ve, el local está casi vacío", trata de explicar Mariana, una joven de 20 años que atiende una pizzería en pleno centro y que también familiarmente se vio afectada. "Tengo dos primos que trabajan en Vale pero desde hace tiempo sólo cobran el básico del sueldo, que es muchísimo menos que lo que ganaban antes. Y lo peor es que hay compromisos que pagar".
Mientras que desde una financiera reconocen que aún no se nota una recesión en las obligaciones, pero que hay algunos "atrasos" en los pagos desde enero.
En la mina
Lo especialistas dicen que el cloruro de potasio "es esencial para la vida" y reconociendo que más del 95% de la producción mundial se utiliza como fertilizante, por lo que remarcan que "es uno de los tres macronutrientes de las plantas y debe reponérselo regularmente en todos los suelos agrícolas". Finalmente y más allá de las discusiones sobre su tratamiento, se sabe que este producto "es seguro para los humanos y el medio ambiente; no es peligroso, ni inflamable, ni combustible, ni cancerígeno o mutagénico".
El Proyecto Río Colorado que la empresa brasileña Vale impulsó en el sur malargüino significó hasta ahora una inversión de unos 2 millones de dólares (con una proyección de más de 6.000 millones de la misma moneda en plena producción), pero la paralización de las obras que debían haberse reiniciado los primeros días de enero ya está provocando graves problemas a cientos de familias, sin hablar de las decenas de contratistas que ya trasladaron sus equipos a las bases muy lejos de Malargüe.
"Todo esto ahora parece un cuento de hadas", dice un chofer a punto de emprender el retorno -vía Rincón de los Sauces, en Neuquén- al mando de un trailer donde lleva perfectamente anclada una de las 100 máquinas viales pesadas que ya dejaron el lugar.
"Adentro ya no queda ninguna empresa subcontratista. Unas antes, otras después empezaron a abandonar la obra y, hoy por hoy, nadie asegura que las tareas continuarán en el futuro", explica antes de que el camión se pierda entre una nube de tierra.
En la calle
Aquí vale reconocer que no hay muchos malargüinos de pura cepa trabajando en la obra. Hubo, es verdad, una "incorporación al padrón electoral" para tener más posibilidades de ingresar por el compromiso de dar mano a la gente local, pero sólo fue eso.
Al término de las jornadas semanales las empresas de traslado de personal (que tenían decenas de trafics y ahora sólo ocupan una o dos para movilizar a empleados de seguridad) los dejaban en la moderna terminal de ómnibus (obra realizada por la empresa Vale y entregada a la comuna), desde donde la mayoría partía en busca de su familia que continuaba viviendo en San Rafael, Tunuyán, el Gran Mendoza o San Luis.
Pero además esta explotación minera de sal de potasio podría haber abierto el crecimiento de Pata Mora, el último poblado mendocino antes de cruzar a Neuquén, pero eso no ocurrió. Sólo un par de carteles le indican al conductor estar en un lugar de paso, por lo que todos extienden su andar unos kilómetros más para llegar a Rincón de los Sauces, donde existen hoteles, restaurantes, supermercados, casas de electrodomésticos y estaciones de servicio que con sólo tres bombas de expendio atendían en pocas horas a más de un centenar de vehículos, en su mayoría máquinas viales, camiones y camionetas 4x4.
Tampoco se mejoraron los caminos para llegar desde Malargüe hasta la obra. Y si bien se nota el trabajo sobre la ruta Nacional 40 (con fondos de la Nación), cuando se deja esa traza y se ingresa al campo, es necesario una buena orientación para no perderse entre las picadas abiertas (que conducen a pozos petroleros, puestos o la nada) y un buen manejo sobre la piedra suelta o la arena del camino.
Concretamente, en la ciudad reconocen que sólo "unos 150 o 200 trabajadores son locales (sobre una planta de casi 4.000). Ellos viven y gastan en Malargüe". Por eso el tema pasó a ser un problema, porque "si esto es el comienzo no quiero pensar en cómo va a terminar", concluye un hombre de la política que, por razones obvias, prefiere -como la mayoría de los entrevistados- mantener su anonimato.
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