En las últimas semanas se ha discutido hasta el hartazgo acerca de los errores que motivaron la tragedia del 2 de abril en la ciudad de La Plata. Claro está, a nadie se le puede endilgar la culpa por una tormenta de dimensiones inusitadas que transformó a la ciudad en Venecia. Pero, ¿qué factores humanos provocaron que sus consecuencias pasen de ser malas a ser francamente catastróficas?
En las últimas horas, dirigentes y referentes históricos del Partido Justicialista local han comenzado a asomarse y contar su verdad acerca de las razones políticas del desastre. “Lo importante no fue el twitt. Eso fue anecdótico. Un símbolo más, el retrato de una forma de gobernar la ciudad. Lo importante fue que no se haya previsto el temporal -había ocurrido en Capital Federal unas horas antes- y que el intendente se vaya de vacaciones sin dejar un plan de contingencias”.
En la gran mayoría de las charlas que sostuvo este medio con los dirigentes, una palabra salía a colación: Militancia. “Los Bruera han destruido la militancia en la ciudad y por eso, cuando lo peor se había desatado, no tenían brazos para trabajar los barrios”. Afirmó un funcionario público local, militante histórico del justicialismo en Los Hornos.
El vaciamiento de la militancia comienza pocas semanas después de la asunción del actual intendente de la ciudad. Los grupos de militantes del Partido Justicialista platense fueron reemplazados por cooperativas que barren, reparten diarios, limpian plazas y ponen multas, entre otras actividades. En una ciudad considerada cuna de la militancia, con ejemplos históricos de la talla de Balbín, Kunkel, Cristina Fernández, Salvioli y Rusconi, por nombrar algunos, los focos jóvenes del peronismo tuvieron que refugiarse en agrupaciones civiles como Cáritas y organizaciones no gubernamentales que poco y nada tienen que ver con la actividad política. En los momentos más álgidos de la tormenta, se pudo observar trabajando a Unidos y Organizados, a KOLINA, a La Cámpora, a Unión Pueblo y a los vecinos autoconvocados. El bruerismo brilló por su ausencia. Es que, en definitiva, ¿quién compone el bruerismo?, ¿Alguien vio alguna vez a sus militantes?
Históricamente, el Partido Justicialista de la ciudad de La Plata tuvo a la militancia como su columna vertebral, un bastión detrás del cual se refugiaba la verdadera actividad política. En ocasiones de desastres naturales (no es, bajo ningún punto de vista, la primera inundación que sufre la ciudad) el partido se ponía en acción automáticamente. Las puertas del PJ sobre la calle 54 se abrían y desde allí se impartían órdenes a los delegados municipales que abarcaban cada uno de los barrios de la ciudad. Todos sabían lo que tenían que hacer y cómo debían hacerlo. Militantes de a miles recorrían la ciudad a pie, en moto o en botes, y socorrían a los vecinos damnificados. Colectas se organizaban en el acto y en pocas horas el partido desbordaba de colchones, frazadas, ropa y alimentos no perecederos. Esta vez, la gran mayoría de las delegaciones municipales permanecieron cerradas, el intendente en Río de Janeiro, el Partido Justicialista inactivo y sus militantes en Cáritas. A esto parece haber llegado la militancia justicialista en La Plata.
“El PJ debería haber convocado automáticamente brazos para organizar los pasos a seguir y aportar sus afiliados de forma organizada a la comunidad. Pero nadie nos convocó. Nadie nos llamó. Los militantes justicialistas terminamos desperdigados por todos lados, de manera voluntaria, ayudando como podíamos. La desorganización nos hace ser poco efectivos en la ayuda. El Justicialismo se cansó de todo esto”. Sostuvo un importante referente histórico del justicialismo local.
Los ejemplos acerca de las consecuencias de la falta de militancia no se quedan ahí. “Lo que ocurrió con la asunción de Francisco I fue un claro ejemplo del vaciamiento de la militancia en el Partido Justicialista. En vez de llenar la plaza con militantes, se llevó a cooperativistas de todos lados, amenazados con perder sus salarios si no se presentaban. Por supuesto que a muy pocos les interesaba estar ahí. Fue una fiesta, pero del alcohol y los desmanes”.
Una anécdota no menor fue el paso de la presidente de la Nación, Cristina Fernández de Kirchner, por la ciudad. Llegó junto al intendente a uno de los barrios damnificados de la región, pero cuando Bruera escuchó algunos insultos se subió a un auto y le ordenó al chofer que lo saque de allí de inmediato. La presidente terminó recorriendo el lugar sola. Sola, como sola está la militancia justicialista, que se ve impedida de ayudar orgánicamente. Aún hoy, los protagonistas de la cooperación y la solidaridad continúan siendo agrupaciones socialistas, gremios locales, KOLINA La Plata, La Cámpora, Cáritas y el ejército. El municipio todavía no se decidió a tomar las riendas. “Hace unos pocos días hubo un nuevo plenario en el Partido Justicialista. Fue una vergüenza. Había muy poca gente. Habló Pablo, detalló lo que pasó, y luego dirigentes de segundo y tercer nivel hablaron tímidamente de las carpas móviles de vacunación (que son de la Nación), atendidas por médicos de la provincia. ¿El municipio? Bien, gracias”, nos comentó un referente peronista de la región.
Luego de los mensajes brindados por el intendente, tanto en sus plenarios como en el Concejo Deliberante, nada hace suponer que vaya a pensarse algún cambio. Existen proyectos hídricos pendientes desde la época en que el actual presidente de la UNLP, Fernando Táuber, era director de Planeamiento, y poco y nada se ha hecho al respecto.
Mientras tanto, la militancia justicialista comienza a reclamar su lugar, un lugar que saben suyo, y que les fue arrebatado hace ya cinco años.



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