El Urgencias, testigo de la decisión de Irene

El Urgencias, testigo de la decisión de Irene
Una mujer de 73 años, testigo de Jehová, pidió no ser transfundida en el Hospital de Urgencias. El centro de salud respetará la decisión.

“Hijita, escuchame. Para nosotros, la sangre es la vida”. Albina tiene los ojos claros como el cielo en un día despejado. Pero su mirada no oculta preocupación. Su hermana María Irene está internada en la terapia del Hospital de Urgencias y, encima, una periodista pregunta por qué se rehúsan a recibir sangre trasplantada.

Esta mujer, de 76 años, conoce muy bien los preceptos de las leyes de Moisés. Se sabe de memoria que en el año 49, en Jerusalén, los Apóstoles de Jesucristo y un grupo de ancianos de esa nación se juntaron para debatir el futuro de la religión. Recuerda –porque lo escuchó muchas veces– que ese mismo año el grupo decidió romper con las leyes del cristianismo. Pero conservó tres preceptos: abstenerse de recibir sangre externa, evitar la idolatría y no caer en las garras de la fornicación.

Albina conoce bien estos preceptos. Los ha venido estudiando desde hace muchos años, junto con su hermana, quien está internada en el shock room del Hospital. Pero la periodista no entiende y pregunta. Y entonces la mujer explica con el énfasis que sobreviene en el minuto previo a la desesperación.

Este era el clima que se vivió ayer al mediodía, en la sala de espera del hospital municipal. Los familiares de María Irene, la señora de 73 años, devota de los Testigos de Jehová, que se rehusó a ser transfundida de sangre después de haber sido arrollada por un colectivo de la empresa Tamse.

Y aunque alguna vez un cantautor madrileño deseó “que los que esperan no cuenten las horas”; aguardar, para estos familiares, no fue tarea fácil. Mucho menos con periodistas preguntones.

Fue lo primero. Quince minutos habían pasado de las siete de la tarde, cuando María Irene intentó cruzar la esquina de Agustín Garzón y Diego de Torres, en barrio San Vicente, al este de la ciudad de Córdoba. Regresaba a su casa, donde vive con su hermana Albina, después de haberse pasado la tarde golpeando puertas y acercando a los vecinos la palabra del señor.

Pero el destino no estuvo de su lado el miércoles pasado cuando cruzó la calle. El colectivo de la línea T, de la empresa Tamse, la arrolló. Cuando su hermana Albina y su sobrino Luis acudieron a la escena del hecho, una ambulancia del 107 la estaba cargando en la camilla. María Irene estaba consciente. “No quiero que me transfundan sangre. Soy testigo de Jehová”, le dijo a los médicos.

Minutos más tarde, la mujer –de profesión obstetra, pero jubilada– estaba siendo internada en el Hospital de Urgencias. Tenía importantes lesiones en uno de sus brazos y sus piernas. Al jueves siguiente, vísperas de Viernes Santo, el médico José Britos reconoció que el estado de la mujer era muy delicado. “Está en estado crítico, ingresó a quirófano, pasó a shock room. Ha perdido gran cantidad de sangre, y no se puede realizar transfusiones. Está en estado crítico, luchando por su vida”, indicó el médico a LaVoz.com.ar.

Al día siguiente, la mujer la seguía peleando en la terapia intensiva del centro de salud. Los médicos respetaron la decisión de la mujer. Y sus familiares (aunque no todos profesan su creencia religiosa), sostienen la voluntad de María Irene.

Sagrado. Es viernes al mediodía y hace mucho calor. La periodista sigue haciendo preguntas. Los familiares se asustan con la cámara de fotos y se van. Un joven de camisa blanca y corbata entrega a la reportera el número de teléfono de José Ceirano, miembro del “Comité de Enlace con los Hospitales de los Testigos de Jehová”.

Más tarde, del otro lado del teléfono, el hombre diría: “La sangre es un elemento sagrado que sostiene la vida. Nosotros pedimos gentilmente que se abstengan de transfundirnos. Usted como periodista debe trasmitirlo”.

Primero, la voluntad de la persona

“El paciente tiene derecho a aceptar o rechazar determinadas terapias o procedimientos médicos o biológicos, con o sin expresión de causa”. El artículo 2 inciso E de la ley nacional 26529 (que garantiza los derechos de los pacientes) es clara. Los médicos deben aceptar la decisión de la persona, siempre y cuando el principio de autonomía no vaya en contra del principio de justicia.

El Hospital de Urgencias respetará la decisión de María Irene y no la transfundirá. Carlos Soriano, integrante del comité de Bioética del centro de salud, explicó que la voluntad de la paciente se respeta “a rajatabla”. Siempre y cuando esta decisión no ponga en riesgo a terceros. Ni a menores de edad.

“La ley nacional que regula los derechos del paciente y la posterior ley de muerte digna (26742 sancionada en 2012) garantiza la autonomía del paciente. Una persona puede negarse a recibir un tratamiento, así como a ser hidratado o nutrido en forma artificial”, dijo.

Los Testigos de Jehová rechazan la transfusión de sangre, así como también los alimentos que la contengan. No consumen morcilla ni animales que no han sido desangrados previamente. José Ceirano, devoto de esa creencia, explicó que antes de una cirugía programada, a los creyentes se le extrae sangre que luego les será transfundida. En caso de accidente, facilitan una medicación que estimula la médula ósea así como vitamina A, hierro y ácido fólico.

El caso de Pablo Albarracini sentó jurisprudencia. El junio de 2012, la Corte Suprema de Justicia decidió respetar la decisión del hombre, y este no fue transfundido. Al cierre de esta edición. Irene seguía muy grave.

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