Unidos por el terremoto

Unidos por el terremoto
Los dos refuerzos del Verdinegro se conocieron en Wanderers de Chile. Allí se hicieron amigos y hoy son como hermanos. El sismo del 2010 lo sufrieron juntos. “Pensé que me moría”, dijo López, “fue terrible”, agregó Quiroga. Ellos cuentan una vivencia inolvidable.

Un recuerdo imborrable, una historia tremenda y difícil de contar. Pero Franco Quiroga y Pablo López se animaron a narrar el terremoto que vivieron en carne propia en 2010 en Chile, cuando jugaban en Santiago Wanderers. Una historia de vida, que los dos refuerzos de San Martín le confesaron a Diario El Zonda. El destino les separó y hoy los volvió a juntar en San Martín. Los hermanos se reencontraron tras sobrevivir del terremoto.

El 27 de febrero a las 2010 a las 3.34 horas de la mañana un terremoto sacudió Chile, el sismo hasta se sintió San Juan. El epicentro fue en el mar a la altura de la ciudad de Talca. En ese instante, en Valparaíso, Pablo López se encontraba durmiendo en un departamento, a pocas cuadras de donde se alojaba su amigo Franco Quiroga.

“Estaba en el piso 13, se movió todo. !Imaginate!, pensé que me moría, te juro. No fueron cinco segundos, sino dos minutos de terror”, relató con miedo todavía, Pablito. “Fue terrible y muy feo, se venía el edificio abajo. En ese momento salí corriendo a auxiliar a Pablo (por López)”, agregó Quiroga. Esa vivencia los unió tanto, que hoy son como “hermanos”, según coinciden ambos. El relato es estremecedor y escalofriante. Un momento en el que todo parecía perdido y de repente a Pablo se le ocurrió una idea. “Franco llegó desesperado al departamento, él vivía solo y yo estaba con mi familia”, se tomó un segundo de suspenso y continúo “estábamos a dos cuadras del mar, entonces tomé mi auto y nos fuimos al cerro a esperar que se pase todo, estuvimos hasta las seis de la mañana. Teníamos miedo, porque se decía que podía venir un tsunami”, recordó el delantero, que contó esta difícil anécdota como si hubiese sido ayer. Claro es que es la primera vez “que me pasa esto, fue lo más duro que me tocó atravesar en mi vida”, cerró.

“Fue un susto muy grande, por suerte no nos pasó nada. Ese momento nos unió mucho y nos hizo muy amigos”, manifestó el volante ofensivo de San Martín.

Lo más complicado fue calmar a sus dos hijos, Ignacio (4 años) y Melani (5 años), que “no paraban de llorar. Todos llorábamos, después les quedó como un trauma a ellos por el terremoto. Gracias a Diós hoy lo superaron, son de fierro”, cerró López.

Una historia conmovedora de dos amigos hermanos, que vivieron algo impensado, un terremoto. Después de ese momento el fútbol los separó y luego de 3 años los volvió a unir en San Martín. Unidos por el terremoto.

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