La unidad hace a la fuerza

 La unidad hace a la fuerza

Por su densidad poblacional, por su geografía y diversidad, la provincia de Buenos Aires es una fiel fotografía de la Argentina. Como en el resto del país, en ella se encierra una paradoja inquietante: la de tener un suelo rico y extenso cuyas bondades no llegan al empobrecido conurbano bonaerense ni al resto de los pueblos golpeados por una sequía sin precedentes, pobreza, comercios que deben bajar las persianas, vecinos azotados por la inseguridad, comunidades a las que antes unía el tren y que hoy permanecen aisladas.

 

Frente a un escenario tal, al soberano que votó un cambio no le queda más que ejercer un doble voto castigo: tanto hacia Mauricio Macri como hacia quienes se encolumnen bajo el ala de Cristina Fernández de Kirchner. 

En este punto, los intendentes tienen un gran desafío. Los que llegaron al poder gracias a Cambiemos, como aquellos que lo hicieron por el kirchnerismo, llevan consigo un ancla que sino se quitan a tiempo los hunde. Entonces, ¿qué les queda por hacer?

Con las banderas del pueblo

Los jefes comunales oficialistas deberán “pelear” de una manera casi quijotesca por sus conciudadanos, arriando las banderas de Cambiemos. Quienes vengan del PJ o del kircherismo también deberán moverse con cuidado, evitando toda mención a un pasado que es mejor olvidar.

Entonces, será su hora: la de demostrar cómo defienden a los suyos; cómo hacen para resolver los problemas de los vecinos, comerciantes, PyMES y pequeñas industrias castigadas por los tarifazos en los servicios públicos; cómo discuten la extorsiva presión tributaria y altas tasas inmobiliarias sobre quienes no llegan a cubrir los gastos de la canasta básica o cómo logran paliar las secuelas de una sequía sin precedentes en un sector ganadero que, además, es castigado por aumentos de todo tipo.

Sequía: lluvia tardía, vacas flacas y un Estado ausente

La Pampa húmeda está seca como nunca antes. Sin el salvavidas del Estado nacional, a los productores del campo no les ha quedado más que mirar al cielo y esperar a que caiga la lluvia reparadora. 

Ayer, tras cuatros meses de sequía en suelo bonaerense, el leve alivio llegó bajo la forma de precipitaciones que en algunos casos rondaron entre 30 y 50 mm, pero fueron tardías y necesitan del acompañamiento gubernamental. 

“Es tarde para muchos”, lamentó un productor de Pergamino y, más pesimista aún, aseguró que “puede salvarse algún maíz de segunda”, pero el resto del cereal “está jugado”. Lo mismo ocurre con gran parte de la cosecha de soja o girasol, que se perdió o está comprometida. El impacto de las lluvias para esos cultivos será “bajo”, tal como sostienen los especialistas. 

En el mismo sentido, la Bolsa de Comercio de Rosario advirtió que la producción de maíz prevista para este año es de 32 millones de toneladas, un 15,8% inferior a los 38 millones obtenidos en la campaña 2016/2017; la de soja se estima en 40 millones, 30% menos que la cosecha de 57,30 millones de toneladas del ciclo pasado. Las pérdidas rondarán los US$4600 millones.

La situación afecta también al ganado que, sin forrajes, adelgaza, por lo que los productores se debaten entre tener una sobreoferta de animales o enviarlos a Liniers, pese a su mala calidad. Sin capacidad del sector para hacer retención de vientres, con menos vacas y vaquillonas, ya hay quienes anticipan un incremento en los precios de la carnicería.

Si al campo, motor de los pueblos en la Provincia de Buenos Aires, le va mal, todos los engranajes de la comuna se resienten. Es ahí, cuando el sufrimiento de la gente aparece, que el intendente debe interceder, actuar en consecuencia y demostrar que nadie más que él los entiende, que sufre y siente como ellos. 

El aislamiento

“A 600 kilómetros no se visibiliza lo que pasa en el interior: el tren no es un capricho ni una nostalgia, es un servicio que se utiliza mucho y favorece el desarrollo de la región”, dijo en estos días un jefe de estación de Sierra de la Ventana que vivió del ferrocarril durante 24 años.

La afirmación es la síntesis perfecta de la coyuntura que enfrentan los pueblos del interior bonaerense, aislados desde la asunción de María Eugenia Vidal, que decidió la suspensión del servicio de Ferrobaires y la semana pasada puso el broche final al decretar la disolución de la empresa.

¿Qué implica la decisión? Los lugareños de Sierra de la Ventana, Brandsen, Pigüe, Saavedra, Ranchos, Torquinst, Coronel Pringles, Pehuajó, Capitán Sarmiento, Tandil, 25 de Mayo y Laprida (algunos de los puntos afectados) se lo explican a la Gobernadora: “La pérdida de escuelas rurales que estaban a la vera de las estaciones”; el encarecimiento del transporte, que redunda en que, por ejemplo, las industrias no lleguen hasta el interior por el costo que significa trasladar sus productos en camiones; o el cierre de comercios que “se sostenían económicamente por el paso del tren”.

De la tranquilidad de puertas abiertas a la inseguridad

No hace mucho, la inseguridad para los distritos de la Provincia de Buenos Aires no era un problema. Apenas una noticia lejana, que ocurría en grandes capitales y llegaba a las comunas a través de la radio, la televisión o los diarios. Era una costumbre de los vecinos dejar las puertas sin llave, las persianas abiertas para que ingresara la brisa del verano y que los chicos corrieran por las calles hasta altas horas, sin preocupación.

Casi no recordamos cómo fue, pero de pronto ingresamos en un círculo de decadencia en el que se ensanchó la brecha de la desigualdad, la educación y la salud se resintieron como nunca antes y, de pronto, nos sorprendió el miedo, se instaló y allí quedó. La delincuencia, que antes era un titular, ahora también podía ocurrir a la vuelta de la esquina. 

Lejos de ser combatida, la problemática se profundiza: de acuerdo a los últimos datos oficiales, en territorio bonaerense se registran tres asesinatos y 160 robos a mano armada por día.

La hora de los intendentes

Ante la indiferecia provincial y nacional, es hora de que los intendentes, como los pueblos, hagan tronar el escarmiento y se unan en pos de sus vecinos.

Por ejemplo, una unión basada en problemáticas geográficas: los jefes comunales de la Costa deberán reunirse, aunar esfuerzos y ver qué pueden hacer por industrias alicaídas como el turismo y la pesca; lo mismo deberán hacer los alcaldes del interior aislado por la ausencia del tren o de la Pampa húmeda, donde la sequía agrieta el suelo y la lluvia cae a cuentagotas.

Frente a un estado empresarial que gestiona en función de las ganancias de sus funcionarios en desmedro de la mejora en las condiciones de vida de todos los argentinos; ante un Gobierno que falta a sus promesas y relata la realidad de un país que nos es ajeno a todos, son los intendentes los que tienen la obligación de hacer oír su voz, los que deben cumplir con el sentido primario de la política, que no es otro que servir al soberano.

Ahora que se ha tocado fondo, que no se puede llegar más abajo, es momento de remontar vuelo para alcanzar el cambio verdadero. El Presidente prometió y no cumplió. El pueblo no puede esperar más. Los intendentes lo saben y deben dar el ejemplo.

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