Sin unidad interna y sin un proyecto a largo plazo

Fernando Gonzalez

No hay dudas que la Argentina es un país de divisiones internas. Sin entrar en la historia, para no repetir consignas como “federales o unitarios”, sólo hay que actualizar las disputas intestinas que atraviesan al peronismo (kirchnerista o federal); a la UCR (alfonsinistas o cobistas) o al PRO (horacistas o gabrielistas). Por eso a nadie puede sorprender la magnitud de la grieta que hoy divide a los empresarios nacionales.

El reemplazo del anterior presidente de la Unión Industrial Argentina; Héctor Méndez, por el vice Miguel Acevedo, para seguir negociando un acuerdo que alumbre otra conducción en abril (ver página 5) es sólo una fotografía de una disputa que no pasa por los clásicos empresarios (aperturistas versus proteccionistas o agroindustria versus servicios) sino por el grado de cercanía o de oposición con el Gobierno.

En este tiempo de brillo para las economías emergentes, ya no se trata de invocar románticamente a la unidad del empresariado. Es alarmante que la burguesía empresaria nacional siga careciendo de un proyecto de crecimiento a mediano y largo plazo que resista al paso de los gobiernos. Otra vez, el ejemplo de Brasil con su empresariado potente y emprendedor nos da una idea de cuánto se puede avanzar con ideas, pujanza y con unidad.

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