La presidenta Cristina Fernández anunció ayer la medida que beneficiará a todos los trabajadores temporarios del país. El cambio simplifica un esquema que, por su complejidad burocrática, dejaba a los operarios rurales fuera de todo beneficio por un promedio de dos meses al año. Para evitar esa situación, muchos tareferos prefirieron no trabajar en la última cosecha.
Para entender el cuadro, hay que tomar en cuenta que, aunque los montos de las asignaciones son los mismos, hasta ahora la Anses canalizaba los beneficios por dos vías diferentes: las asignaciones por hijo (u otro subsidio como el interzafra) para quienes no están en actividad y las asignaciones familiares para quienes sí tienen un trabajo registrado.
Entonces una persona que trabajaba sólo una parte del año -un cosechero por ejemplo- debía pasar de un sistema a otro cada vez que su situación laboral cambiaba.
Ocurría que cada vez que terminaba la cosecha el operario se veía obligado a llevar adelante un engorroso trámite burocrático, que en la gran mayoría de los casos se demoraba y lo dejaba fuera de todo beneficio por hasta cuatro meses.
Ante el temor de quedarse “sin el pan y sin la torta”, muchos operarios temporales, especialmente los tareferos, prefirieron este año directamente no registrarse como trabajadores para evitarse el trámite y con ello la posibilidad de perder las asignaciones por varios meses.
La situación incidió en el sector yerbatero de manera decisiva: 13 por ciento de los yerbales no entraron en la zafra y otro 17 por ciento sólo fue cosechado de forma parcial. La principal razón esgrimida por los productores fue que faltaron tareferos.

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