Vaivenes del discurso oficial

Por RICARDO KIRSCHBAUM

“A veces estas cosas son fruto de, como se dice vulgarmente, la manija de alguno”, dijo Aníbal Fernández. “Estas cosas” fue el balazo que le perforó el hígado y se llevó la vida de Mariano Ferreyra. “La manija de alguno”, en la metáfora de Aníbal, quiere decir nada orgánico. Apenas un despistado que disparó el arma.

No opinó lo mismo el ministro del Interior. Randazzo le adjudicó el asesinato a la “mafia asesina y la locura organizada”. En esa interpretación no fue un acto individual sino de una organización mafiosa que actúa de esa manera brutal.

Esa no fue la única discordancia. Aníbal desarmó la operación, montada por la inteligencia kirchnerista, para acusar a Eduardo Duhalde de la autoría “intelectual” del crimen: “No tengo por qué decir semejante cosa”, dijo Aníbal, a contramano de los lenguaraces oficialistas que se habían subido rápido a ese discurso exculpatorio.

Y la Presidenta ayer puso lo suyo transfiriendo la responsabilidad de lo que ocurrió: “Hay algunos que hace mucho tiempo que buscan un muerto ( ...) pero como no lo pueden lograr desde las fuerzas de seguridad, aparecen estas bandas”.

Es decir, las “bandas” pueden ser los militantes que apoyaron el piquete en las vías o los que, en verdad, emboscaron y dispararon sobre ellos. La interpretación de que ambos sectores buscaban un muerto (para afectar al Gobierno) es temeraria pero, a la vez, ilustrativa del pensamiento oficial.

Ningún funcionario habló del comunicado de la empresa que informó que policías y trabajadores “disuadieron” a los manifestantes para que no cortasen la vía. Esta colaboración parapolicial admitida, que desembocó en la tragedia, es presentada como una consecuencia natural de la política consentida de acción directa que ha destruido la representación y la mediación en la democracia.

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